¿Cuál es el secreto de la longevidad? La sangre de los supercentenarios nos da una pista
Las personas de 110 años o más tienen una gran cantidad de células inmunitarias que combaten el cáncer, según un nuevo estudio
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Llegar a los 110 años no es simplemente llegar a celebrar muchos cumpleaños. Los llamados supercentenarios constituyen una rareza biológica y precisamente por eso se han convertido en una de las mejores ventanas para asomarse a una pregunta que nos acompaña desde hace siglos. ¿Qué hace que algunos organismos resistan durante tanto tiempo el desgaste de la edad?
Un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Osaka, publicado esta semana en Cell Reports, aporta una pista especialmente sugerente. Los supercentenarios acumulan en la sangre cantidades extraordinariamente elevadas de un tipo poco común de célula inmunitaria que tiene capacidad para reconocer y destruir células potencialmente peligrosas, incluidas células cancerígenas.
Esto no significa que los científicos hayan encontrado la fórmula para vivir 110 años, ni mucho menos. Pero plantea la posibilidad de que quienes alcanzan edades extremas no lo hagan porque su sistema inmunitario permanezca simplemente 'joven', sino porque es capaz de reorganizarse y adaptarse a los desafíos que trae consigo el envejecimiento.
No estaríamos ante un organismo que conserva intacto el sistema inmunitario de una persona de 30 años, sino ante un organismo que ha encontrado su propia manera de funcionar a los 100, 105 o 110.
Unas células bastante escasas
Las protagonistas de esta historia son los linfocitos T CD4 citotóxicos, conocidos como CD4 CTL. Para entender por qué llaman tanto la atención hay que detenerse un momento en el funcionamiento del sistema inmunitario.
Los linfocitos T CD4 suelen actuar como coordinadores. Ayudan a organizar la respuesta defensiva y envían señales a otras células del sistema inmunitario. Los linfocitos T CD8, en cambio, son conocidos por su capacidad para matar células infectadas o alteradas.
Los CD4 CTL son, en cierto modo, una combinación poco habitual. Conservan características de los CD4, pero también poseen maquinaria molecular que les permite actuar como células citotóxicas, capaces de destruir otras células.
El nuevo trabajo revela que estas células, que son relativamente raras durante buena parte de la vida, experimentan una expansión muy llamativa alrededor de los 100 años. Entre los supercentenarios estudiados llegaron a representar casi una quinta parte de todos los linfocitos T presentes en la sangre, frente a alrededor del 4% en los participantes más jóvenes.
Dicho de una forma más sencilla, mientras lo habitual es que estas células sean una pequeña minoría, en las personas que han superado los 110 años pueden convertirse en una auténtica brigada dentro de sus defensas.
El descubrimiento contradice, al menos en parte, la imagen tradicional del envejecimiento inmunitario. Con los años, nuestro sistema defensivo experimenta cambios importantes. Algunas respuestas inmunitarias pierden eficacia, aumenta la vulnerabilidad frente a determinadas infecciones y se modifica la composición de las distintas poblaciones de células inmunitarias. Es lo que se conoce como inmunosenescencia. Pero los supercentenarios parecen contar otra historia.
En lugar de limitarse a sufrir el desgaste de los años, sus sistemas inmunitarios muestran signos de remodelación. Algunas poblaciones celulares disminuyen, mientras que otras se expanden de forma muy marcada.
El estudio dirigido por Kosuke Hashimoto sugiere que los CD4 CTL no están simplemente presentes en grandes cantidades por casualidad. Muchas de estas células proceden de clones que se han multiplicado a lo largo del tiempo. Es como si el organismo hubiera ido seleccionando, durante décadas, determinadas unidades de defensa que considera especialmente útiles.
"Esta proliferación podría ser una forma de adaptación del sistema inmunitario a los cambios que acompañan al envejecimiento, cuando aumentan tanto las células senescentes como las anormales", afirma el estudio.
Una pista que conduce directamente al cáncer
Algunos de los receptores identificados presentan similitudes con los observados en pacientes con cáncer. Más concretamente, en casos de cáncer de pulmón, mama e hígado. Esto no quiere decir que los supercentenarios estudiados tuvieran cáncer. De hecho, no tenían antecedentes de esas enfermedades.
Lo que plantean los investigadores es que algunas de esas células podrían estar reconociendo objetivos relacionados con células tumorales antes de que un cáncer llegue a ser clínicamente detectable.
La idea encaja con un principio fundamental de la inmunología. El organismo está constantemente vigilando lo que ocurre en sus tejidos y eliminando células que presentan características anómalas. A medida que envejecemos, además, se acumulan células senescentes y aumenta el riesgo de que aparezcan alteraciones que puedan desembocar en un tumor.
Contar con un ejército especialmente eficaz para detectar y eliminar algunas de esas células podría ser una ventaja considerable a edades avanzadas. Pero conviene mantener los pies en el suelo. El estudio no demuestra que los CD4 CTL prevengan el cáncer ni que sean responsables de que una persona viva más de 110 años. Los propios investigadores señalan que todavía desconocen cuáles son exactamente los objetivos de estas células y qué función desempeñan en los tejidos.
