Y después de un ictus, ¿cómo se recupera bien la movilidad?

Recuperarse de un ictus requiere un tratamiento especializado, mucha práctica y constancia durante meses e incluso años
El síntoma al despertarte que puede avisar de un ictus y casi nadie detecta
El segundo ictus sufrido por Kiko Rivera vuelve a poner sobre la mesa una realidad que afecta cada año a decenas de miles de personas en España. Tras recibir el alta hospitalaria, el DJ ha anunciado que "ahora empieza una recuperación que no será fácil. Tengo que volver a recuperar la movilidad y la fuerza de la parte izquierda de mi cuerpo".

Las palabras del hijo de Isabel Pantoja constatan que el miedo más frecuente tras superar la fase aguda no suele ser únicamente sobrevivir, sino recobrar la capacidad para caminar, mover un brazo o volver a realizar actividades tan cotidianas como vestirse, cocinar o subir unas escaleras.
La buena noticia es que el cerebro conserva una extraordinaria capacidad para reorganizarse después de una lesión. La no tan buena es que esa recuperación no ocurre por sí sola. Requiere un tratamiento especializado, mucha práctica y constancia durante meses e incluso años, como explica la Mayo Clinic en su guía sobre rehabilitación tras un ictus.
¿Hasta dónde puede recuperarse una persona después de un ictus? La realidad es que no existe una respuesta universal. La evolución depende de múltiples factores, entre ellos el tamaño y la localización de la lesión cerebral, el tiempo que transcurrió hasta recibir tratamiento, el estado físico previo y la intensidad de la rehabilitación.
Los especialistas coinciden en que los avances suelen ser más rápidos durante los tres o seis primeros meses gracias a la llamada neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones y reorganizar funciones. Sin embargo, eso no significa que después ya no exista margen de mejora. Los programas de rehabilitación continúan consiguiendo progresos funcionales incluso años después del ictus cuando el entrenamiento sigue siendo específico, repetitivo y adaptado a cada paciente.
En personas mayores de 50 años la recuperación puede ser algo más lenta porque suelen coexistir enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión o menor masa muscular. Aun así, la edad por sí sola no determina el pronóstico. Las guías del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) insisten en que la rehabilitación debe ofrecerse también a pacientes de edad avanzada, ya que pueden lograr mejoras importantes en movilidad, autonomía y calidad de vida.
Empezar pronto marca la diferencia
Una de las conclusiones más sólidas de la evidencia científica es que la rehabilitación debe iniciarse tan pronto como el estado clínico del paciente lo permita, habitualmente entre las primeras 24 y 48 horas tras el ictus, siempre bajo supervisión médica.
Además, no basta con unas pocas sesiones semanales. Los expertos recomiendan una rehabilitación intensiva, multidisciplinar y con muchas repeticiones de movimientos funcionales. Las guías británicas de referencia hablan incluso de un mínimo de tres horas diarias de terapia supervisada durante al menos cinco días a la semana para quienes presentan objetivos motores activos.
La recuperación suele implicar el trabajo coordinado de neurólogos, médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas y neuropsicólogos.
Fisioterapia neurológica
Es la piedra angular cuando existen dificultades para caminar, mantener el equilibrio o mover las extremidades. El tratamiento incluye entrenamiento de la marcha, fortalecimiento muscular, trabajo del equilibrio, coordinación, cambios posturales y prevención de contracturas.
Las recomendaciones de la American Heart Association/American Stroke Association respaldan especialmente el entrenamiento repetitivo de tareas funcionales, ya que es una de las intervenciones con mayor evidencia para mejorar la recuperación motora.
Terapia ocupacional
Su objetivo consiste en recuperar la independencia en las actividades de la vida diaria. El terapeuta trabaja habilidades como vestirse, asearse, cocinar, utilizar cubiertos, escribir o manipular objetos, además de adaptar el domicilio cuando es necesario.
Logopedia
Muchas personas presentan problemas para hablar o tragar. La intervención precoz puede mejorar tanto la comunicación como la seguridad durante la alimentación.
Neuropsicología
No todos los déficits son motores. Alteraciones de memoria, atención, planificación o cambios emocionales también interfieren en la recuperación funcional y requieren tratamiento específico.
Tecnología aplicada a la rehabilitación
Cada vez son más frecuentes herramientas como los robots de rehabilitación, la estimulación eléctrica neuromuscular, las cintas de marcha con soporte parcial del peso corporal o determinados sistemas de realidad virtual. Estas tecnologías no sustituyen al tratamiento convencional, pero pueden potenciarlo en pacientes seleccionados.
Lo que puede hacerse en casa
Los especialistas insisten en que la recuperación no termina cuando acaba la sesión de fisioterapia. Gran parte del progreso depende de mantener la práctica diaria en el domicilio siguiendo siempre las indicaciones del equipo rehabilitador.
Entre las actividades más recomendadas se encuentran:
- Repetir los ejercicios pautados por el fisioterapeuta respetando el número de repeticiones y la técnica.
- Practicar levantarse y sentarse de una silla de forma controlada.
- Entrenar la marcha en un entorno seguro cuando el profesional lo haya autorizado.
- Realizar ejercicios de equilibrio con apoyo si existe riesgo de caída.
- Movilizar el brazo afectado según las indicaciones del terapeuta para evitar rigidez.
- Utilizar la mano afectada en tareas sencillas como sostener una taza ligera, doblar ropa o manipular objetos cotidianos.
- Mantener actividad física adaptada para mejorar la resistencia cardiovascular y la fuerza muscular.
Lo que conviene evitar
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que el reposo favorece la recuperación. Ocurre justo lo contrario. Siempre que el equipo médico lo autorice, la inactividad prolongada acelera la pérdida de fuerza, empeora el equilibrio y dificulta recuperar funciones.
Después de los 50, 60 o 70 años, recuperar movilidad no depende únicamente de la edad. Depende, sobre todo, de recibir una rehabilitación precoz, intensiva, personalizada y mantener el entrenamiento en casa durante el tiempo necesario. No todos los pacientes volverán a su situación previa, pero una parte importante puede recuperar autonomía suficiente para caminar, cuidar de sí misma y mejorar de forma muy significativa su calidad de vida cuando el tratamiento no se abandona.
