La pandemia priva a Martín, con síndrome de Angelman, de dar abrazos, su principal forma de comunicarse

Martín tiene cinco años y hace cuatro que le diagnosticaron el síndrome de Angelman, una enfermedad rara
Las personas que tienen esta patología acostumbran a mostrar siempre un rostro feliz y sonriente
Aparte de estos síntomas, estos pacientes muestran una discapacidad intelectual y dificultades para andar y hablar
ValenciaSi abrazar nos parece una necesidad, para Martín todavía más. Vive en la Vall d'Uixó (Castellón), tiene cinco años y a los quince meses le diagnosticaron el síndrome de Angelman, una enfermedad de las catalogadas como raras que afecta a unos 400 niños de toda España. Entre los signos de esta patología se encuentran la dificultad para caminar, discapacidad intelectual y habla mínima o ausencia total de ella.
Pero si por algo destacan los niños que padecen esta enfermedad son por sus capacidades sociales y su expresividad exterior. En el caso de Martín, su principal forma de comunicación son los abrazos y los besos, y sonríe, sonríe mucho. Mª José, su madre, explica que tanto su hijo como los otros niños que tienen este síndrome "son hipersociables". A Martín siempre le acompaña una sonrisa en su rostro, vaya donde vaya.
Por ello, esta gran capacidad para ser sociales y abrazar ha afectado al niño durante esta pandemia hasta el punto que sus padres y su tutora Arancha decidieron que lo mejor era que no fuera al colegio después de las fiestas de Navidad, como explica su madre: "Martín se pasa el día abrazando y necesita ese contacto social porque es su forma de comunicarse. Nosotros estábamos preocupados porque estaba muy expuesto".
El pequeño Martín disfruta mucho cuando va a clase. Su madre cuenta que llevarlo a un cole ordinario fue la mejor opción: "La gente ha conocido a Martín y la gente nos ayuda mucho y lo han integrado muchísimo". Arancha, su profesora, lo define como un niño "curioso, divertido, con carácter y con muchas ganas de aprender".
Cuatro años de gran esfuerzo
Cuando a Martín le diagnosticaron esta enfermedad, gateaba mucho y, según su madre, no parecía que pudiera hablar tampoco. Su familia cuenta que gracias a las terapias y a la ayuda de los profesionales poco a poco está 'venciendo' a los síntomas de esta enfermedad rara: "Ahora salta y corre mejor que yo. Es increíble".
Mª José explica que estos avances no han venido de la nada y que para ello acuden todas las semanas a un fisioterapeuta, un logopeda, un terapeuta ocupacional y a un neuropsicólogo. Pero el mejor terapeuta es su hermano Lucas, cuatro años mayor, que se ha convertido en el pilar fundamental donde el pequeño se refleja. "Lo busca más que a mí", bromea su madre.
El pequeño Martín cada vez comprende más lo que ocurre a su alrededor. Un ejemplo, como cuenta su madre, son las videollamadas que realiza con su profesora: "Cuando ve a Arancha llora, Martín cada vez siente y entiende más". Lo mismo le ocurre con el covid. Aunque Mª José explica que es complicado que entienda lo que está pasando, asegura que empieza a saber que no puede abrazar siempre que quiera ni a quien quiera.
