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La sed de venganza de Lucía da sus frutos

ghtelecinco.es
En las relaciones sentimentales como en cualquier relación interpersonal, cada uno de los componentes juega su rol.  Y es que, en nuestro comportamiento más básico no nos diferenciamos tanto de los animales, aunque dependiendo de la persona en cuestión, nos asemejamos más a una especie u otra…
Por un lado tenemos al temido león, macho dominante donde los haya. Por otro, tenemos el caso de las mantis religiosas, cuyas hembras atraen al macho para llegar al fin deseado y, aunque en escasos minutos éste cree estar al mando de la situación, en cuanto ha terminado su papel en la función, es directamente engullido por su pareja.
En nuestro caso, solemos jugar al despiste por guardar las apariencias. No tenemos mejor prueba de ello que el culebrón amoroso que se formó este fin de semana en la casa de Guadalix de la Sierra.
La mayoría de los comentarios vertidos sobre la telenovela que nos ha mantenido totalmente pegados al 24 horas apuntan hacia la misma dirección: Omar ha jugado con Paula y Lucía y ellas son unas pobres víctimas del de Carabanchel. ¡Y nada más lejos de la realidad!
Los momentos claves para hacerme cambiar radicalmente de opinión tuvieron lugar la noche del viernes –desde mi salida de Sálvame Deluxe- hasta bien entrada la mañana del sábado.
Y es que, por mucho que Omar se pase la vida pavoneándose como el gallo del corral a base de orgullo mal entendido y penosas muestras de chulería, en el fondo no es más que un ignorante que es feliz creyéndose al timón de su vida cuando no es más que una simple marioneta a manos de su novia-exnovia-novia.
No hay más que fijarse en la historia de esta pareja. Dos años de relación en la que ambos aseguran haberlo dejado 17 veces. En cada una de esas ocasiones, Lucía fue quien decidió dar por terminada la relación, y el papel de Omar siempre fue el de ir detrás de ella hasta que la retomaban de nuevo.
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La única vez que Omar se salió del rail marcado fue el domingo antes de su entrada a Gran Hermano cuando, tras discutir por una gorra y romper de nuevo, Lucía se negó en rotundo a arreglar las cosas, no quiso salir en su video de presentación ni dormir con él las noches antes de su entrada al reality, por lo que Omar dio por terminada finalmente su noviazgo con Lucía y entró en Gran Hermano 15.
Con lo que Lucía no contaba es que, en esta ocasión, su orgullo no hubiera medido bien los tiempos, ya que lejos de su alcance Omar tendría la posibilidad de dar carpetazo a su historia y comenzar una nueva. Y justo eso fue lo que hizo con Paula.
Gran Hermano le brindó la oportunidad de un nuevo comienzo y la hawaiana fue parte de esa nueva vida en la que podía decidir con quién estar, sin tener que volver de nuevo con las orejas agachadas hacia una relación tóxica. O eso creía Omar…
Lucía, acostumbrada a salirse siempre con la suya, supo jugar muy bien sus cartas, haciendo públicos una serie de mensajes de amor y traición enfocados a llamar la atención del espectador y de la organización del programa porque ¿quién no querría ver en la misma habitación al polémico triángulo amoroso? ¡Estaba claro!
Una vez logrado su objetivo y tener un pie dentro de la casa de Guadalix, Lucía, quien en un primer momento se vendía como una mujer despechada que pagaría dinero por tener la posibilidad de decir cuatro cosas a su vez, curiosamente entró en Gran Hermano como si su hubiera comido el espíritu de Leticia Sabater.
Mostró una frialdad pasmosa ante una situación en la que cualquiera habría perdido el norte, y fue destilando un buen rollismo totalmente incoherente tanto con su ex como con la que compartía cama con su chico mientras, a su vez, se vendía al resto de la casa como una chica divertida que parecía haberse tragado una gramola.
Puro y auténtico teatro más que planificado. No hay nada mejor que mantener un perfil bajo para que tu contrincante se confíe hasta dar con el momento adecuado para dar la estocada final, y eso hizo Lucía. Ella sabe mejor que nadie cuales son las teclas que tenía que tocar para que nuevamente Omar volviera a ella, sabe cómo tratarle, cuáles son sus puntos débiles y cómo hacer uso de ellos, por lo que su estrategia estaba más que facilitada.
Paso uno: indiferencia y una actitud desconcertante. El ego de Omar es indirectamente proporcional a su atractivo, y eso lo sabe bien Lucía. Si ella hubiera entrado en Gran Hermano llorando por su amor, se le hubiera vuelto en contra, ya que él se hubiera sentido el latin lover de Guadalix. Así pues, ¿qué mejor que hacerle creer que le deseaba lo mejor del mundo junto a su nueva churri?
