Helen Mirren comparte el consejo sobre envejecer que le dio su madre

La actriz de 80 años reflexiona sobre el temor al paso del tiempo en el Festival de Taormina
Helen Mirren y el paso del tiempo: "A la mierda, estoy viva, estoy trabajando y puedo beber una copa de vino"
A sus 80 años, Helen Mirren sigue demostrando que la edad puede convertirse en un magnífico ejercicio de libertad. La actriz británica, homenajeada recientemente en el Festival de Taormina con un premio a toda su trayectoria, volvió a reivindicar una idea que lleva años defendiendo y que aprendió en casa, mucho antes de convertirse en una estrella internacional.
La protagonista de 'The Queen' ha revelado en una entrevista a 'Vanity Fair' en el marco del festival el sabio consejo que le dio su madre para afrontar el miedo a cumplir años: ‘No te preocupes por envejecer... al final, la balanza se equilibra. Y está bien que sea así".
“Descubres que, a medida que avanzas por la vida, pierdes algunas cosas, pero ganas otras. Pierdes la belleza de la juventud, sí, pero a cambio obtienes otras muchas”, señalaba Mirren al profundizar en el significado de la madurez.
En otra entrevista publicada en 'Vogue' años atrás, la intérprete incidía en que nunca hay que temer hacerse mayor, porque cuando llegas a la edad que de joven te parecía terrible, descubres que en realidad está llena de cosas buenas y que no deseas volver atrás. Simplemente, disfrutas de una versión más segura, más libre y más interesante de tí mismo.
Cumplir años como un privilegio
Mirren no suele recurrir a discursos edulcorados sobre el paso del tiempo. Al contrario, habla del envejecimiento con una mezcla de pragmatismo y entusiasmo que resulta refrescante. "Ni me siento llena de juventud ni tengo espíritu joven. Mi espíritu tiene exactamente la misma edad que yo", decía en el podcast Brave New World. "Tal vez soy positiva y disfruto de las cosas, tal vez estoy sana, pero eso no es ser joven, eso es ser exactamente quien eres", agregaba.
En otra charla con 'Allure', al ser preguntada sobre cuál era la mejor parte de haber cumplido 80 años, ella no dudó en responder que todo le parecía fabuloso. "¡A la mierda! Estoy viva, trabajo, puedo tomarme una copa de vino, maquillarme, escuchar música, contemplar una hermosa puesta de sol, ir al teatro, ver una película, darme un atracón de series y vivir la vida. Es maravilloso".
Contra el edadismo y la obsesión por la juventud eterna
La actriz nunca ha ocultado su incomodidad ante una industria que durante décadas identificó belleza con juventud. Como embajadora de L'Oréal Paris ha celebrado que la representación de mujeres maduras sea hoy mucho más amplia que hace unos años, aunque considera que todavía queda camino por recorrer.
"La emancipación de las mujeres es hoy más importante que en ningún otro momento de los últimos 60 años. Cada vez que las mujeres tuvieron acceso al poder, a la independencia económica y a la influencia política, no siempre, pero muy a menudo, la vida mejoró”, explica en la mencionada entrevista con 'Vanity Fair'.
Tampoco está de acuerdo con la condescendencia que implican frases como 'qué bien estás para tu edad' que reciben las mujeres en la edad madura. "Odiamos ese cumplido. Realmente lo odiamos. Y si usas esa frase prepárate para que te menosprecien de manera importante”, subrayaba en 'Harper's Bazar'.
Su crítica va incluso más allá del mundo de la estética. Hace unos meses cuestionó abiertamente la creciente obsesión tecnológica por alargar indefinidamente la vida o "vencer" al envejecimiento. En su opinión, la verdadera longevidad consiste en mantenerse activo, curioso y participativo el mayor tiempo posible, no en perseguir la fantasía de permanecer físicamente joven para siempre.
Por eso tampoco presume de grandes rituales antiedad. En varias ocasiones ha contado que intenta comer alimentos frescos, practica unos minutos de yoga cada día y disfruta experimentando con cosméticos porque le divierten, no porque aspire a borrar el paso de los años. Al fin y al cabo, aquella frase que escuchó de su madre sigue teniendo plena vigencia. Cada edad trae renuncias, pero también descubrimientos inesperados.
