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Comer por la noche engorda más: lo que dice la ciencia sobre el metabolismo y los horarios

El cuerpo responde diferente según el momento
El cuerpo responde diferente según el momento. Pixabay
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MadridUna de las reglas más repetidas en el mundo de las dietas ha sido que comer por la noche engorda más. Muchas personas han crecido escuchando que cenar tarde hace ganar peso, que los carbohidratos nocturnos se transforman en grasa y que después de cierta hora el metabolismo prácticamente se apaga. A pesar de que estas ideas continúan muy presentes, la ciencia muestra una realidad bastante más compleja.

El cuerpo humano no deja de gastar energía por la noche ni tampoco convierte automáticamente cualquier cena en grasa corporal. Sin embargo, cada vez más investigaciones apuntan a que los horarios de las comidas sí que pueden influir en el metabolismo, el apetito, el descanso e incluso en la manera en la que el organismo procesa ciertos nutrientes.

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El cuerpo no funciona igual a todas horas

Uno de los errores más comunes cuando hablamos de alimentación es pensar que el metabolismo funciona exactamente igual durante todo el día. El organismo está regulado por ritmos circadianos, una especie de reloj interno que coordina procesos como el sueño, la temperatura corporal, la producción hormonal o el metabolismo energético.

Eso quiere decir que el cuerpo no procesa los alimentos de la misma forma por la mañana que por la noche. Distintos estudios sugieren que durante las primeras horas del día existe una mayor sensibilidad a la insulina, mejor tolerancia a los carbohidratos y un gasto energético más eficiente. Sin embargo, por la noche, el organismo se prepara progresivamente para el descanso y algunos procesos metabólicos se vuelven más lentos.

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¿Comer de noche hace ganar más peso?

Durante mucho tiempo, el debate sobre las cenas y el aumento de peso se simplificó demasiado. Se instaló la idea de que comer a ciertas horas engordaba automáticamente, como si el cuerpo activase una especie de modo ahorro nocturno donde cualquier alimento se transforma directamente en grasa. Pero, la realidad fisiológica no funciona así.

El aumento de peso depende principalmente del balance energético total: cuánta energía se ingiere y cuánta se gasta. Si una persona consume más calorías de las que necesita de forma sostenida, tenderá a ganar peso con independencia de la hora a la que coma. Sin embargo, eso no quiere decir que el horario sea irrelevante.

En los últimos años, la crononutrición ha demostrado que el organismo responde de una forma diferente a los alimentos dependiendo del momento del día. El metabolismo sigue funcionando por la noche, pero algunos procesos relacionados con la digestión, la regulación de glucosa y el gasto energético cambian cuando el cuerpo empieza a prepararse para dormir.

Diversas investigaciones han observado que las personas que cenan muy tarde o concentran gran parte de sus calorías al final del día suelen presentar: peor control glucémico, más dificultad para perder peso, mayor tendencia al almacenamiento energético y alteraciones hormonales relacionadas con el hambre y la saciedad. Pero, aparece algo más importante: muchas veces no es solo culpa de la hora.

Las cenas tardías suelen ir acompañadas de otros hábitos que también pueden influir muchísimo en el metabolismo: dormir menos o peor, cenar de forma impulsiva después de muchas horas sin comer, picar ultraprocesados viendo series o utilizando el móvil, tener horarios irregulares o llevar una vida más sedentaria. El contexto importa mucho.

Además, cenar tarde no es igual para todo el mundo. No es lo mismo una persona que cena a las diez y se acuesta a medianoche, que alguien que come abundantemente a las once y media justo antes de irse a la cama. De hecho, muchos especialistas coinciden en que uno de los factores más importantes es el tiempo que pasa entre la última comida y el sueño. Cuando la digestión coincide con las fases iniciales del descanso, pueden empeorar tanto el sueño como ciertos parámetros metabólicos.

También hay otro detalle interesante: las personas que comen muy tarde tienden a consumir más calorías totales durante el día. Algunos estudios sugieren que el hambre nocturna suele relacionarse con alimentos más calóricos, ricos en azúcar, grasas o ultraprocesados.

Por eso, la ciencia actual no sostiene exactamente que “comer de noche engorde más” pero sí que parece indicar que mantener horarios alimentarios muy tardíos y desordenados puede favorecer condiciones metabólicas menos saludables a largo plazo.

¿Hay alimentos peores para la noche?

No hay alimentos prohibidos universalmente por la noche, pero sí que parece recomendable adaptar las cenas al momento del día. Las cenas muy copiosas, ultraprocesadas o difíciles de ingerir suelen empeorar el descanso y generar mayor malestar digestivo nocturno.

Muchos especialistas recomiendan cenas más ligeras, proteínas fáciles de digerir, verduras cocinadas, grasas saludables moderadas y evitar grandes cantidades justo antes de dormir. Eso no quiere decir que se tengan que eliminar los carbohidratos automáticamente.