Antibióticos

Ahora tu médico puede pedirte que esperes unos días para recoger el antibiótico: la medida para frenar las superbacterias

Una farmacéutica cogiendo un medicamento. Europa Press
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Más de 35.000 personas mueren cada año en Europa por infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos que disponemos.

El descubrimiento de la penicilina y la posterior llegada de los antibióticos a la práctica clínica supusieron una auténtica revolución para la medicina. Infecciones que hasta entonces podían resultar mortales comenzaron a tener tratamiento y millones de vidas pudieron salvarse. Sin embargo, décadas después de aquel avance, la eficacia de estos medicamentos se enfrenta a una amenaza.

El problema aparece cuando las bacterias desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a los antibióticos que antes conseguían eliminarlas o impedir su crecimiento. Como consecuencia, infecciones que habitualmente se podían tratar con relativa facilidad pueden volverse más difíciles de combatir y requerir tratamientos más complejos.

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Aunque se trata de un fenómeno complejo, el uso excesivo e inadecuado de los antibióticos es uno de los factores que contribuyen a acelerarlo. Y es que estos medicamentos no sirven para tratar cualquier infección: no son eficaces frente a los virus, responsables de la mayoría de los catarros y de buena parte de las infecciones respiratorias. Tomarlos cuando no están indicados no solo expone al paciente a posibles efectos adversos, sino que también favorece la selección de bacterias resistentes.

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Para tratar de frenar este problema, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) está trabajando con las comunidades autónomas para extender la prescripción diferida de antibióticos a todo el territorio nacional. Esta estrategia consiste en que el médico prescribe el medicamento, pero indica al paciente que espere unos días antes de recogerlo y comenzar a tomarlo, siempre que su evolución no mejore y siguiendo las instrucciones del profesional sanitario.

La medida forma parte de las actuaciones impulsadas en el marco del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN). A ella se sumará, a mediados de 2027, la sustitución de los envases de 30 comprimidos por presentaciones de 20, con el objetivo de ajustar mejor la cantidad de medicamento dispensada a las necesidades de cada tratamiento.

Pero ¿cómo funciona exactamente la prescripción diferida?, ¿en qué pacientes está indicada y por qué puede ayudar a reducir el consumo de antibióticos? Para conocer los detalles de esta estrategia hemos hablado con Mariam de la Poza, médica de familia en un centro de salud de Cataluña y miembro del grupo de trabajo de enfermedades infecciosas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

Pregunta (P): ¿Qué es exactamente la prescripción diferida de antibióticos y en qué se diferencia de una receta convencional?

Respuesta (R): La prescripción diferida la utilizamos en aquellos casos en los que, durante la consulta, no tenemos la seguridad de que el origen de la infección sea bacteriano y, por tanto, de que sea necesario administrar un antibiótico.

En estas situaciones de incertidumbre, hacemos la prescripción para que el paciente pueda recoger el medicamento en la farmacia dos, tres o cuatro días después si los síntomas no mejoran. Es decir, se le proporciona una receta, pero no para que utilice el antibiótico de manera inmediata.

P: ¿Cómo se le explica al paciente que debe esperar antes de empezar el tratamiento?

R: Le damos unas indicaciones sobre cuándo y cómo utilizarlo y le explicamos por qué no necesita el antibiótico en ese momento. De esta forma, educamos al paciente sobre su proceso infeccioso, le indicamos cuáles son los signos de alarma que debe vigilar y en qué circunstancias debe acudir a la farmacia a recogerlo si empeora. Así conseguimos que participe en el manejo de su propia enfermedad. Es muy importante explicarle todo el proceso.

P: ¿En qué casos está indicada esta estrategia? ¿Qué tiene en cuenta el médico para decidir si un paciente puede esperar antes de comenzar el tratamiento?

R: Normalmente utilizamos esta pauta en infecciones respiratorias agudas leves. No está indicada para procesos complicados ni para pacientes con determinadas patologías crónicas en los que no podemos utilizar estas medidas porque podría existir un mayor riesgo de complicaciones.

La empleamos sobre todo en personas sanas, sin una enfermedad respiratoria de base, que presentan procesos como un catarro, una bronquitis o una sinusitis. En Atención Primaria, un porcentaje muy elevado de estas infecciones tiene un origen vírico.

En ocasiones disponemos de herramientas en consulta que nos permiten determinar si existe una alta probabilidad de que la infección sea bacteriana y, en esos casos, prescribimos el antibiótico directamente. Sin embargo, otras veces nos movemos en un margen de incertidumbre y no tenemos la seguridad de si el origen es vírico o bacteriano. Es entonces cuando recurrimos a la prescripción diferida y explicamos al paciente en qué circunstancias debe recoger el medicamento.

También le indicamos cómo debe tomarlo si finalmente necesita iniciar el tratamiento y le recordamos la importancia de completar la pauta prescrita, aunque los síntomas mejoren antes de terminarla.

P: ¿Puede ayudar la prescripción diferida a reducir las recetas innecesarias?