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Una vez creada la atmósfera necesaria para que ese primer paso fuera creíble, la fiesta que tuvo lugar el viernes por la noche se convirtió en el escenario ideal para llevar a cabo la segunda etapa de su plan.
El agua con misterio comenzó a hacer su efecto y las subidas y bajadas de ánimo estaban más que justificadas. Tras bailar durante horas, tuvo una conversación a solas con Paula en la que se empeñó en dejar claro que si ella osaba a hacerle daño, ella misma se ocuparía de ir a buscarla, llegando a abrazarse con su enemiga a los ojos de Omar para demostrarle su buena fe.
Una vez hecho, cuando Omar mostró su primer signo de debilidad ante ella, Lucía comenzó a jugar el papel de víctima enamorada y totalmente desolada por su abandono. Le hizo sentirse culpable por haber rehecho su vida, le enumeró las razones por las que su relación valía la pena y debía volver con ella, y le regaló los oídos como a él le gusta, detallándole lo guapo y maravilloso que es y lo feliz que es a su lado.
Como la cabra tira al monte, Omar comenzó a replantearse seriamente si su relación con Paula llegaría a algún lado y si debía hacer de nuevo lo que su cuerpo le pedía a gritos a base de años de entrenamiento: volver con su dueña.
No con la dueña de su corazón, sino con la dueña de sus decisiones, esas que él cree que toma desde su libertad pero que están manipuladas por completo por esa mujer que decide darle la patada tantas veces como le salga de la peineta porque tiene la total seguridad de que él regresara siempre en cuanto se lo indique.
Su golpe de efecto final para derrotar por completo a Paula tuvo lugar a altas horas de la mañana durante una conversación a tres. La hawaiana se encontraba en un estado de nervios de lo más comprensible, teniendo en cuenta que había sido humillada delante de todos sus compañeros y de toda España, no habiendo tenido más remedio que esperar a su novio en una habitación durante cuatro largas horas mientras él se restregaba con su ex encerrado en el vestidor. Así, Lucía lo tuvo fácil, y ante los chillidos de Paula, la de Carabanchel derramó unas lágrimas más hasta conseguir dar por completo la vuelta a la tortilla y hacer ver a Omar que Paula era la mala de la película porque no le bailaba el agua cuando él quisiera.
La pregunta clave de Lucía fue: ¿Omar, te gusta esta tía –que ha reventado por mi culpa-? Y el otro, como acostumbra a darle la vuelva a la gorra para poder crear la energía suficiente para asegurar el mínimo funcionamiento de la única neurona que le queda, pues directamente cayó en la trampa, en vez de aceptar lo lógico, que cualquiera en la situación de Paula, habiendo sido humillado y traicionado de semejante manera, hubiera soltado sapos y culebras por la boca hasta quedarse seco.
En esta vida la maldad va por grados, y en eso Lucía se lleva la palma, mientras que Omar es de lo más básico que te puedes echar a la cara que no va más allá de liarse con una chica y saludar a cámara para celebrar su victoria sintiéndose el centro de atención de todo el mundo. Pero, ante una estrategia como la de Lucía -que ha controlado desde el minuto cero-, el de Carabanchel no tiene nada que hacer.
Y mucho menos contar con que todo este tejemaneje a manos de su ex tendrá como punto final devolvérsela. En cuanto Lucía considere que ha ganado por completo la partida, no dudará en pegar la patada a Omar delante de toda España y así humillarle públicamente tal y como ella considera que él ha hecho con ella. ¡Porque Lucía sólo se mueve por la sed de venganza!
Pero aunque ella sea mala, no significa que él no lo sea. Sobre todo, después de que a Lucía se le escapara que muchas de sus discusiones habían sido por como maltrata Omar a Rocky, quedando claro que, en su caso Rocky es su perro y él el animal. Tremendo asco e impotencia sentí al conocer esa faceta de Omar, por lo que lejos de lamentar la novia que le ha tocado, me inclino a creer en que existe un equilibro entre lo que das y lo que recibes…
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Pero, a pesar de que el comportamiento de Omar deje mucho que desear y que sólo sea un mentecato que sólo quiere que le regalen los oídos y que sus amiguetes le feliciten por su buen gusto, lo de Vitín no tiene nombre. Si fuera el amigo fiel que tanto asegura ser, nunca habría aprovechado esta situación para hacer leña del árbol caído y habría estado a su lado hasta el final. Pero claro, de esa manera no lograría asegurarse su permanencia en la casa y el favor de sus compañeros, ¿verdad?
Sin duda, la peor parada de toda esta historia ha sido Paula, quien se ha entregado desde el principio a los sentimientos que tiene por Omar y ha salido seriamente dañada por haberse enamorado de un chico que permite tener dueña. Aunque auguro que lo sucedido no será el punto y final de su relación… ¡Mi premonición es que Paula y Lucía saldrán nominadas, esta última expulsada y que tras su salida Paula volverá a caer en las redes de Omar!
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