Aunque algunas plantas pueden absorber pequeñas cantidades de ciertos contaminantes, se necesitaría una cantidad enorme para que puedan purificar realmente
Las plantas tienen una vida social muy activa: casos en los que se 'comunican'
MadridTener plantas en casa es casi un símbolo de bienestar. No solo porque decoran o hagan que los espacios sean más acogedores, sino porque se popularizó una idea muy concreta: las plantas purifican el aire. Comenzaron a surgir listas, vídeos y artículos con especies “milagrosas” capaces de eliminar toxinas, limpiar ambientes y transformar cualquier estancia en una especie de refugio saludable.
La sansevieria, el poto o el lirio de la paz pasaron de ser simples plantas decorativas a convertirse en protagonistas del universo wellness. La explicación parecía respaldada por la ciencia: la NASA había demostrado que ciertas plantas podían absorber contaminantes del aire. Pero hay un detalle relevante que casi nunca se mencionaba.
Aunque las plantas sí que participan en pequeños procesos de intercambio gaseoso y pueden absorber algunos compuestos químicos, la capacidad real que tienen para limpiar el aire de una vivienda normal es muchísimo menos de lo que se ha hecho creer.
¿Cuál fue el origen de este mito?
La idea de que las plantas purifican el aire no surgió de un simple rumor de internet ni de una estrategia de marketing decorativo. De hecho, el origen del mito tiene una base científica real y bastante curiosa: un estudio desarrollado por la NASA a finales de los 80.
En aquella época, la agencia espacial estadounidense estaba investigando cómo mejorar la calidad del aire en entornos completamente cerrados, como estaciones espaciales o futuras bases habitables. Tenían un problema: en espacios sellados, donde apenas existe ventilación natural, ciertos compuestos químicos emitidos por materiales, plásticos, pinturas o productos de limpieza podían acumularse y resultar perjudiciales para la salud.
Debido a ello, los investigadores quisieron comprobar si algunas plantas de interior podían ayudar a reducir estos contaminantes. El estudio, conocido como Interior Landscape Plants for Indoor Air Pollution Abatement, analizó diferentes especies populares en cámaras selladas donde se introducían diferentes sustancias químicas. Los resultados mostraron algo interesante: ciertas plantas sí que eran capaces de absorber parte de esos compuestos presentes en el aire a través de sus hojas y raíces. Además, los microorganismos presentes en la tierra también parecían participar en el proceso de eliminación de contaminantes. Ahí fue donde empezó el fenómeno.
La noticia tuvo muchísimo impacto mediático porque encajaba a la perfección con una idea muy atractiva: que la naturaleza podía ayudarnos a limpiar espacios interiores de forma sencilla y natural. Las plantas empezaron a presentarse casi como “purificadores ecológicos” capaces de mejorar la calidad del aire doméstico.
Pero, el mensaje original fue simplificándose. Lo que muchos titulares omitían era que el experimento se había realizado en condiciones extremadamente controladas y muy distintas a las de una vivienda. Las plantas estaban dentro de cámaras cerradas, pequeñas y prácticamente sin ventilación. En una casa real, el aire circula constantemente por puertas, ventanas, corrientes y sistemas de ventilación, algo que cambia por completo el contexto.
De todos modos, la interpretación popular ya estaba lanzada. Durante los años siguientes comenzaron a multiplicarse artículos, libros y listas con “las mejores plantas para purificar el aire”, muchas de ellas basadas en ese estudio original de la NASA.
El dato clave: se necesitarían cientos de plantas
En una vivienda normal, el aire está en movimiento constante. En el experimento de la NASA, no. En casa, abrimos ventanas, existen corrientes, sistemas de ventilación y renovación continua del ambiente. Eso hace que el impacto que unas pocas plantas puedan tener sobre la calidad del aire cambie radicalmente.
El mensaje original fue simplificándose hasta convertirse en algo mucho más exagerado: con varias plantas de interior se podía “limpiar” el aire significativamente. Pero, la conclusión de diferentes investigadores fue distinta. Una revisión científica publicada en Journal of Exposure Science & Environmental Epidemiology analizó decenas de estudios sobre plantas y contaminación interior, llegando a una conclusión llamativa: para conseguir un efecto parecido teniendo en cuenta la ventilación habitual de un edificio harían falta entre 10 y 1.000 plantas por metro cuadrado. Serían cientos de plantas repartidas por una vivienda.
Este es el dato que se omite cuando se habla de “plantas purificadoras”. Aunque las plantas sí que pueden absorber pequeñas cantidades de ciertos compuestos químicos, lo hacen a una escala muy reducida como para poder modificar de forma significativa el aire de una casa. Abrir las ventanas unos minutos suele tener muchísimo más impacto sobre la calidad ambiental que llenar la casa de plantas.
Lo que sí hacen las plantas: mejorar el bienestar psicológico
Aunque la capacidad real de las plantas para purificar el aire sea mucho más limitada de lo que se contó, la ciencia sí que ha encontrado otro beneficio importante relacionado con ellas: su impacto sobre el bienestar emocional. Distintos estudios sugieren que convivir con plantas y elementos naturales en interiores puede ayudar a reducir el estrés, generar sensación de calma y mejorar el estado de ánimo.
De hecho, los investigadores creen que el cerebro humano responde de manera positiva a la presencia de naturaleza, incluso en pequeñas dosis, algo relacionado con la teoría de la biofilia. Por eso, muchas personas sienten que una casa con plantas resulta más acogedora, relajante y agradable, aunque no sepan explicar por qué.
Además, el hecho de cuidarlas introduce pequeñas rutinas asociadas a la atención, pausa y conexión con el entorno, algo muy valioso teniendo en cuenta que vivimos rodeados de pantallas y estímulos digitales constantes.

