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La historia de Gonzalo, el médico de 34 años que ha superado seis cánceres: “Quería seguir el camino de los que me han salvado”

Gonzalo ha superado seis cánceres desde la infancia. Hoy, su experiencia le sirve para empatizar con sus pacientes
A sus 34 años, Gonzalo ha superado seis cánceres. Hoy, su experiencia le sirve para empatizar con sus pacientes. Cedida
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Gonzalo Calderón tenía apenas diez años cuando su vida cambió de forma abrupta. Hasta entonces, su historia había sido la de cualquier niño feliz. Pero poco a poco algo empezó a no encajar. El cansancio fue el primer aviso, una señal difusa que ni él ni su entorno supieron interpretar en un inicio. “Recuerdo que me iba sintiendo cada vez más cansado”, rememora hoy, a sus 34 años, en una entrevista con 'Informativos Telecinco'. 

Desde entonces, la vida de este joven ha estado marcada por hospitales, tratamientos y hasta seis cánceres distintos.

De niño, las visitas al médico se sucedieron, y en un principio todo apuntaba a algo relativamente común: le recetaron un inhalador para el asma. Sin embargo, una radiografía terminaría desvelando una realidad mucho más dura. “Me vieron que tenía un tumor e ingresé durante un mes en el hospital”. El diagnóstico fue devastador: linfoma no Hodgkin en estadio 4B, con metástasis. Un cáncer avanzado para un niño que apenas comenzaba a entender el mundo.

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De su Burgos natal a Barcelona, su infancia quedó marcada por una lucha constante por sobrevivir. Fue trasladado al Hospital Vall d’Hebron para recibir atención especializada y allí comenzó un proceso largo y extremadamente duro. Quimioterapia, radioterapia y, finalmente, un trasplante de médula ósea de su hermano. “No podía casi respirar, ni caminar, ni vestirme solo”, explica. 

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Su cuerpo, debilitado por los tratamientos y por la enfermedad, parecía luchar en múltiples frentes a la vez. Durante años vivió bajo inmunosupresión para evitar el rechazo del trasplante, lo que le obligó a permanecer aislado. “Mientras otros niños acudían a clase, yo hacía los exámenes en casa. Eso me afectó a mis relaciones sociales”, dice. 

Aun así, logró regresar. “Volví en primero de Bachillerato curado al colegio”, recuerda. Habían pasado años, pero había superado aquel primer gran obstáculo. “Ahí ya estaba limpio”.

Su experiencia lo llevó a querer estudiar medicina

Sin embargo, lejos de rechazar el entorno hospitalario que había marcado su infancia, Gonzalo tomó una decisión que define su carácter. Optó por estudiar Medicina. “Los médicos que tuve fueron maravillosos, así que pensé que me gustaría seguir el camino de los que me habían salvado la vida”, afirma.

Aunque reconoce que no tenía una vocación clara como médico. Pero pensó que su experiencia le daría ventaja en la carrera. “No fue así”, admite con sinceridad. La Medicina no dejó de ser exigente, incluso para alguien que la había vivido desde el otro lado. “No fue una carrera sencilla, pero conseguí acabarla y dedicarme a ello”.

Gonzalo en su consulta

Mientras tanto, parecía que el cáncer le había dado una tregua. Pero en 2017, cuando ya avanzaba en su formación, llegó el segundo golpe. “Durante el curso, cada vez me iba encontrando peor, mucho cansancio de nuevo… No quería verlo, pensaba que era del agotamiento de tantas horas de estudio”, cuenta.

Esta vez, un mesotelioma peritoneal, un tumor extremadamente raro y difícil de diagnosticar. “El peritoneo es la capa que recubre las vísceras abdominales y yo la tenía repleta de tumores”, explica.

Su cuerpo, al límite: “Salí pesando 47 kilos, era un espíritu”

Tras un nuevo ingreso, lo tuvieron que intervenir. La intervención fue tan compleja que duró más de 11 horas. “Me abrieron de arriba abajo, me tuvieron que sacar todas las vísceras para ver qué estaba mal, y después volvieron a meter todo lo sano y me dieron quimioterapia intraoperatoria”. Una operación muy complicada que, por suerte, salió con éxito.

