¿Es posible un futuro sin alergias?: expertos hablan del aumento de esta afección respiratoria que podría llegar al 50% de la población
Actualmente se calcula que la rinitis alérgica afecta al 32 % de la población europea
Las alergias en cuanto a productos alimentarios son los que presentan un crecimiento más llamativo
Con la llegada de la primavera, la alergia también florece en todos aquellos que la poseen, una molestia estacional que cada vez sufren más personas durante todo el año y es que las alergias han aumentado drásticamente en las últimas décadas y todavía parecen lejos de haber alcanzado su techo.
Hoy se calcula que la rinitis alérgica afecta al 32 % de la población europea, mientras que, para 2050, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que esa cifra podría llegar al 50 % de la población mundial.
La alergia como una "pérdida de tolerancia"
Para profundizar sobre la alergia y responder a preguntas relacionadas con su aparición y su mejor control, las respuestas las dan tres referentes en el campo: Laia Alsina, becaria de la Fundación ”la Caixa” y jefa del Servicio de Alergología e Inmunología Clínica del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona; su compañero Jaime Lozano, jefe de Sección de Alergología del mismo centro, y José Chen, médico e investigador especializado en Salud Pública en el Institute for Global Health (ISGlobal) de Barcelona.
"Una alergia es, al final, una pérdida de tolerancia", explica Laia Alsina. "El sistema inmune interpreta como peligroso algo que debería reconocer como inocuo. Esto puede ocurrir ante diferentes sustancias, por múltiples motivos y en distintas partes del cuerpo: desde alergias respiratorias y alimentarias hasta dermatitis y reacciones cutáneas".
"El aumento de pacientes que estamos viendo es generalizado en todos los tipos y no se produce solo en la primavera", señala Alsina. Dentro de este marco, "los casos alimentarios presentan el crecimiento más llamativo: del 4 % en 1992 al 11,4 % en 2015", indica Jaime Lozano.
El patrón es especialmente visible en determinados grupos y contextos. "Vemos un repunte más fuerte niños, entornos urbanos y en contextos de cambio ambiental rápido", apunta Alsina. "Y cada vez hay más casos en que las alergias se solapan con inflamación, autoinmunidad, infecciones recurrentes y alteraciones digestivas". Para Alsina, esto no es un fenómeno aislado: "Lo enmarcaría como parte de una transición epidemiológica más amplia. No solo están aumentando las alergias, también las enfermedades respiratorias y digestivas relacionadas con el ambiente y las alteraciones en el microbioma, las barreras epiteliales y la regulación inmune".
Pérdida de "educación inmunológica"
Durante años, la explicación más extendida para este crecimiento fue la llamada hipótesis de la higiene, según la cual el entorno cada vez más aséptico de las sociedades modernas privaría al sistema inmunitario de los estímulos necesarios para desarrollarse correctamente y lo volvería así más propenso a reaccionar de forma exagerada.
Hoy, esa idea ha evolucionado. "Las teorías actuales son más sofisticadas que la idea de “demasiada higiene” ", matiza Alsina. "Es cierto que el sistema inmunitario necesita una exposición temprana y diversa a microorganismos beneficiosos para aprender a tolerarlos; y que en entornos urbanos hemos reducido el contacto con biodiversidad, suelo, animales, vegetación y microbiota ambiental. Pero también es cierto que usamos más antibióticos y seguimos dietas más procesadas. Todo esto puede empobrecer el microbioma y dificultar el desarrollo de los circuitos inmunológicos reguladores. Por eso prefiero hablar de pérdida de biodiversidad o pérdida de educación inmunológica".
La contaminación empeora la alergia
A esta falta de entrenamiento se suma un factor de escala global: el cambio climático. A partir de las conclusiones del 'Informe Lancet Countdown 2026' su coautor, José Chen, describe una clara lista de factores agravantes:
"Por un lado, las temporadas de calor se adelantan y se alargan. Este aumento de las temperaturas permite que plantas propias de zonas más cálidas se desplacen hacia latitudes más altas y expongan a las poblaciones a alérgenos con los que antes no convivían".
"Además, hay un incremento de CO₂ en la atmósfera, que estimula la fotosíntesis: las plantas crecen más. En paralelo, las temperaturas elevadas favorecen ciclos reproductivos más intensos y prolongados en algunas especies".
"El resultado", concluye Chen, "es una presión alergénica creciente: más intensa, más duradera y que afecta a un número cada vez mayor de personas".
La contaminación, una de las causas de este panorama, agrava aún más las consecuencias en el organismo. "Las partículas contaminantes se adhieren al polen y lo vuelven más irritante para las vías respiratorias, de modo que dañan nuestras defensas y aumentan el riesgo de ataques de asma", señala Chen.
El impacto es directo: "Primero se dañan las barreras respiratorias, cutánea e intestinal, que son las primeras líneas de defensa inmunológica contra el ambiente", explica Alsina. "Este daño favorece un estado inflamatorio de bajo grado que puede facilitar respuestas alérgicas y pérdida de tolerancia".
