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El espectacular ático en Roma que Catherine Zeta-Jones ha regalado a Michael Douglas

Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones
Michael Douglas y Catherine Zeta Jones, a prueba de bomba. Getty Images
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Hay regalos que dicen más que cualquier declaración pública, como por ejemplo el que acaba de hacerle Catherine Zeta-Jones a Michael Douglas. Según revela el Daily Mail, la actriz galesa habría comprado un espectacular ático multimillonario en Roma para su marido, un detalle cargado de simbolismo para una pareja que, después de más de un cuarto de siglo juntos, sigue manejando su historia de amor con una mezcla muy peculiar de sofisticación clásica y complicidad a prueba de titulares.

La propiedad, situada en una de las zonas más exclusivas de la capital italiana, en el interior de un palacio histórico cerca de la antigua Piazza Navona, ofrece unas impresionantes vistas a la Basílica de San Pedro del Vaticano. Al parecer, el oscarizado actor vio la casa por primera vez hace tan solo unos días. De hecho, la pareja fue captada por los fotógrafos cuando se dirigía a la misma tratando de pasar desapercibida.

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De Mallorca a la 'ciudad eterna'

La protagonista de 'Chicago' tenía apalabrado el ático desde el pasado mes de noviembre y desde entonces había ido decorándolo a su manera, incluyendo en varias de las estancias algunas obras de arte y otros objetos de valor, según recoge el tabloide británico. El regalo también encaja con su conocida pasión por Europa. La pareja divide desde hace años su vida entre EEUU y enclaves mediterráneos, especialmente Mallorca, donde poseen una histórica finca frente al mar. Ahora Roma se suma a ese mapa emocional.

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A sus 56 años, la actriz galesa parece vivir uno de sus momentos más sólidos, con esa mezcla de magnetismo clásico y seguridad absoluta que siempre la ha distinguido. Michael, a los 81, aún mantiene la presencia legendaria que lo convirtió en uno de los actores más admirados de su generación.

Una pareja que lo ha aguantado todo

Cuando comenzaron su relación a finales de los noventa, muchos apostaban a que la diferencia de edad —25 años— sería un obstáculo insalvable. Se equivocaron. Lo suyo se consolidó a una velocidad sorprendente. Se conocieron en el Festival de Deauville en 1998, se comprometieron poco después y en 2000 celebraron una boda fastuosa en Nueva York que fue presentada como uno de los grandes enlaces del año.

Desde entonces han atravesado prácticamente todo lo que puede poner a prueba una relación larga. La durísima batalla de Douglas contra el cáncer, los problemas de salud mental que Catherine afrontó con una franqueza poco habitual entre las estrellas de su generación, y aquel distanciamiento temporal de 2013 que alimentó rumores de ruptura definitiva. Pero, lejos de quebrarse, terminaron reencontrándose con una versión más sólida de su vínculo.

Quizá por eso la compra de este ático romano tiene algo de refugio escogido, de escenario para una nueva etapa. Después de criar a sus dos hijos en común hijos —Dylan y Carys, ya plenamente adultos— y tras décadas de agendas cruzadas, estrenos y compromisos profesionales, todo indica que Catherine y Michael están entrando en ese momento vital en el que el lujo deja de ser ostentación para convertirse en calidad de tiempo.