Mitos

"El frío no resfría": la evidencia científica sobre catarros, cambios de temperatura y corrientes de aire

El frío puede crear condiciones que favorezcan su propagación. Freepik
Compartir

Madrid“Abrígate que te vas a resfriar” o “no salgas con el pelo mojado” son frases que forman parte del clásico repertorio de nuestras madres y abuelas cuando llega el frío. Durante generaciones se ha popularizado la creencia de que exponerse a bajas temperaturas provoca catarros, hasta el punto de que para muchas personas continúa siendo una realidad.

La ciencia lleva años desmontando esta creencia. Los resfriados no aparecen por salir sin abrigo ni tampoco por sentarse cerca de una ventana abierta: para enfermar es necesario entrar en contacto con un virus respiratorio. El frío, por sí solo, no puede provocar una infección.

PUEDE INTERESARTE

Entonces, ¿por qué enfermamos más en invierno? ¿Hay algo de verdad detrás de esta creencia?

¿Qué es un resfriado?

El resfriado común es una infección viral que suele afectar principalmente a las vías respiratorias superiores, sobre todo nariz y garganta. Está causado por distintos virus, aunque los más frecuentes son los rinovirus.

Cuando estos virus entran en el organismo, infectan las células de las mucosas respiratorias y desencadenan una reacción inmediata. Esto produce los típicos síntomas como: congestión nasal, secreción nasal, estornudos, dolor de garganta, tos, malestar general o febrícula.

PUEDE INTERESARTE

El contagio suele producirse a través de gotículas respiratorias que se expulsan al toser o estornudar. También al tocar superficies contaminadas y llevar después las manos a la cara. Por lo que, la causa del resfriado no es el frío, es la exposición a virus.

¿Por qué enfermamos más en invierno?

Aunque el frío no puede provocar directamente catarros, sí que existe una clara relación entre las bajas temperaturas y el aumento de infecciones respiratorias. Esta explicación tiene varios factores.

Por un lado, los virus respiratorios sobreviven y se transmiten mejor en ambientes fríos y secos. Las gotas microscópicas que contienen estos virus pueden sobrevivir más tiempo en el aire cuando la humedad es baja, lo que hace más fácil que otras personas puedan inhalarlos.

Por otro lado, en invierno se suele pasar más tiempo en espacios cerrados con otras personas. Esto aumenta la probabilidad de contagio porque compartimos el mismo aire y la ventilación suele ser mucho menor. Además, la temporada de frío coincide con el pico de circulación de muchos virus respiratorios, incluido la gripe, lo que hace que las probabilidades de exposición aumenten.

Aunque el frío en sí no puede causar directamente un resfriado, algunos estudios sugieren que puede influir en la respuesta inmunitaria. Cuando el organismo se expone a bajas temperaturas, el cuerpo prioriza mantener la temperatura interna. Esto puede hacer que ciertos mecanismos de defensa de las vías respiratorias funcionen con menor eficacia.

El aire frío puede resecar las mucosas nasales, que son una barrera natural contra virus y bacterias. Si estas mucosas están secas o irritadas, los patógenos pueden penetrar fácilmente. Además, se ha observado que algunos virus se replican mejor a temperaturas más bajas, lo que puede facilitar su propagación en climas fríos creando un contexto más favorable para ellos.

En algunos países del norte de Europa existe una visión totalmente diferente. En Noruega, Suecia o Dinamarca es muy habitual ver a los bebés durmiendo al aire libre incluso en invierno, siempre bien abrigados en sus carritos. Ellos piensan que el aire fresco puede ayudarles a descansar y también a fortalecer el organismo. Distintos estudios han avalado esta creencia, ya que han observado que estos niños duermen mejor y no presentan más infecciones respiratorias que los que duermen dentro.

¿Los cambios bruscos de temperatura o las corrientes de aire pueden enfermarnos?

La ciencia no ha encontrado evidencia de que un cambio de temperatura cause una infección respiratoria. Algunos estudios han sugerido que las variaciones repentinas de temperatura pueden aumentar ligeramente el riesgo de infección, sobre todo, cuando afectan a la respuesta inmunitaria o a las mucosas.

Cuando se pasa de un ambiente muy cálido a uno frío, los vasos sanguíneos de la nariz pueden contraerse, lo que reduce temporalmente la llegada de células inmunitarias a esa zona.

Por otro lado, las corrientes de aire tampoco pueden generar virus ni provocar infecciones por sí mismas. Aunque, sí pueden influir indirectamente en algunos factores favorables para el contagio. Por ejemplo, como hemos mencionado, el aire frío puede secar las mucosas o causar sensación de irritación en la garganta, algo que muchos interpretan como el inicio de un resfriado.

Paradójicamente, lo que sí que es una solución para no contagiarse es ventilar bien los espacios cerrados para evitar la acumulación de virus en el aire, incluso si entra aire frío del exterior.

¿Cómo prevenir los resfriados?

La mejor forma de prevenir los resfriados no es evitar el frío, sino reducir el riesgo de contagio. Para ello, hay que seguir unas medidas muy sencillas como lavarse las manos con frecuencia, evitar tocarse la cara con las manos sucias y ventilar bien los espacios interiores, sobre todo en invierno, cuando se pasa más tiempo en lugares cerrados.

También es muy importante cubrirse al toser o estornudar, mantener cierta distancia de personas enfermas, seguir una dieta equilibrada y hacer ejercicio regularmente.