Médicos

Dos médicas españolas relatan los duros efectos de las guardias de 24 horas: "Me he llegado a olvidar de ir al baño o comer"

Una mujer médico en la consulta. KAROLINA GRABOWSKAKABOOMPICS/Pexels
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Empieza el turno a las 8 de la mañana, como cualquier otro día. Sin embargo, después de la pausa para comer, toca estar en el hospital hasta las 8 de la mañana del día siguiente. Atendiendo pacientes, realizando informes, dando altas, diagnosticando y recetando sin parar.  

Así es la jornada intensiva que es obligatoria hasta que se cumplen los 55 años de edad, y de la cual uno no se puede eximir a menos que se demuestren razones de peso para ello. 

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¿Por qué en un contexto en el que España reduce su jornada laboral siguen existiendo este tipo de prácticas? ¿Qué efectos en el trabajo y en la salud tiene para una persona el estar trabajando 24 horas sin prácticamente descansar? Sindicatos y profesionales dan a conocer los aspectos fundamentales. 

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Plantillas infradotadas e inseguridad laboral

Víctor Pedrera, secretario de la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM) explica el primer motivo: “Si se pretende mantener la asistencia sanitaria las 24 horas del día, los 7 días de la semana con las plantillas actuales de médicos, es necesario mantener el sistema de guardias”. 

Precisamente, el motivo que saca a la palestra es el hecho de “mantener plantillas insuficientes” de personal, y hacerlo “con el disfraz de jornadas de atención continuada”. “Es imposible mantener una atención permanente en servicios con pocos recursos si no es a costa de que los trabajadores tengan jornadas muy por encima de la media legal”, explica.

Al tener la combinación de necesidad de cobertura y pocas personas, los efectos de este tipo de jornadas acarrean “problemas cardiovasculares, alteraciones en el sueño, síndrome de ‘burnout’, problemas de conciliación con la familia y con vida fuera del hospital, etc. que están descritos en multitud de estudios que se han hecho sobre seguridad laboral”, explican desde CESM.

“Me olvidaba de comer hasta el día siguiente”

María Dolores —pseudónimo porque prefiere mantener su anonimato, residente de Medicina Familiar y Comunitaria en Andalucía— tiene que realizar una guardia por semana. Del mismo modo sucede con la doctora Morales-Bibiloni, residente de la misma especialidad, pero en Girona (Cataluña).

María Dolores explica que esta práctica “no es un fin de semana o un festivo que hay que cubrir. Es siempre. Entre semana, tú acabas tu jornada laboral de ocho horas y después debes quedarte 17 más, por lo que, al final, cualquier guardia que se hace es de 24 horas”

Las rutinas y necesidades personales, pasan a un segundo plano. “No ha pasado una guardia en la que no me olvide de beber, ir al baño o comer. Estás tan atrapada porque no te deja de venir gente, que te acabas olvidando de ti”, lamenta. 

El horario de los servicios de los hospitales es otro de los factores, relata María Dolores: “la cafetería tiene un horario y tú no puedes plantarte ahí cuando quieras. Tienes que adaptar tu rutina de atención junto con los turnos de restauración porque sino, te quedas sin comer y después tienes que seguir trabajando hasta la mañana siguiente”. 

“Tampoco puedes desconectar ni un segundo de lo que está pasando en urgencias, por lo que, junto con las prisas, no puedes descansar en ningún momento ni tampoco puedes hacer una buena digestión”, lamenta. 

La concepción de la propia profesión

El cansancio acumulado se nota de madrugada, como relata Morales: “Tras una jornada de más de veinte horas ininterrumpida, con lo cansados que estamos, la pregunta que suele surgir es: ¿cómo voy a ser capaz de atender o de salvarle la vida a una persona si yo estoy en esas condiciones?”

Sin embargo, ambas señalan el hecho de que recomiendan unas cosas, cuando ellas hacen otras. Así lo explica la doctora Morales: “No podemos descansar bien a sabiendas de los nocivo que es esto para nuestra salud física y mental. Pero nos dedicamos a decir a todos los pacientes que han de dormir para así tener un estado de salud óptimo”.

María Dolores, por su parte, cuenta que en consulta “viene una persona con infección de orina y lo primero que le recomendamos es que beba mucha agua. Pero después yo estoy inmersa en el trabajo y me olvido de que también necesito beber, porque he de estar pendiente de todo lo demás”.

“Las guardias no sólo afectan a nivel físico o de salud mental: también nos afectan en la propia concepción de nuestra profesión”, lamenta Morales-Bibiloni. 

¿Cómo se puede revertir la situación?

La Confederación Española de Sindicatos Médicos expone el hecho de “adecuar las plantillas a las necesidades reales de cobertura” como una de las medidas más importantes. 

También “que las guardias de 24 horas pasen a ser de carácter voluntario y evitar así recurrir de forma habitual a los mismos trabajadores” y, finalmente, que las guardias "sean atractivas desde el punto de la retribución económica”.