Así funciona el nuevo parche inteligente que mide la medicación del párkinson con el sudor
El dispositivo se coloca en la yema del dedo y es capaz de medir de forma continua los niveles de levodopa
Por qué los síntomas del párkinson son distintos en hombres y mujeres
Tomarse la medicación a la hora adecuada puede marcar la diferencia entre disfrutar de una mañana con relativa normalidad o sufrir un episodio de rigidez, temblores o movimientos involuntarios. En la enfermedad de Parkinson, encontrar el equilibrio con la levodopa -el fármaco de referencia desde hace más de medio siglo- es una tarea compleja.
La dosis que resulta eficaz por la mañana puede quedarse corta unas horas después o, por el contrario, provocar un exceso de dopamina que desencadene discinesias, esos movimientos bruscos e incontrolados que aparecen como efecto secundario del tratamiento.
Con el objetivo de resolver este rompecabezas, un equipo de ingenieros y neurólogos de la Universidad de California en San Diego ha desarrollado un pequeño parche para la yema del dedo capaz de medir de forma continua los niveles de levodopa a través del sudor. La investigación, en la que participa el laboratorio dirigido por el ingeniero químico Joseph Wang junto con el grupo de la neuróloga Irene Litvan, acaba de publicarse en la revista PNAS.
El sudor como fuente de información
Aunque pueda parecer sorprendente, el sudor contiene una enorme cantidad de información sobre lo que ocurre dentro del organismo. Los investigadores aprovecharon esta característica para diseñar un dispositivo blando y flexible que se coloca sobre la yema del dedo, una de las zonas del cuerpo con mayor concentración de glándulas sudoríparas.
El parche incorpora un hidrogel especialmente diseñado que actúa como una esponja microscópica. Gracias a un fenómeno de ósmosis, extrae pequeñas cantidades de sudor sin necesidad de hacer ejercicio ni de aplicar corriente eléctrica sobre la piel. A partir de esa muestra analiza la concentración de levodopa presente en el organismo prácticamente en tiempo real.
Funciona sin pilas
Una de las características más llamativas del dispositivo es que no necesita batería. Cuando la levodopa entra en contacto con unas enzimas integradas en el sensor se produce una reacción electroquímica que genera un pequeño voltaje. Esa energía basta para alimentar el sistema y, al mismo tiempo, sirve como señal para calcular la cantidad de medicamento presente en el cuerpo. Cuanto mayor es el voltaje, mayor es la concentración de levodopa.
Este diseño elimina la necesidad de recargar el dispositivo y facilita que pueda utilizarse durante largos periodos de tiempo en el domicilio del paciente.
En la actualidad, los neurólogos suelen ajustar el tratamiento basándose en la descripción que hace el propio paciente sobre cómo se encuentra a lo largo del día. También pueden recurrir a análisis de sangre, aunque son procedimientos puntuales, requieren laboratorio y los resultados no están disponibles de inmediato.
Una fotografía más completa
El nuevo parche ofrece una fotografía mucho más completa porque registra la evolución de la medicación de forma continua. En las pruebas realizadas, sus mediciones mostraron una estrecha correlación con las obtenidas mediante análisis sanguíneos de alta precisión, considerados el método de referencia.
Los ensayos incluyeron tanto voluntarios sanos como personas con enfermedad de Parkinson. Además de comprobar la precisión del sistema, los investigadores observaron que los pacientes con párkinson eliminaban la levodopa del organismo con mayor rapidez que las personas sin la enfermedad. Ese hallazgo ayuda a explicar por qué muchos enfermos experimentan un deterioro brusco de los síntomas cuando el efecto del medicamento desaparece antes de la siguiente toma.
El objetivo de este parche no es sustituir el tratamiento, sino hacerlo más preciso. Los autores imaginan un futuro en el que el sensor envíe continuamente información sobre los niveles de levodopa y permita al neurólogo ajustar las dosis con mucha mayor exactitud. Incluso contemplan el desarrollo de sistemas de circuito cerrado, en los que el parche pueda comunicarse con una bomba de administración automática capaz de suministrar el medicamento justo cuando los niveles comiencen a descender.
Aún queda camino por recorrer antes de que esta tecnología llegue a la práctica clínica habitual, pero representa un cambio de enfoque importante. En lugar de tratar a todos los pacientes con pautas similares, permitiría adaptar el tratamiento a la respuesta real de cada persona, algo especialmente relevante en una enfermedad tan cambiante como el párkinson.
