"Baños de museo", la terapia cultural que ayuda a bajar el cortisol y que ya recomiendan las autoridades sanitarias de algunos países

Visitantes en el interior del Museo del Romanticismo
Visitantes en el interior del Museo del Romanticismo, Madrid. Europa Press
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Pasar 35 minutos en una galería de arte bastó para que 28 oficinistas de Londres redujeran sus niveles de cortisol, la hormona del estrés, en el mismo grado que el cuerpo tarda cinco horas en conseguirlo de manera natural paseando por un bosque frondoso. Esta práctica, conocida como “baño de museo”, se inspira en el concepto japonés del “baño de bosque”, que defiende que entrar en un museo no es solo contemplar obras, sino que es una forma de disminuir la presión, la ansiedad y el estrés, con efectos medibles en el organismo.

Un efecto comprobado en cientos de personas

Para encontrar los orígenes de esta experiencia hay que mirar al investigador japonés Izumi Ogata que midió su impacto en 36 museos y con más de 300 personas, concluyendo que basta con 10 minutos para que se produzca una mejora fisiológica. Funciona en cualquier tipo de museo —arte, historia, naturaleza— y beneficia tanto a quienes los visitan con frecuencia como a quienes llevan años sin entrar en uno.

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El “baño de museo” ya forma parte de programas sanitarios. Desde 2018, en Canadá los médicos pueden recetar visitas al museo como complemento a tratamientos. Montreal fue la primera ciudad del mundo en hacerlo, y en 2022 Bruselas adoptó la idea para pacientes con ansiedad y depresión. La OMS ha pedido que cultura y salud trabajen de manera conjunta.

Mientras en muchos países se debate si la cultura es un gasto, otros la consideran infraestructura sanitaria, una herramienta contra el envejecimiento, el aislamiento y la soledad. En un contexto de sociedades que envejecen, una crisis global de salud mental y museos que luchan por financiarse, el “baño de museo” emerge como una alternativa que sitúa la cultura como motor de desarrollo y como un recurso para mejorar el bienestar.