Antonio Banderas y el infarto que le cambió la vida: “Es lo mejor que me ha pasado"

El actor malagueño confiesa que "fue como si me hubieran puesto unas gafas para ver una realidad que antes no veía"
El día que Antonio Banderas hizo llorar a Meryl Streep contándole lo que aprendió de su infarto
Algunas experiencias pueden cambiarle a uno la vida. Para Antonio Banderas, el infarto que sufrió en enero de 2017 es una de ellas. El actor malagueño, de 65 años, asegura ahora que fue el acontecimiento que le obligó a detenerse, revisar sus prioridades y empezar una nueva etapa. “Es lo mejor que me ha pasado en la vida”, afirma en una entrevista concedida a 'People'.
Banderas sufrió el infarto en su casa de Surrey, en Inglaterra. La rápida actuación de su pareja, Nicole Kimpel, que le administró una aspirina antes de la llegada de los servicios de emergencia, fue decisiva. Posteriormente fue intervenido y los médicos le implantaron tres stents coronarios.
Aquel episodio le permitió comprender qué era realmente importante. "Siempre tienes presente que vas a morir, pero cuando lo tienes tan cerca, es un recordatorio increíblemente claro de lo estúpido que es perder el tiempo en cosas que no merecen estar en tu vida (...) Fue como si alguien me hubiera puesto unas gafas para poder ver una realidad que antes no veía", cuenta en la entrevista.
Apenas unos meses después del infarto ya reconocía que llevaba demasiado tiempo viviendo “montado en un camión de adrenalina”. En una entrevista con 'El País' confesó que su corazón terminó diciéndole “basta” después de años de un ritmo que él mismo definía como “no normal”. “No recordaba lo que era descansar”, admitía entonces.
Después de décadas de rodajes, viajes constantes y una intensa actividad profesional, decidió regresar definitivamente a Málaga, donde ha encontrado un equilibrio que antes parecía imposible. Allí concentra buena parte de su energía en el Teatro del Soho CaixaBank y disfruta de una rutina mucho más ligada a su ciudad y a los pequeños placeres cotidianos
Apagar el último cigarrillo
Si hay una decisión que simboliza ese antes y después es el abandono del tabaco. Banderas era fumador desde hacía años y nunca había conseguido dejar el hábito. Sin embargo, el infarto provocó un cambio radical.
“Si algo bueno ha tenido esto es que he dejado de fumar de sopetón, sin necesitar pastillas ni nada por el estilo. ¡Se acabó!”, contaba pocas semanas después del episodio cardiaco. Desde entonces ha repetido en distintas entrevistas que abandonar el tabaco fue una de las primeras medidas que adoptó para proteger su salud cardiovascular y que nunca ha tenido intención de volver atrás.
Más ejercicio y menos excesos
La actividad física también pasó a formar parte de su nueva rutina. El actor comenzó a hacer ejercicio de forma regular por recomendación médica, no solo para cuidar el corazón, sino también para aliviar sus problemas de espalda y controlar el estrés.
Con el paso de los años ha ido detallando algunos de esos hábitos. Entre ellos figura salir a correr con frecuencia, además de mantener una actividad física constante adaptada a su estado de salud.
Una dieta más mediterránea
La mesa también cambió. Banderas ha contado que redujo de forma muy importante el consumo de carne roja y que procura seguir una alimentación inspirada en la dieta mediterránea, rica en verduras, pescado, aceite de oliva y productos frescos. Además, disfruta cocinando, una afición que considera parte de esa nueva forma de entender la vida, más pausada y consciente.
El mayor cambio, en la cabeza
Sin embargo, quienes han seguido las declaraciones del actor durante estos años saben que la transformación más profunda no ha sido física. En 2019 explicaba que el infarto le dejó “una reflexión muy fuerte sobre la fragilidad de la vida” porque había visto “la guadaña de la muerte muy de cerca”.
Aquella experiencia cambió incluso su manera de interpretar, hasta el punto de que Pedro Almodóvar le comentó que percibía una expresión diferente en su rostro durante el rodaje de 'Dolor y gloria'. “Con el infarto me cambió hasta la cara”, llegó a decir.
Paradójicamente, el episodio más delicado de su salud terminó convirtiéndose en el punto de partida de una vida que él mismo considera mejor. A veces, el mayor cambio no empieza cuando el corazón falla, sino cuando obliga a escuchar lo que el cuerpo llevaba demasiado tiempo intentando decir.
