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El alcohol mata las neuronas: la ciencia desvela la verdad sobre la afirmación más popular

El alcohol no es inocuo para el cerebro. Pixabay
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MadridHay una creencia bastante popular sobre el alcohol: que mata las neuronas. Para muchas personas, es una verdad absoluta. Consumir alcohol destruye las células cerebrales de manera irreversible. Pero, ¿qué dice realmente la ciencia?

La respuesta es más compleja de lo que puede parecer. Los expertos coinciden en que el alcohol sí que puede afectar seriamente al cerebro, especialmente cuando el consumo es intenso o prolongado. No obstante, la idea de que una copa o una noche de fiesta puede matar neuronas de forma inmediata y masiva no es exactamente correcta.

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¿Cuál es el origen del mito?

Esta creencia no apareció de la nada. Durante mucho tiempo, los efectos visibles del alcoholismo crónico como los problemas de memoria, dificultades cognitivas, alteraciones del comportamiento o deterioro mental, llevaron a pensar que el cerebro simplemente iba perdiendo células neuronales con cada consumo.

Además, el propio comportamiento asociado a una intoxicación etílica parecía reforzar esa idea. Hablar peor, perder coordinación, olvidar cosas o reaccionar más lentamente daba la sensación de que el cerebro estaba apagándose. Sin embargo, las investigaciones más modernas comenzaron a enseñar una realidad más matizada.

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El alcohol no suele matar neuronas de manera inmediata como si fueran piezas que desaparecen después de cada copa. Lo que sí hace es alterar profundamente el funcionamiento cerebral y, en determinados contextos, favorecer procesos neurodegenerativos y daño estructural.

¿Qué le hace realmente el alcohol al cerebro?

El alcohol actúa directamente sobre el sistema nervioso central. Cuando una persona bebe, el etanol atraviesa rápidamente la barrera hematoencefálica y modifica la actividad de distintos neurotransmisores, especialmente aquellos relacionados con la inhibición, el placer, la memoria y la coordinación motora.

Por eso, aparecen síntomas tan conocidos como: dificultad para hablar, pérdida de equilibrio, impulsividad, descoordinación, lagunas de memoria y reducción de reflejos. El problema viene cuando el consumo es frecuente o excesivo.

Los expertos explican que el alcohol puede alterar las conexiones neuronales y afectar especialmente a regiones cerebrales relacionadas con la memoria, el aprendizaje y la toma de decisiones. En otras palabras: no mata neuronas de forma literal cada vez que se bebe, pero sí que puede hacer más complicado que el cerebro funcione correctamente.

El cerebro puede recuperarse, pero hasta cierto punto

Uno de los descubrimientos más importantes de las últimas décadas tiene que ver con la neuroplasticidad cerebral. Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro adulto era prácticamente incapaz de regenerarse. Hoy se sabe que no es así. El cerebro mantiene cierta capacidad para crear nuevas conexiones neuronales e incluso generar nuevas neuronas en ciertas regiones, como el hipocampo.

Es aquí donde aparece un dato importante: algunos daños asociados al alcohol pueden revertirse parcialmente con la abstinencia prolongada o con una reducción importante del consumo. De hecho, investigaciones recientes apuntan a que muchas funciones cognitivas mejoran significativamente después de meses sin beber.

Eso no significa que el cerebro quede intacto tras años de abuso, pero sí que desmonta otra idea muy extendida: que cualquier daño cerebral asociado al alcohol es necesariamente irreversible.

Aunque la ciencia haya matizado este mito, los expertos insisten en algo importante: el alcohol sí puede provocar daño cerebral real, sobre todo cuando existe consumo intensivo o mantenido en el tiempo.

Consumir grandes cantidades de alcohol en poco tiempo, como ocurre en muchos botellones, preocupa especialmente entre jóvenes y adolescentes. El cerebro adolescente todavía está en desarrollo y es mucho más vulnerable a sustancias neurotóxicas. Algunos estudios relacionan el consumo excesivo en edades tempranas con alteraciones en memoria, aprendizaje, regulación emocional y capacidad de atención.

Además, el alcohol parece afectar en especial al hipocampo, una región clave para formar recuerdos nuevos. Por eso, muchas personas sufren lagunas mentales después de beber mucho, ya que el cerebro no es capaz de consolidar correctamente la información en la memoria a largo plazo.

¿Por qué entonces se sigue diciendo que “mata neuronas”?

Aunque la frase no sea científicamente exacta en sentido literal, sí que resume una realidad más amplia: el alcohol puede deteriorar el cerebro cuando el consumo es elevado o continuado. Además, hay algo importante: muchos de los efectos del alcohol sí terminan traduciéndose en pérdida de volumen cerebral, alteraciones cognitivas y deterioro neuronal en casos graves.

Algunos estudios de neuroimagen han encontrado reducción de sustancia gris y cambios en la sustancia blanca cerebral en personas con trastorno por consumo de alcohol. Es decir, el cerebro sí puede sufrir consecuencias estructurales reales.

Por otro lado, algo que sí que preocupa a los expertos es que el alcohol continúa siendo una de las sustancias más normalizadas socialmente. Su consumo suele asociarse a ocio, socialización o celebración. Eso hace que muchas personas subestimen sus efectos sobre la salud mental y cerebral sin ser conscientes que está detrás de más de 200 enfermedades y millones de muertes cada año en el mundo.