Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

¡Confirmado!: Carlos usó el cepillo de dientes sucio

Carlos se cepillatelecinco.es
Tal como temíamos ayer, Carlos usó el cepillo de dientes que Belén y Charlotte habían pasado por el retrete, estando expuesto a infecciones intestinales y extra intestinales. La bacteria Escherichia coli, más conocida con el nombre abreviado de E. coli, puede causar diarreas hemorrágicas de gran virulencia por su agresividad, patogenicidad y toxicidad. No hay apenas tratamiento para la infección por esta bacteria presente en las aguas negras. La salud de Carlos ha sido puesta en peligro porque las dos concursantes autoras de la gamberrada no cambiaron el cepillo por uno nuevo hasta pasadas horas. Nadie les conminó a hacerlo a la mayor brevedad visto que tardaban. Tampoco fue avisado el concursante expuesto, dado que su cepillo seguía sin cambiar y fue usado.

Este hecho es de una gravedad sin precedentes. Los concursantes son trabajadores. Como tal deberían estar garantizadas las condiciones de seguridad e higiene en el trabajo. El lunes no fue así, cuando podía haberse evitado el contacto de Carlos con ese cepillo sucio. Jamás he visto nada semejante. En mi opinión, es lo más grave que nunca ha sucedido en este programa. Por tanto, era de esperar una sanción para las autoras. En muchas otras ocasiones se ha humillado a un concursante haciendo partícipes a sus compañeros de su actitud. Belén y Charlotte han robado un mechero a Fran sin consecuencia alguna. También han puesto la salud de Carlos en peligro y no solamente se ha permitido que este usara el cepillo sucio sino que ni siquiera hemos sido testigos de recriminación alguna. No estoy negando que la hubiera, pero como audiencia se nos ha negado verlo.

El sentido común exige que Belén y Charlotte sean castigadas por su actitud. No solo por la nociva gamberrada, propia de auténticos descerebrados, sino por no reparar el mal causado a tiempo, tardando horas en cambiar el cepillo por uno nuevo en su poder. El grupo debe conocer lo sucedido. También la audiencia, especialmente aquellos que votan. Anoche este tema era tratado mucho más allá de la medianoche, cuando muchos duermen ya. Tenía prioridad una interminable entrevista a un concursante que abandonó dos días antes el programa o las imágenes de una bronca ocurrida también el domingo. Argumentos todos ellos antiguos y, de nuevo según mi opinión, intrascendentes al lado de la gravedad de este suceso completamente escandaloso.

No podría entender que este grave episodio quedase sin sanción y no se diese a Carlos la oportunidad de tomar las medidas que estime oportunas ante lo sucedido. No solamente esto. La espiral de violencia verbal en la que han entrado Belén y Charlotte debería ser conocida por todos. Igualmente pienso que el programa debería parar los pies a quienes fantasean con tirar aceite hirviendo en la cara de Carlos. Es tan intolerable esta actitud como que estemos viendo repetidas una y otra vez las cosas que hace o dice Carlos, pero esto quede en el ostracismo de los que vemos el directo todo el santo día.
Cepillado
No exagero si hablo de espiral terrorífica de sinrazón y violencia verbal. Solo unas muestras bastan para demostrarlo. Son palabras dichas por Belén y Charlotte, en animada charla y la mayor parte de las veces entre sonrisas, risas o directamente carcajadas. No me vale la excusa de que eran bromas. Suavizar la realidad es para otros, yo no juego a eso. Aquí unas cuantas muestras de lo que digo:

