Tres hábitos clave para proteger tu cerebro a partir de los 50
Algunos de los factores que más influyen en el deterioro cognitivo están relacionados con la salud cardiovascular, según una investigación
El sencillo hábito diario que podría reducir a la mitad el riesgo de deterioro cognitivo
En torno a los 50 años la salud cerebral deja de ser una cuestión lejana de la que no nos preocupamos. El envejecimiento cognitivo se va construyendo mucho antes de que aparezcan los primeros olvidos preocupantes y, según una investigación en la que han participado científicos de NYU Langone Health, algunos de los factores que más importan están relacionados con la salud cardiovascular.
El trabajo analizó a 12.409 adultos inicialmente libres de demencia, con una edad media de 56 años, y siguió su evolución durante unos 25 años dentro del estudio poblacional Atherosclerosis Risk in Communities, conocido como ARIC. Los investigadores se fijaron en tres factores presentes durante la mediana edad: hipertensión, diabetes y tabaquismo.
Las conclusiones a las que llegaron son llamativas. A los 55 años, las personas que no presentaban ninguno de estos tres factores podían esperar vivir unos 30,1 años sin demencia, mientras que quienes acumulaban los tres tenían una expectativa media de 17,5 años libres de demencia. La brecha es de aproximadamente 12,6 años.
Por supuesto, se trata de una asociación observada en un estudio de cohortes, no de una demostración de que eliminar estos tres factores vaya a añadir exactamente 13 años de vida sin demencia a cada persona. El valor del estudio está en reforzar la idea de que la salud vascular durante la mediana edad forma parte de la prevención de la demencia.
“Nuestros hallazgos argumentan que la gente necesita evitar activamente estos factores en la mediana edad como una estrategia para preservar la salud cerebral durante más de una década”, explica Josef Coresh, director del Optimal Aging Institute de NYU Langone.
A partir de los 50 conviene pensar en el cerebro de una manera algo diferente. No se trata únicamente de hacer crucigramas, aprender idiomas o mantener una vida social activa, aunque todas estas actividades pueden formar parte de un envejecimiento saludable. También hay que proteger las arterias que llevan sangre al cerebro. Y eso se consigue con los siguientes hábitos:
Vigilar la presión arterial
La hipertensión tiene un problema particular. Durante años puede no producir síntomas evidentes y, sin embargo, mantener sometidos a los vasos sanguíneos a una presión excesiva. El cerebro, con su extraordinariamente extensa red vascular, no queda al margen de ese desgaste.
No se trata de perseguir una cifra de presión arterial lo más baja posible. El objetivo es mantenerla en un rango saludable y tratar la hipertensión cuando exista, siempre de acuerdo con un profesional sanitario.
De hecho, investigaciones anteriores han mostrado que tanto la hipertensión mantenida durante la mediana edad como determinados descensos pronunciados de la presión arterial en etapas posteriores pueden relacionarse con un mayor riesgo de demencia, lo que recuerda que el control debe ser individualizado.
Mantener a raya el azúcar en sangre
La segunda pieza del rompecabezas es la diabetes tipo 2. En este caso tampoco estamos hablando únicamente de una enfermedad metabólica. Los niveles elevados de glucosa y las alteraciones vasculares asociadas pueden afectar a múltiples órganos, incluido el cerebro.
La prevención de la diabetes tipo 2 a partir de los 50 pasa, entre otras cuestiones, por mantener un peso saludable, realizar actividad física con regularidad y cuidar la alimentación. Pero no todas las personas parten del mismo punto ni tienen el mismo riesgo, por lo que las revisiones médicas y los controles de glucosa resultan especialmente relevantes cuando existen antecedentes familiares, sobrepeso u otros factores de riesgo.
Dejar de fumar, cuanto antes mejor
El tercer hábito es quizá el más contundente. No fumar. El tabaco perjudica al sistema cardiovascular y respiratorio y también está relacionado con procesos que afectan a la salud cerebral. En el estudio, ser fumador durante la mediana edad formaba parte del conjunto de factores asociados con una menor esperanza de vida libre de demencia.
Para alguien que lleva décadas fumando, abandonar el hábito a los 50 o 60 años puede parecer una decisión que llega tarde. No lo es. El estudio no establece que exista una edad a partir de la cual dejar de fumar deje de tener sentido. Al contrario, sus resultados refuerzan la importancia de actuar durante la mediana edad.
