Obesidad

Los fármacos de la 'familia de Ozempic' se usan en España para tratar la obesidad infantil: "No deben ser el primer paso"

Obesidad infantil
Obesidad infantil. Vall d´ Hebron
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La obesidad infantil sigue siendo uno de los grandes retos de salud pública en España. "En las últimas décadas hemos visto un aumento muy importante de la prevalencia, pero también de la intensidad en niños y adolescentes", subraya Eduard Mogas, jefe de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil del Hospital Vall d'Hebron.

"Aunque durante la década de 2010 a 2020 se logró cierta estabilización en el sur de Europa, la pandemia volvió a cambiar el escenario. Tuvimos un incremento importante y ahora estamos otra vez en esa tarea de estabilizar, que no de reducir", explica durante una entrevista con la web de 'Informativos Telecinco'.

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La obesidad es una enfermedad que no responde a una única causa, es multifactorial. "Tiene un fuerte componente ambiental junto con una predisposición metabólica y genética", resume Mogas. Esa predisposición existe en toda la población, pero en niños y adolescentes es mayor lo que se traduce en más vulnerabilidad para desarrollar obesidad.

"Esta predisposición la marca nuestro metabolismo, genética y la manera en la que nuestro organismo usa su material genético. En eso influye desde la alimentación del embarazo hasta los mil primeros días, incluso la lactancia materna. Lo llamamos programación metabólica. Es muy importante que desde el principio de la vida haya una nutrición saludable", indica. En la unidad alrededor de 5-7% de los pacientes pediátricos padecen obesidad genética.

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En cuanto a los mecanismos moleculares, metabólicos y genéticos que regulan el hambre, la saciedad, cómo nuestro cuerpo utiliza la energía y le dice al cerebro que tenemos hambre, señala que "son muy complejos". "Conocemos algunos de ellos, pero estamos aún en vías de ampliar nuestro conocimiento con eso", apunta el especialista.

A ello se suma el entorno. "El mundo que les hemos creado, el cual no deciden ellos, les predispone a la obesidad", señala. Factores como la alimentación basada en ultraprocesados, el sedentarismo o el uso intensivo de pantallas tienen un peso determinante, especialmente en contextos socioeconómicos más desfavorecidos.

Los datos lo evidencian: en un estudio realizado en Barcelona la prevalencia de la obesidad infantil alcanzaba el 28% en barrios como Nou Barris (con menor renta per cápita), frente a un 4-5% en zonas como Sarrià-Sant Gervasi o Pedralbes (con mayor renta per cápita).

Una enfermedad crónica cada vez en edades más tempranas

A la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil del Hospital Vall d'Hebron, creada hace dos años, llegan los casos más graves derivados de la Atención Primaria o de otros servicios hospitalarios, cada vez en edades más tempranas y con frágil salud emocional.

Abordar la obesidad infantil a tiempo —"suele iniciarse entre los 4 y los 6 años— es fundamental, ya que tiende a cronificarse. "Más del 75% de los niños que llegan con obesidad a la adolescencia serán adultos con obesidad", advierte Mogas.

Es por ello que en la unidad que lidera Mogas, acreditada como centro de referencia europeo por la Sociedad Europea de Estudios contra la Obesidad (EASO), cuenta con un equipo formado por un pediatra endocrino, una psicóloga y una nutricionista, que realizan la primera visita de forma conjunta. Además, este año han incorporado una endocrina, una enfermera de práctica avanzada y el equipo de Medicina Física y Rehabilitación tras darse cuenta de que "los pacientes tenían niveles de sedentarismo muy altos".

"No es una consulta centrada en los kilos, sino en la salud global", subraya Mogas. "En la primera visita hacemos una valoración multidisciplinar médica, nutricional y emocional. Son pacientes que tienen una calidad de vida deteriorada y sienten mucha angustia, lo pasan muy mal a nivel emocional". Actualmente hacen unas nueve primeras visitas a la semana.