– “Ojalá mi padre le pegue a Carlos”.
– “Me encantaría pegarle, tía. Hacerle ¡Pam! Nicolás, ¡toma! Por puto”.
– “Antes de abandonar le pego y que me echen. - “Yo no abandonaría, yo le pego hostias”.
– “Si eres hombre jódelo a un hombre… si eres hombre no puedes joder a una mujer”.
– “Hombres que se meten con una mujer, eso es maltrato”.
– “Para que Carlos se vaya tenemos que hacer que se vuelva loco, buscar discusión y provocarlo”.
– “Mi hermano pegará a Carlos y yo le pegaré a Fran”.
– “Laura sí puede darme su opinión porque es mujer, pero Fran no por ser hombre”.
– “Ya es la hora, tú me entiendes, lo tendríamos que hacer antes de irnos. Las dos juntas pegarle una paliza, y que nos echen”. – “¿Y la demanda?” – “¡La pagamos!”
– (Después de la gamberrada del cepillo) “Hoy no le hacemos nada más, ¿no?” – “No, pero se lo haremos cada día, hasta que lo echen”.
– “¿Sabes que tendríamos que hacer? Como si fuera sin querer… si te tiran aceite de freír a la cara ¿qué te pasa?” – “Que te quemas”. – “¡Y estás jodido para toda la vida!”
Ya digo que casi todas las frases van acompañadas de risas celebrando las estremecedoras barbaridades que salen por sus bocas. Charlotte y, sobre todo, Belén llevan días repitiendo de forma insistente y machacona las acusaciones de “machista” o “misógino” a Carlos. Que le llamen “viejo” es sencillamente ridículo porque no lo es. Lo más grave es la ligereza y falta de fundamento con el que le acusan de ser un “maltratador”, en ocasiones sin más y otras acompañado del añadido aclaratorio de “maltratador psicológico”. Es una acusación muy grave que puede ser denunciada, se corresponda o no con la realidad. Por lo que sabemos en este caso no es cierto, lo que reviste el hecho de una mayor gravedad.

Carlos Lozano es un personaje público cuyo prestigio puede ser socavado con acusaciones como esta. La actitud de estas concursantes puede ser letal para el futuro profesional y personal de este concursante, que tiene una hija de once años y una carrera exitosa en España y Perú. El más mínimo sentido común exige que se detenga esta escalada de acusaciones sin sentido difundidas en el directo que algunos vemos durante casi 24 horas al día. El eco mediático de todo lo que sucede en esa casa y es visto en directo aconsejaría que alguien avisase a estas concursantes de las posibles consecuencias de sus palabras.

Jamás había visto un acoso tan intenso hacia un concursante. Nunca se habían utilizado armas tan sucias para intentar ganar o, al menos, descabalgar al que hasta hace unos pocos días era favorito y hoy es probablemente el mayor candidato a la expulsión de mañana. Son tantas las acusaciones, tantas las vejaciones, que parece imposible todo. El acoso vivido dentro de la casa, que en lugar de ser mitigado aquí fuera es intensificado exponencialmente, puede terminar con el concurso del que había estado siendo gran protagonista de esto. Un fenomenal concursante que se ha echado el concurso a la espalda y al que el propio programa ha convertido en guionista principal al idear el balneario o poner las nominaciones en manos de la audiencia siguiendo iniciativas suyas. No me queda ánimo ni ganas para enojarme por lo que pasa. El tósigo, las mentiras y falsas acusaciones de algunos concursantes pueden no solamente poner a Carlos Lozano en la calle sino que su honor y buena reputación están en entredicho.
Anoche vimos en el Límite a Carlos cepillándose los dientes con el cepillo sumergido en el agua del inodoro la noche anterior. Delante de él estaba Belén, que no tenía la decencia de advertirle para que no lo hiciera, algo especialmente grave puesto que tenía en su bolsillo el cepillo nuevo. No cabe mayor tropelía. ¿Qué será lo próximo? Me compadezco de la naturaleza de alguien que hace algo así de repugnante y pudiendo pararlo no lo hace.
Tenía intención de tomarme hoy todo a broma, hacer unas cuantas coñas, aplicar la ironía (con algo de causticidad, si acaso) y tirando millas. Pero no soy capaz. Hoy no. Necesitaba sacar toda esta mierda fuera. No recuerdo un momento en que me haya sentido tan incómodo viendo en directo lo que sucede en esa casa. Anoche nadie replicaba a Carlos después de su alegato, por lo que no hubo bronca alguna. Le llevan semanas acusando de que monta pelea los días que hay programa en directo, pero son otros los que suscitan y llevan las riendas de esas peleas. Eso sí, ya de madrugada comenzaba el tradicional aquelarre en la habitación de los pájaros. Bendito el que no se revuelva ante esto. A mí me sangra hasta la úlcera que, por suerte, no tengo.