Esa es la razón de que hoy se aborden las alergias desde dos vertientes que van más allá de la clínica tradicional: el estudio de la totalidad de los elementos a los que estamos expuestos a lo largo de la vida y su impacto en nuestra biología, se conocen en conjunto como exposoma, y la inmunología ambiental.
La inmunología y su relación con la salud
"La inmunología nos ha permitido dejar de ver la alergia como una simple reacción frente a un alérgeno y entenderla como una alteración de un ecosistema inmunológico", explica Alsina. "La pregunta ya no es solo cuál es el alérgeno que causa los síntomas, sino también por qué ese niño ha perdido tolerancia, qué barrera está alterada, qué microbioma tiene, qué vía inflamatoria predomina y qué biomarcador puede orientar el tratamiento".
El puente entre ese conocimiento científico y su aplicación real tiene nombre: investigación traslacional. "Conecta la pregunta clínica con el laboratorio y devuelve respuestas al paciente", describe Alsina. "Es precisamente en esta intersección donde se sitúa el CaixaResearch Institute, el nuevo centro de investigación en inmunología traslacional impulsado por la Fundación ”la Caixa”, un espacio concebido para acortar la distancia entre el descubrimiento científico y el impacto clínico en enfermedades complejas a través de tres ejes de investigación: la inmunología y su relación con la salud y la enfermedad; las ciencias exposómicas, y la inmunología de sistemas.
"Invertir en inmunología es invertir en una disciplina que conecta alergias, autoinmunidad, infecciones, cáncer, vacunas, microbioma y terapias avanzadas", explica Alsina.
Tratar la alergia desde antes
En la consulta, este cambio de paradigma ya se está traduciendo en nuevas herramientas. "Hasta ahora teníamos los antihistamínicos, que alivian síntomas, pero no modifican por sí solos la trayectoria inmunológica", apunta Alsina. "El futuro está en promover la recuperación de la tolerancia y modular la respuesta inmune", añade. En la práctica, eso significa "introducir alérgenos desde edades tempranas, cuidar de la piel preventivamente e incluso tratar con inmunoterapia respiratoria y oral y con fármacos biológicos que bloquean respuestas inmunes específicas, y utilizar biomarcadores que permiten seleccionar el tratamiento más adecuado para cada paciente", según detalla Lozano.
"Ahora no solo intentamos lograr que el paciente tolere más cantidad de alérgeno, sino también entender cuáles son los cambios que se producen en su sistema inmune", añade Alsina. "Ahí está el potencial científico: pasar de protocolos generales a inmunoterapia personalizada".
Un futuro sin alergias
Erradicarlas por completo probablemente no es realista. "Son enfermedades multifactoriales", reconocen Alsina y Lozano. Pero el horizonte está lejos de ser sombrío. "Sí es posible prevenir formas graves, anticipar el riesgo y tratarlas mejor".
Para conseguirlo, el futuro pasa por combinar salud pública y medioambiental con inmunología de precisión: "reducir la contaminación, proteger la biodiversidad, mejorar la salud maternoinfantil, cuidar el microbioma y las barreras epiteliales, e identificar biomarcadores para aplicar la inmunoterapia o biológicos de forma personalizada", apunta Alsina. Y en ese camino, la pediatría ocupa un lugar estratégico: "Tenemos una ventana única porque el sistema inmunitario todavía está aprendiendo".
Desde el punto de vista ambiental, Chen es igualmente claro: "Hay una ventana temporal corta para actuar: frenar el aumento es posible si aplicamos medidas reales contra el cambio climático y la contaminación".
"Además de su impacto biológico, existe un coste humano y social que a menudo se subestima y debe tratarse en las políticas públicas", explica Chen. "Las alergias, por ejemplo las ambientales, pueden durar semanas o meses. Afectan al día a día: congestión, picor de ojos, cansancio, dificultad para dormir; reducen el rendimiento en el trabajo y los estudios; aumentan el absentismo y generan gastos sanitarios y pérdidas de productividad considerables".
Tener en cuenta a cada paciente
Como ocurre con tantos otros trastornos de la salud, "el impacto es mayor en personas con menos recursos, que con frecuencia viven en zonas más contaminadas, sufren síntomas más intensos y encuentran más obstáculos para acceder a la atención sanitaria".
Para Lozano, el objetivo final de toda investigación es concreto y humano: "Que nadie viva limitado por miedo, restricciones innecesarias o riesgo no controlado". Y la clave para lograrlo tiene nombre: "Personalización. Cada paciente tiene un riesgo, una familia, un entorno y un fenotipo diferente, y debemos aprender a tenerlos en cuenta".
La primavera seguirá llegando. Pero la forma en que la medicina, la investigación y las políticas públicas se enfrentan a las alergias está cambiando: con más herramientas, más colaboración y una comprensión cada vez más profunda de lo que ocurre cuando el sistema inmune, en lugar de protegernos, nos pone en guardia frente al mundo.