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Crujirse los dedos causa artritis: lo que revelan décadas de investigación médica

Muchas personas incluso sienten alivio al hacerlo. Africa Images
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Madrid“Deja de crujir los dedos, que te va a dar artritis”. Esta frase ha sido repetida durante generaciones. Padres, abuelos e incluso profesores llevan advirtiendo sobre un hábito que, para muchas personas, es casi automático. Este sonido seco al estirar los nudillos suele provocar rechazo en quienes lo escuchan, y también preocupación por sus supuestos efectos sobre las articulaciones. Pero, ¿es verdad que crujirse los dedos provoca artritis?

La respuesta corta es no. Lo más curioso es que la ciencia lleva décadas investigándolo. De hecho, uno de los experimentos más famosos de la medicina moderna duró más de 60 años y nació precisamente para desmontar este mito. Aunque el mito pueda parecer agresivo o incluso doloroso, todavía no hay una relación directa entre el hábito de crujirse los nudillos y el desarrollo de artritis o artrosis en las manos.

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¿Cuál es el origen del mito?

Parte del miedo alrededor de este hábito tiene que ver con el propio sonido. El chasquido seco que producen las articulaciones transmite la sensación de que algo se está rompiendo dentro de la mano. Pero eso no es lo que ocurre.

Las articulaciones contienen líquido sinovial, una sustancia que actúa como lubricante nacional entre los huesos. Dentro de ese líquido hay gases disueltos, como nitrógeno y dióxido de carbono. Cuando se estiran los dedos rápidamente, cambia la presión dentro de la articulación y se forman pequeñas burbujas de gas que colapsan o se liberan de golpe. Ése es el famoso “crack”.

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El sonido no corresponde a huesos rompiéndose ni a cartílago desgastándose. Durante mucho tiempo hubo distintas teorías para explicarlo, pero investigaciones realizadas mediante radiografías, resonancias y modelos matemáticos acabaron confirmando que el origen está relacionado con la cavitación del líquido sinovial.

El médico que se crujió una mano durante 60 años

Una figura clave sobre este tema es Donald Unger. Cansado de escuchar desde niño que crujirse los dedos causaba artritis, este investigador estadounidense decidió poner a prueba esta teoría usando su propio cuerpo.

Durante más de seis décadas se crujió únicamente los nudillos de la mano izquierda, dejando intacta la derecha. Al terminar el experimento, comparó ambas manos y comprobó que no había diferencias significativas entre ellas ni tampoco signos de artritis relacionados con este hábito.

Su estudio fue publicado en 1998 en la revista Arthritis & Rheumatism y terminó convirtiéndose en uno de los experimentos más conocidos y peculiares sobre salud articular. La historia fue tan llamativa que Unger recibió en 2009 el Premio Ig Nobel de Medicina, unos galardones humorísticos que reconocen investigaciones científicas curiosas pero reales.

El experimento tenía evidentes limitaciones, ya que se trataba de un único caso, pero ayudó a popularizar algo que otros estudios más amplios ya decían: no existía evidencia clara de que crujirse los dedos provocara artritis.

Más allá de este experimento, la investigación médica ha intentado responder durante años a esta pregunta. La conclusión general sigue siendo bastante consistente: no se ha demostrado una relación directa entre crujirse los nudillos y desarrollar artritis en las manos.

Uno de los estudios más citados analizó radiografías de cientos de personas de entre 50 y 89 años y comparó las manos de quienes tenían el hábito de crujirse los dedos con las de quienes no lo hacían. El resultado fue claro: no había más osteoartritis entre quienes se crujían los nudillos habitualmente. Otros trabajos científicos sí que detectaron algunas diferencias menores, como cierta inflamación de las manos o una ligera reducción de la fuerza de agarre en personas que se crujían los dedos habitualmente. No obstante, estos cambios no parecían asociarse a un daño articular grave ni a artritis incapacitante.

¿Por qué mucha gente siente alivio al hacerlo?

Esta es otra de las preguntas más curiosas alrededor del tema. Muchas personas describen una sensación de alivio o relajación después de crujirse los dedos, el cuello o la espalda. Aunque la ciencia todavía no tiene una explicación definitiva, existen varias hipótesis.

Algunos especialistas piensan que el movimiento brusco podría estimular terminaciones nerviosas alrededor de la articulación y generar una sensación momentánea de liberación de tensión. Otros simplemente lo relacionan con una respuesta psicológica similar a otros hábitos repetitivos asociados al estrés o a la ansiedad.

También está el componente sensorial. Como pasa con los vídeos ASMR, hay personas que encuentran muy satisfactorio el propio sonido del chasquido. Eso sí, que produzca alivio no quiere decir que sea beneficioso desde un punto de vista médico.

De hecho, hay que tener cuidado porque forzar demasiado las articulaciones podría provocar pequeñas lesiones en ligamentos o tendones en casos aislados, sobre todo si se hace de forma muy agresiva o compulsiva.

Un mito difícil de desmontar

A pesar de toda la evidencia científica acumulada, la idea de que crujirse los dedos causa artritis continúa muy arraigada. Posiblemente porque encaja perfectamente en esa categoría de advertencias familiares que van pasando de generación en generación y parecen lógicas para nuestra mente.