Los posicionamientos fueron anoche en negativo. Salvo Fran y Laura, el resto se pusieron detrás de Carlos. Fran lo hizo tras Sema y Laura cubriendo las espaldas de su nueva bestia negra. Una vez fuera de la casa Javier le toca a Alejandro recibir sus invectivas y protagonizar buena parte de sus confesiones. Luego los alegatos fueron de los propios nominados y solo el de Alejandro fue algo polémico, especialmente porque Laura tuvo que decir la última palabra.
Belén es testigo
Carlos era contundente al expresar su deseo de quedarse para ir sentando uno a uno a aquellos que le injurian a diario para lograr que les vayan expulsando. Puedo asegurar que en redes sociales es mayoritaria la tendencia que coincide con los deseos de Carlos. Diría incluso que de forma aplastante. Ahora bien, los votos son otra cosa, a menudo inexplicable. Alguien me recordó ayer mi primer escrito relativo a esta edición VIP. Titulaba “Una audiencia incorregible” y hoy ese título parece cobrar un sentido especial.

Soportar la larga entrevista que ayer tuvo Julián debería desgravar a hacienda. O algo. Solo por decir en la misma frase “reminiscencias” y “vicisitudes” debería haber sido expulsado del plató. O así. Julián es un presuntuoso que trufa su discurso con frases de lenguaje culto, a menudo mal usadas, para parecer más de lo que es. Escarbando un poco se ve que no hay nada de lo que parece. Anoche nos hizo comulgar con ruedas de molino respecto a su fascinación por Laura o en el asunto del vaso de ginebra, que defendió con gran brillantez y ajustándose a la realidad Ángela Portero. De no ser por colaboradores como esta periodista todo se haría más cuesta arriba. Tanto ella como Ion Aramendi y Antonio Sánchez Casado pusieron kilos de sensatez en el programa de anoche. También lo hicieron Miguel Frigenti, Isabel Rábago y Mireia Canalda el domingo. Gracias a todos ellos.

Personalmente, dejaré que Julián siga en su burbuja de irrealidades. Sé perfectamente lo que dijo sobre Laura y ahora niega. También que cuando dijo lo del vaso de ginebra pensaba en Carlos. Aunque sobre esto último sí tengo algo más que añadir. Pongamos que yo soy suficientemente imbécil como para creerme lo que ahora dice. Vale, ya está. Pues bien, sigo atónito pensando el interés que podía tener Julián en descubrir a un supuesto alcohólico en la casa.

En el caso de que beberse un culo de ginebra haga alcohólico a alguien, lo cual es sencillamente una aberración, ¿qué pasa si había alguien con problemas de alcoholemia? ¿Acaso era necesario que destaparan algo así Julius y Julián? Julián mintió al afirmar repetidamente que no había dicho lo de la trampa para ratones. Vale, no pasa nada. Ahora bien, pensemos seriamente: ¿Julián investigando y descubriendo adicciones ajenas? ¿De verdad?
Moleskine del gato
Porcentajes ciegos
Los porcentajes ciegos han dado vuelco desde el domingo. Presumiblemente Carlos es ahora el más votado. Lo han conseguido. Anoche iban así: 38,8 %, 56,4 % y 4,8 %. Es especialmente lacerante que Carlos pueda ser expulsado contra Sema, un concursante vulgar e impostado que no tiene ni puñetera gracia.

Y, como diría mi querido Tomás Blanco: Id por lo segao.

#TodosConCarlosLozano