Prueban una terapia con plasma en las fosas nasales para recuperar el olfato tras el covid: "Es seguro y no causa rechazo"
El Hospital Germans Trias es de los primeros en España en probar este tratamiento
La terapia consiste en inyectar plasma rico en plaquetas en la zona olfativa de la nariz
BarcelonaEl Hospital Germans Trias se ha convertido en uno de los primeros hospitales de España en empezar a probar una terapia para que pacientes que perdieron el olfato a raíz del covid puedan recuperarlo. El tratamiento consiste en inyectar con anestesia local plasma rico en plaquetas en la zona olfativa de la nariz, en la parte superior de las fosas nasales. De esta forma se estimula el epitelio olfativo, el tejido encargado de detectar los olores. "Ese plasma está lleno de factores nutricionales y de crecimiento que lo que hacen es favorecer que las células madre puedan reorganizar de nuevo el epitelio olfativo y también tienen un efecto antiinflamatorio. Se mejora la inflamación local de la zona y se regeneran las células que se hayan podido dañar", explica Paula Cruz Toro, adjunta de Otorrinolaringología de la sección de Rinología del Hospital Germans Trias de Badalona.
El procedimiento es ambulatorio y no requiere ingreso. El proceso no dura más de una hora, y comienza con la obtención de una pequeña muestra de sangre del propio paciente, que, tras pasar por un proceso de centrifugación, concentra una fracción rica en plaquetas y en factores de crecimiento. Así, la técnica gana en seguridad y biocompatibilidad, haciendo que el riesgo de complicaciones sea muy bajo. "El plasma es totalmente seguro y no causa ningún rechazo", subraya.
La terapia, que también se usa en traumatología, plástica o dermatología, ya se ha puesto en práctica con buenos resultados en países como Estados Unidos, Francia y Bélgica. "Mejora la calidad de vida porque el paciente empieza a percibir los olores que no había tenido desde hace años y va a asociada a mejorar el gusto", indica la especialista.
Primeras mejoras
El tratamiento se ha aplicado a 11 pacientes, de los 30 previstos, desde hace dos meses. Casualmente, todas mujeres, de entre 40 y 70 años. Algunas de ellas atendidas por el Programa de COVID Persistente del hospital, en tanto que esta enfermedad fue una gran desencadenante de la pérdida de olfato por la pandemia. Desde entonces, todas ellas se han sometido, sin éxito, a la única terapia que hay hasta ahora que es el llamado entrenamiento olfativo, consistente en oler, un par de veces al día durante meses, olores como el limón, la rosa, el clavo o el eucalipto.
El protocolo establecido por la Unidad de Olfato de la sección de Rinología del Servicio de Otorrinolaringología del Germans Trias para aplicar esta terapia prevé llevar a cabo una primera inyección en cada paciente y, seguidamente, someterlo a una prueba de olfato, para valorar si se ha experimentado alguna mejora. Sin embargo, para empezar a saberlo será necesario que pasen entre tres y seis meses. No obstante, algunas de las primeras pacientes "ya han notado el aroma de una crema de naranja o del café y también han mejorado en la prueba de olfato".
"Un sentido olvidado"
La pérdida de olfato, médicamente conocida como anosmia si es total o hiposmia si es parcial, suele ser consecuencia de una inflamación nasal, de alergias, de sinusitis o de obstrucciones. También puede estar asociada al uso de ciertos medicamentos y a la exposición a tóxicos, así como ser síntoma de infecciones respiratorias, como el covid-19.
De hecho, según los datos recogidos durante la pandemia, la anosmia repentina afectó aproximadamente a un 20% de los contagiados de covid en Cataluña. La gran mayoría fue recuperando el olfato paulatinamente, pero 1 de cada 10 afectados ha tardado mucho tiempo en recuperarlo o no lo ha hecho y sufre alteraciones persistentes.
Según datos de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, aproximadamente 400.000 personas viven sin olfato en España, una cifra que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que afecta al 5% de la población mundial. Y todo ello afecta a quien lo sufre de forma diversa y con riesgos evidentes, como no poder oler comida en mal estado, no advertir incendios o fugas de gas, o sufrir inseguridad por la higiene personal o descuidar la del hogar.
Además, los afectados experimentan un mayor malestar emocional y aislamiento social: por ejemplo, no pueden disfrutar de salir a comer o cenar con la familia y los amigos, o tienen menos parejas sexuales, sobre todo en población joven. "El olfato es el sentido más olvidado porque no implica nada mortal. Era el más olvidado, pero a raíz del covid cambió. Los pacientes tienen una gran pérdida de calidad de vida. Los hay que que pierden las ganas de salir y compartir. Puede llevar a un síndrome como la depresión o la ansiedad", concluye Paula Cruz Toro.