La víctima de la violación de Igualada habla por primera vez: "Solo he cobrado 80 euros de la indemnización; quiero ir al psicólogo y no puedo pagarlo"

La víctima de la violación de Igualada habla por primera vez cinco años después. Archivo
Compartir

Un camionero la encontró inconsciente, semidesnuda y al borde de la muerte. La joven de Igualada violada al salir de una discoteca y abandonada en plena calle inconsciente y con graves heridas habla por primera vez en El Periódico de Cataluña para contar su realidad cinco años después de los hechos. Los Mossos calificaron su agresión como la más terrible que habían investigado nunca.

Salvó la vida, pero las secuelas la persiguen. Su violador, que la abandonó pensando que estaba muerta, fue condenado a 35 años de prisión por agresión sescual e intento de asesinto y al pago de una indemnización de 332.000 euros. La joven solo ha recibido 80 euros, no puede siquiera pagarse el psicólogo y trabaja de cajera para poder pagarse los estudios.

PUEDE INTERESARTE

 Brian Raimundo era un sádico. Su madre, a la que su padre pegaba, vino a España para darle una vida mejor. No lo logró. Le echó de casa al descubrir que violaba a su hermana de solo 7 años. Varias de sus parejas le acusaron de maltrato, que también pudo recibir él de su padre. Brian, se demostró en el juicio era un sádico. Un psicópata muy violento y que no se arrepiente. Un ser aterrador. 

Lo primero que vio al despertar fue a su madre: "Te han hecho daño", le dijo

La joven reconoce en la entrevista en El Periódico que no recordaba nada cuando despertó en el hospital. Fue su madre la que dijo que la habían hecho daño, pero no quiso entrar en más detalles. Pero ella sí supo rápido que las heridas que había sufrido eran graves, su cuerpo no funcionaba. De hecho, le tuvieron que hacer una ileostomía, lo que provocó que durante casi medio año tuviera que hacer sus necesidades en una bolsita. "Me tocaba la barriga, notaba un bulto y pensaba: ¿Cómo ha pasado esto? ¿Por qué estoy así? Fue lo peor que me ha pasado en la vida. Es horrible. Indescriptible", confiesa la joven.

PUEDE INTERESARTE

Pero lo que sigue perturbando a la joven es no poder recordar qué pasó. Su mente se queda en el guardarropa, en esa llamada con su amiga que se cortó. Luego todo va a negro. Su cerebro ha bloqueado los recuerdos. Es un sistema de defensa común en el organismo, pero a ella le perturba no saber qué ocurrió, cómo pudo pasar lo que pasó.

Vivió con miedo hasta que su agresor fue detenido

Recuerda la joven que durante un tiempo, hasta que su agresor fue detenido, vivió con miedo. La agresión se podía repetir. Al principio pensó que todo había sido obra de una manada, pero luego supo que un solo hombre fue capaz de hacerle ese daño brutal. Aún le desconcierta el ensañamiento, la crueldad, pero reconoce que el alivio llegó a su vida al ser detenido.

La joven ha visto cómo la reparación, al menos económica, que le ayudaría a seguir con su vida ha quedado en nada. Su agresor se declaró insolvente. Papel mojado. Y eso ha impactado en su salud mental. La joven estuvo en terapia en Sant Joan de Déu hasta los 20 años. Después comenzó con una psicóloga de la mutua, pero la echaron por usarla demasiado. Y ahora estña empezando con el SIE (Serveis d'Intervenció Especialitzada) esperando para poder retomar la terapia.

Una adolescencia robada y un cuerpo que no olvida

Su mente ha olvidado, pero su cuerpo sí que tiene memoria, y le recuerda cada día lo que sufrió. Se lo recuerdan a diario las cicatrices, el pitido en el oído y la incapacidad de soportar la oscuridad y hacer, todavía, una vida normal sin tener miedo, sin estar en permanente alerta.

La joven sigue luchando, pero reconoce que el agresor le robó una parte de su adolescencia, ese viaje de fin de curso que se quedó sin hacer, ese día a día que ya no volverá a ser como antes. Nunca. Y queda esa culpa. Ese sentimiento que no se va, esa pregunta que hace daño: ¿por qué volviste sola con 16 años? ¿Por qué saliste de fiesta?

Pero como siempre en la vida, de la tragedia, del drama también se puede sacar algo positivo, un rastro de humanidad que su agresor demostró no tener. Y la joven lo encontró en el personal de Sant Joan de Déu y los voluntarios. Nunca olvidará cuando decoraron toda su habitación con globos por su 17 años. Y ese libro que le regalaraon. Una de las enfermeras la felicita añño tras año, no la olvida. La cuidaron, porque la trataron como lo que era, una niña de 16 años.