Después, realizan intervenciones intensivas sobre los estilos de vida en grupo, "una manera muy eficiente". Cuentan con tres grupos que se dividen en función de la edad: peques (menores de seis años), niños (entre seis y doce años) y adolescentes (mayores de doce años). "Hacemos durante unos tres meses sesiones semanales".

El seguimiento del paciente, "como enfermedad crónica que es", es durante su crecimiento y desarrollo. "En el caso de que veamos que hemos tenido una intervención exitosa sobre los estilos de vida le damos el alta, pero no son la mayoría de ellos. Ahora mismo estamos realizando un seguimiento activo a casi 400 pacientes".

El papel de la salud mental: un factor clave

Uno de los pilares clave es el abordaje emocional. "Nuestros pacientes llegan muy culpabilizados, con baja autoestima y mucha angustia", explica. El estigma, añade, impacta directamente en su calidad de vida.

La obesidad infantil no se puede entender sin su dimensión psicológica. "Requieren seguimiento emocional porque tienen un estado psicológico alterado. Nuestra psicóloga, Paula, se sorprendió de lo mal que llegan emocionalmente a la primera visita. Es una de las cosas en las que tenemos que hacer más hincapié", señala Mogas

Entre otros problemas asociados destaca el trastorno por atracón. "Sucede cuando nuestro paciente es incapaz de controlarse emocionalmente y lo solventa con atracones de alimento que después le generan un malestar. Tenemos muchos pacientes con este diagnóstico que llegan sin haber sido detectados previamente, es un problema de salud mental aún infradiagnosticado", afirma.

Mejorar la adherencia

Este componente influye directamente en la adherencia al tratamiento, históricamente baja por el sentimiento de culpa y el estigma. Sin embargo, el modelo de la unidad está logrando mejorarla: "Estamos viendo que vienen más tranquilos y hemos mejorado alrededor de un 10% su calidad de vida, que aunque puede parecer poco es bastante en estas situaciones".

"También estamos viendo mejoras en la adherencia a la dieta mediterránea". En cuanto al ejercicio, uno de los grandes retos es la sostenibilidad. "Estamos viendo que cuando acaban las sesiones, cuesta que mantengan los cambios. Estamos hablando de un cambio de paradigma", admite.

Fármacos contra la obesidad infantil: cuándo y cómo utilizarlos

En este contexto, el tratamiento farmacológico ha ganado protagonismo. Actualmente, en pediatría se utilizan análogos del GLP-1: liraglutida, a partir de los 6 años (Saxenda) y semaglutida (Wegovy), a partir de los 12.

"El tratamiento farmacológico por sí solo no funciona bien", advierte Mogas. Su uso está indicado solo en pacientes que ya han iniciado cambios en alimentación, actividad física y estabilidad emocional durante meses.

"Muchas veces les ayuda a terminar de controlar el hambre y mejorar su composición corporal”, explica. Pero invertir el orden —empezar por el fármaco— puede ser contraproducente: "Genera frustración, problemas y efectos adversos". Además, subraya que no es un tratamiento inocuo: "En situaciones de inestabilidad emocional podría ser peligroso".

En la unidad, cerca del 20% de los pacientes recibe tratamiento farmacológico, con buenos resultados. Sin embargo, existe una barrera clave: "No está financiado por la Seguridad Social. Hay más pacientes que podrían beneficiarse, pero no se lo pueden permitir".

"Tenemos un reto por delante mayúsculo"

A pesar de que las intervenciones intensivas logran mejoras claras en hábitos y bienestar, "la bajada raramente supera el 10%, aunque muchas veces conseguimos detener la progresión de la enfermedad".

El exceso de grasa corporal tiene un impacto amplio en la salud infantil y cada vez que están observando más cuadros clínicos de personas adultas en los más pequeños: problemas de sueño, hipertensión, alteraciones musculoesqueléticas, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y deterioro de la salud emocional. "Todavía hay muchísimo trabajo que hacer. Tenemos un reto a nivel global como sociedad por delante mayúsculo", concluye Mogas.