Una forma diferente de ponerse en forma puede ser bailando: "Hago deporte, me lo paso bien y desconecto del día a día"

Una forma diferente de ponerse en forma puede ser bailando: "Hago deporte y me lo paso bien"
Alumnos siguen una coreografía en una clase de baile, una tendencia de moda que une ejercicio y diversión. Informativos Telecinco
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Ponerse en forma ya no pasa únicamente por levantar pesas o repetir rutinas en máquinas, cada vez más personas encuentran en el baile una alternativa eficaz o distinta, pero sobre todo divertida para cuidarse. Las clases de coreografía se han convertido en una de las actividades más demandadas en gimnasios y escuelas, impulsadas por la música urbana, las redes sociales y una necesidad creciente de desconectar del estrés diario.

La gente está saturada de la vida que lleva y meterse en un gimnasio a levantar peso es añadir más carga”, explica David Cascón, fundador de la escuela Dance Emotion. “El cuerpo nos pide ritmo más que ejercicio. El baile no solo trabaja lo físico, también lo emocional”.

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La popularidad de este tipo de bailes ha aumentado mucho

A diferencia del entrenamiento tradicional, el baile combina múltiples beneficios en una sola actividad, mejora la resistencia, la coordinación, la memoria y la expresión corporal. Pero hay un factor que marca la diferencia: el componente lúdico. “El ejercicio pone el foco en el esfuerzo, mientras que el baile te hace disfrutar mientras te pones en forma”, añade Cascón. “Cuando alguien se lo pasa bien, es mucho más constante”.

En la última década, el número de personas que acuden a clases de baile se ha multiplicado, con especial protagonismo de los estilos urbanos, muy influenciados por artistas y tendencias virales. Sin embargo, disciplinas más clásicas como el ballet o el contemporáneo también viven un renovado interés.

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En las aulas, la diversidad es cada vez mayor, no hay edad ni nivel que limite el acceso. “Antes pensaba que esto no era para mí, pero ahora no falto a una clase”, comenta una alumna. “Es la única actividad en la que hago ejercicio sin darme cuenta”.

Otro participante lo resume de forma directa: “Hago deporte y me lo paso bien. Salgo con mejor humor y con más energía”. Una sensación compartida por muchos. “Vienes cansado del trabajo y sales completamente distinto”, explica otra usuaria. “Te olvidas de todo durante una hora”.

Además del impacto emocional, los beneficios físicos son notables

Al seguir una coreografía, la mente se centra en los pasos y la música, dejando de lado preocupaciones externas. “Cuando bailas, estás presente, concentrado. Es una forma de desconectar mentalmente”, apunta Cascón. “Por eso a veces se habla del baile como una especie de meditación en movimiento”.

Las sesiones pueden llegar a ser tan exigentes como cualquier entrenamiento cardiovascular, con el añadido de trabajar la coordinación y la agilidad. “Es un ejercicio muy completo, pero no se percibe como una obligación”, insiste el fundador de Dance Emotion.

Para muchos, el baile también se convierte en una vía de expresión personal. “Es mi momento del día, donde puedo ser yo mismo”, asegura un alumno, “no se trata solo de aprender pasos, sino de sentir la música”.