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Mª Elena sabe de la atracción de su nieto por Lidia, ver cómo una maceta caía del balcón mientras Jacobo miraba a su vecina fue suficiente. Por eso decidió pasar a la acción: llamó a Lidia, les dejó solos en casa y compró preservativos. Lidia parecía atraída por él, pero cuando parecía que iba a besarle solo le propuso una cita: “cuando tengas partido llámame, me gustaría verte jugar”, le decía.























