Clea Fitz-James Stuart, familia del duque de Alba, revela su adicción a las drogas: "Estoy viva de milagro"

El renacer de Clea Fitz-James Stuart, familia del duque de Alba, tras su adicción a las drogas. @cleafjs / Informativos Telecinco
  • Clea es hija de Luis Esteban Fitz-James Stuart y sobrina segunda del actual duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart

  • Ahora ha revelado que durante los últimos años ha estado luchando contra una adicción a las drogas

  • "Llevaba cuatro días en la cama, parecía una heroinómana", se ha sincerado

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"Estaba completamente desahuciada, llevaba cuatro días en la cama y parecía una heroinómana. Lo único que veía en mi futuro era morirme". Así de sincera se ha mostrado Clea Fitz-James Stuart, que ha desvelado su adicción a las drogas en el nuevo episodio del podcast 'Charlas adictivas', presentado por Ruy Arroyo.

Ella es hija de Luis Esteban Fitz-James Stuart y sobrina segunda del actual duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart. De este modo, pertenece a la familia Alba, una de las más reconocidas y de más abolengo en España.

Su vida, pese a estar rodeada de todo tipo de lujos y privilegios, no ha sido fácil. Ha sido diseñadora de moda, agente inmobiliaria, artista y es madre. Pero durante más de 10 años ha estado marcada por su adicción a las drogas, el problema más difícil de su vida que casi le cuesta la vida y por el que ha tenido que ir a terapia. Porque necesitaba salir de ese agujero. De ese pozo sin fondo. Ahora, después de 12 años "limpia", ha querido hablar sobre ese infierno del que consiguió salir.

"Estoy un poco nerviosa, porque esto de las cámaras a mí se me da regular, pero creo de verdad que es importante que hagas este trabajo por muchos de nosotros. La divulgación es esencial y lo necesitamos", comenzaba.

La sobrina segunda del duque de Alba ha afirmado que, debido a su brutal adicción, ha tenido que ir "a montón de de psicólogos, psiquiatras y gurús", y que incluso su anterior novio "me hizo un exorcismo".

Tenía 17 años cuando se tomó su primera copa, y se dio cuenta de que le sentaba "peor que al resto". "Tenía lagunas antes que el resto, empecé a hacer cosas con las que no me sentía identificada. Cada vez tengo más claro que soy adicta de nacimiento, por traumas infantiles o lo que sea, yo he sido adicta de siempre", ha afirmado. Fue entonces cuando comenzó su caos con las drogas y se adentró en un mundo lleno de oscuridad.

"Estoy viva de milagro. Pero no solo por el consumo, sino porque también me he metido en situaciones bestiales. Mis amigos eran narcotraficantes. He estado en unos antros y en unas casas con gente con pistolas como si fuera normal".

Clea nunca quiso ver la realidad. Ella creía que tenía algún tipo de enfermedad y, tras años inmersa en las drogas, su objetivo era "intentar morirme, porque no quería seguir así, no podía más". Asimismo ha subrayado que era todo "una puta mierda" y que "no tenía nada, pero nada fuera ni nada dentro. Yo no sabía lo que era real, lo que estaba bien o lo que estaba mal".

Muchos años después, y tras la ayuda de alguno de los pocos amigos y seres queridos que se quedaron a su lado en esta difícil situación, conoció a un terapeuta que le indicó que tenía que ingresar en una clínica. "Para mí no fue complicado tomar esa decisión porque no tenía alternativa. La otra era morirme". Y ahí comenzó su arduo proceso de desintoxicación.

"Yo realmente lo pasé muy mal casi desde el principio. Estuve un mes un poco decente porque estaba como en una nube rosa. Pero después tenía el cerebro completamente destrozado, no sabía quién era ni lo que sentía. Empecé a darme cuenta de todo lo que había hecho y del tiempo que había perdido y pensé '¿qué coño he hecho los 10 últimos años de mi vida?'", ha aseverado, declarando también que "nadie confiaba en que fuera a salir".

"Tenía 36 años y no tenía nada que me importara (...). Estuve meses que no dormía más de dos o tres horas al día. Lloraba todas las noches, pesaba 40 kilos. Me acuerdo que le dije a mi madre: 'Lo siento, no aguanto más, me quiero morir y solo necesito saber si tú vas a estar bien, porque yo no lo aguanto'. Estuve cuatro años perdida. Me tuvieron que medicar".

Pese a la 'pesadilla' de su vida, continuó evolucionando "con esa fuerza de voluntad porque sabía que no tenía otra opción. Siempre ha sido: 'Voy a tirar para adelante porque no hay nada detrás'. Luego empecé a pensar de una manera más coherente, con mucha ayuda", ha aclarado. Ahora sigue yendo a terapia. "Yo quería estar en paz conmigo misma, y lo he conseguido".

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