R: Sí. Además de utilizarla cuando tenemos dudas sobre el origen bacteriano de la infección, también recurrimos a ella con pacientes que acuden a consulta esperando que les prescribamos un antibiótico, porque quizá en otras ocasiones han recibido este tratamiento para síntomas similares.

Si les damos la receta para empezar a tomarlo inmediatamente, lo habitual es que acudan a la farmacia y lo recojan. En cambio, si les hacemos partícipes del proceso, les explicamos por qué no necesitan el medicamento en ese momento y les indicamos que pueden recogerlo sin volver a consulta si empeoran, también conseguimos reducir su consumo.

En ambos casos disminuye el uso de antibióticos. Esto lo hemos demostrado en un ensayo clínico realizado en España, con participación de diferentes comunidades autónomas. En él comprobamos que la prescripción diferida en infecciones respiratorias leves no aumentaba las complicaciones ni la gravedad de los procesos y, sin embargo, reducía considerablemente el consumo de estos medicamentos.

P: ¿Por qué es tan importante reducir el consumo de antibióticos? ¿Qué consecuencias tiene tomarlos cuando no son necesarios?

R: Si administrar un antibiótico no tuviera consecuencias, lo daríamos por si acaso. Pero los efectos que puede tener su uso innecesario son importantes.

Por un lado, está el coste económico. Por otro, los efectos adversos que pueden provocar en los pacientes. ¿Quién no ha tenido alguna vez una gastritis, una micosis o una infección genital u oral después de tomar un antibiótico y ha necesitado medicación adicional?

"Vimos que la prescripción diferida en infecciones respiratorias leves no aumentaba las complicaciones ni la gravedad de los procesos y, sin embargo, reducía considerablemente el consumo de estos medicamentos"

Y, sobre todo, está el desarrollo de resistencias antimicrobianas. Que los antibióticos dejen de ser eficaces es un problema de salud pública mundial. Infecciones bacterianas que actualmente se resuelven en personas sanas gracias a estos medicamentos podrían llegar a provocar incluso una sepsis si los tratamientos dejan de funcionar.

El riesgo es todavía mayor en personas inmunodeprimidas, como aquellas que han recibido un trasplante o están sometidas a quimioterapia, que pueden sufrir infecciones bacterianas con mayor frecuencia. Si no disponemos de antibióticos capaces de eliminar esas bacterias, la infección puede progresar y llegar a poner en peligro su vida.

P: Las cajas de algunos antibióticos pasarán de 30 a 20 comprimidos. ¿Os encontráis en consulta con pacientes que se automedican con medicamentos sobrantes de tratamientos anteriores?

R: Sí. El hecho de que sobren comprimidos facilita que, cuando una persona vuelve a tener síntomas parecidos a los de una infección anterior, decida utilizar esos medicamentos por su cuenta o que los consiga a través de algún familiar o conocido.

En consulta nos encontramos con pacientes que nos dicen: "Tenía estas pastillas que me sobraron de otro proceso y he empezado a tomarlas". En muchas ocasiones no existe una conciencia real del riesgo que supone utilizar antibióticos cuando no son necesarios.

P: ¿Qué papel desempeña la Atención Primaria en la reducción del consumo innecesario de antibióticos?

R: La comunicación con la población desde el ámbito sanitario es fundamental. Venimos de años en los que quizá no se educaba tanto al paciente en el cuidado de su salud ni se le hacía partícipe del manejo de sus propios procesos. Es importante que las personas aprendan a identificar y gestionar sus síntomas.

Dedicar unos minutos en consulta a explicar cuándo es necesario utilizar un antibiótico y por qué no siempre hay que administrarlo de manera inmediata puede marcar la diferencia. De esta forma, reduciremos su consumo y reservaremos estos medicamentos para aquellos procesos en los que realmente están indicados.

P: ¿Puede limitar el escaso tiempo del que disponen los médicos de Atención Primaria la explicación de esta pauta al paciente?

Creo que no tiene por qué ser una limitación. Igual que cuando prescribimos un antibiótico explicamos cómo debe tomarlo, podemos detenernos un par de minutos para aclarar que, en ese momento, el proceso no necesita tratamiento antibiótico, pero que si en dos o tres días no mejora o aparecen determinados síntomas, puede acudir a la farmacia a recogerlo.

Los profesionales de Atención Primaria tenemos que conocer que esta estrategia funciona y que debemos administrar los antibióticos cuando realmente están indicados. La prescripción diferida es una herramienta muy ágil para utilizar en la consulta y solo requiere dedicar un par de minutos a sentarnos con el paciente y hacerlo partícipe de su proceso.

Además, hemos observado que los pacientes con los que utilizamos la prescripción diferida vuelven menos a consulta por los mismos síntomas. Al haberles explicado cómo actuar, cuando presentan otro proceso similar ya saben que deben recurrir al tratamiento sintomático y que solo tienen que venir a por el antibiótico si se produce un empeoramiento.