La increíble historia de un médico y un cura que lograron sacar de España a 800 prisioneros de un campo de concentración de Burgos

Las gestiones del médico lograron sacar a 800 prisioneros, mientras que don Roberto les dio cobijo en su iglesia de Pontevedra a la espera de ser embarcados en buques británicos
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La guerra civil española también esconde historias de héroes anónimos que se jugaron la vida para poner a salvo a personas detenidas en campos de concentración. Una de esas hazañas fue la protagonizada por Eduardo Martínez y don Rogelio cuya cooperación y valentía permitió salvar a centenares de personas recluidas en Miranda de Ebro, Burgos.
Según ha explicado Henrique Silva, profesor y divulgador de esta historia, en el programa La Ventana de la Cadena SER, el operativo comenzó con Eduardo Martínez, hijo de un militar destinado en Inglaterra. Tras estudiar Medicina en Liverpool, Martínez se convirtió en agente del MI6 y logró sacar a cientos de prisioneros del campo de concentración burgalés. Para conseguirlo, convencía a los soldados de que los internos estaban afectados por una enfermedad contagiosa y que debían ser trasladados para recibir tratamiento médico.
Del campo de concentración a una iglesia de A Lama, Pontevedra
Una vez fuera del campo, comenzaba una compleja red de escape. Los fugitivos eran conducidos a distintos puntos seguros hasta llegar a Galicia. Una de las etapas del recorrido pasaba por un salón de té regentado por Margaret Taylor, desde donde eran enviados a la finca de La Portela.
La última fase de la operación recaía en don Rogelio, párroco de A Lama, Pontevedra. El sacerdote ocultaba a los fugitivos en el desván de la casa rectoral y les proporcionaba una nueva identidad. Para evitar ser descubiertos, los hacía pasar por monjas, curas y seminaristas mientras permanecían escondidos.
Cuando las condiciones eran favorables, don Rogelio acompañaba a los refugiados hasta la costa. Allí embarcaban en pequeñas dornas gallegas que, a golpe de remo, los trasladaban hasta un barco enviado por la Royal Navy. Ese era el último tramo de una ruta secreta que les permitía recuperar la libertad.

