Salud mental

El teatro como terapia en la madurez: su positivo impacto en la salud mental

Talleres de interpretación o improvisación ayudan a mantener la mente activa
Talleres de interpretación o improvisación ayudan a mantener la mente activa. Freepik
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MadridDurante años, el teatro ha sido visto como una forma de ocio cultural, un espacio de entretenimiento o una disciplina artística reservada a actores profesionales. No obstante, en las últimas décadas, la investigación científica y la experiencia de numerosos programas comunitarios han comenzado a demostrar algo más profundo: el teatro puede convertirse en una poderosa herramienta terapéutica, especialmente en etapas de madurez, cuando los cambios vitales, emocionales y sociales se vuelven más complicados.

Lejos de los focos y de los escenarios profesionales, cada vez más personas mayores participan en talleres de teatro, grupos de expresión dramática o actividades escénicas como una manera de cuidar su salud mental, fortalecer vínculos sociales y mantener activa la mente. El objetivo no es actuar bien, sino expresarse, jugar, compartir y reconectar con uno mismo.

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La OMS subraya que la salud mental en la madurez no consiste únicamente en la ausencia de enfermedad, sino en la capacidad de mantener relaciones sociales, sentirse útil, conservar la autonomía y encontrar sentido a la vida. En este sentido, las actividades creativas juegan un papel fundamental. Distintos estudios muestran que, a partir de los 50 y 60 años, pueden aparecer desafíos emocionales ligados a la jubilación, cambios de rol, duelos, soledad o sensación de invisibilidad social. Por esto, las artes escénicas pueden ser un espacio seguro donde se pueden explorar emociones, compartir experiencias y recuperar la confianza personal.

¿Qué es el teatro terapéutico?

El teatro terapéutico no es una terapia clínica al uso, se trata de una práctica que utiliza técnicas teatrales como la improvisación o el juego de roles con fines de bienestar emocional, social y cognitivo.

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Según la Asociación Internacional de Dramaterapia, estas prácticas permiten a las personas representar simbólicamente conflictos internos, ensayar nuevas respuestas emocionales y resignificar experiencias vitales, todo esto sin necesidad de verbalizar directamente el problema si no se está preparado.

En la madurez, este enfoque resulta especialmente valioso porque respeta los ritmos individuales, no infantiliza y reconoce el bagaje vital de cada participante.

¿Cuáles son los beneficios psicológicos del teatro en la madurez?

Mejora del estado de ánimo y reducción del estrés

Participar en actividades teatrales estimula la liberación de endorfinas y dopamina, hormonas asociadas al placer y la motivación. Un estudio señala que las actividades dramáticas reducen los niveles de ansiedad y estrés en personas mayores.

El simple hecho de “jugar”, algo que las personas suelen abandonar con la edad, tiene un efecto regulador sobre el sistema nervioso. El teatro permite reírse de uno mismo, relativizar preocupaciones y disfrutar del momento presente.

Refuerzo de la autoestima y la identidad

En una etapa vital donde pueden aparecer sentimientos de pérdida de rol social, el teatro ofrece algo fundamental: un espacio donde ser visto, escuchado y valorado. No importa la edad, el físico o la experiencia previa.

La Universidad de Londres ha realizado investigaciones sobre programas de teatro comunitario en mayores y han concluido que los participantes experimentan una mejora significativa de la autoestima y la percepción de utilidad personal.

Subirse a un escenario, aunque sea de manera simbólica, devuelve protagonismo a personas que durante años han podido estar enfocadas en cuidar a otros, olvidándose de sí mismas.

Estimulación cognitiva y memoria emocional

Aprender textos, improvisar escenas o recordar secuencias de movimientos activa múltiples áreas del cerebro: memoria, atención, lenguaje, planificación y creatividad.

El teatro combina estimulación cognitiva y emocional, algo especialmente eficaz para mantener la plasticidad cerebral. Asimismo, al trabajar con recuerdos, historias personales o personajes, se activa la memoria emocional, que suele mantenerse incluso cuando otros tipos de memoria empiezan a fallar.

Reducción de la soledad y fortalecimiento de vínculos

La soledad no deseada es uno de los principales factores de riesgo para la salud mental en edades avanzadas. El teatro, por definición, es una actividad colectiva: obliga a mirar al otro, a escuchar, a cooperar.

Según un informe del Ministerio de Cultura y Deporte sobre programas culturales para mayores, las actividades escénicas generan comunidades estables, donde se crean lazos que van más allá del taller.

Muchos grupos continúan viéndose fuera del escenario, reforzando una red social que les protege frente al aislamiento.

¿Hace falta experiencia previa?

Absolutamente no. Uno de los grandes mitos es pensar que el teatro es solamente para personas que tienen “talento”. En el contexto terapéutico y comunitario, ocurre justo lo contrario: no se busca la perfección, sino la autenticidad.

Una de las grandes ventajas del teatro es que permite expresar emociones complicadas sin tener que exponerse directamente. A través de un personaje, una escena o una improvisación, se pueden trabajar temas como el miedo, la rabia, la tristeza o la frustración de manera simbólica.

Los facilitadores suelen adaptar las dinámicas a las capacidades del grupo, priorizando el disfrute, la participación y el respeto. No hay exámenes, tampoco juicios, ni presión por tener que memorizar grandes monólogos. El teatro en la madurez funciona tan bien precisamente porque recupera el juego sin exigencias, algo profundamente sanador.