Sin embargo, tras la operación, su cuerpo quedó al límite. “Salí pesando 47 kilos, era un espíritu”, dice. Aun así, logró terminar la carrera y obtener una plaza como residente. Pero la estabilidad volvió a romperse apenas tres meses después: el cáncer había regresado.

Gonzalo llegó a pesar 47 kilos tras someterse a operaciones y tratamientos

Esta vez, el tumor estaba en una zona especialmente complicada, detrás del hígado. La quimioterapia no logró detenerlo, y tuvo que enfrentarse de nuevo al quirófano. Sin embargo, aquel día ocurrió algo inesperado que marcaría profundamente su vida. “Otro mesotelioma peritoneal. Y esta vez eran tumores más profundos a los que era más difícil de acceder”, relata Gonzalo.

El cariño recibido: “Fue uno de los momentos más felices de mi vida”

Cuando llegó al aparcamiento del hospital de Fuenlabrada, donde sería intervenido, había unas 60 personas, conocidos y amigos suyos, esperándolo. “Venían de muchas partes de España solo para darme un abrazo”. La escena, inesperada, transformó el miedo en otra cosa. “Pensé que no me importaba morirme, estaba satisfecho de todo”. Lejos de la tristeza, recuerda ese momento como “uno de los más felices” de su vida.

“La operación salió bien, pero no me curó, aunque sí me dio tiempo”, dice. Y ese tiempo, en su caso, siempre ha sido decisivo. Una inmunoterapia posterior consiguió reducir varios tumores, en lo que él mismo describe como una nueva oportunidad. “Siempre he vivido la vida de una manera muy intensa, así que ya aprendes a convivir con la incertidumbre de no saber si me iba a despertar”.

Gonzalo tras sobrevivir a una compleja operación para extirparle los tumores

Pero la enfermedad no se detuvo ahí. A lo largo de los años, su cuerpo ha ido desarrollando nuevos tumores: una obstrucción intestinal que obligó a una cirugía de urgencia, donde apareció otro cáncer en el colon; un leiomiosarcoma en el costado que resultó ser más agresivo de lo esperado; y posteriormente nuevos tumores derivados, en parte, de los efectos de la radioterapia recibida en la infancia. 

El motivo de tantos cánceres: la radiación

“Hay tumores que son genéticos, pero en mi caso ha sido por la radiación que me dieron de niño”, apunta. Por ello, Gonzalo sabe que, “teniendo todas las papeletas compradas para desarrollar cánceres”, debe cuidarse todo lo posible. “Soy muy deportista, hago escalada, no fumo, no bebo... Intento cuidarme al máximo porque si estoy bien de forma, el proceso para recuperarme tras una operación será más eficaz”, comenta.

En total, seis cánceres distintos han marcado su historia. Seis diagnósticos que, en cualquier otra vida, habrían sido definitivos. En la suya, han sido capítulos de una lucha constante. Ahora, le acaban de diagnosticar uno nuevo: “un tumor de cinco centímetros en el colon transverso que me ha hecho perder cuatro o cinco kilos”, revela.

La relación con sus pacientes: “Sé que hay que tener toda la empatía del mundo”

Actualmente, Gonzalo es médico de familia en un centro de salud de Palencia. Su experiencia le ha influido a la hora de tratar con sus pacientes. “Sé que hay que explicarles todo lo posible y hablar con los pacientes, y tener toda la empatía del mundo”. 

A veces, ha compartido su historia con algunos pacientes. “Aunque depende de cada caso, y si creo que les puede ayudar en algo. Yo les puedo decir que lo he pasado muy mal, pero si me comparo con otros casos peores, no les ayuda en nada”, explica.

Y es que, este médico ha aprendido a afrontar su situación desde la aceptación, no desde la negación. “No puedes pensar que vas a salir igual que estabas, hay que saber aceptar tu nuevo realidad, ese es mi consejo, porque así disfrutarás de las cosas positivas que te lleguen en la vida”

En definitiva, la historia de Gonzalo Calderón no es solo la de alguien que ha sobrevivido al cáncer en múltiples ocasiones. Es la de alguien que ha decidido vivir, una y otra vez, pese a todo. Y, de todo, lo que más ha aprendido del cáncer es que “un día completamente anodino es un gran día. Hay que valorar lo que tenemos”, concluye.