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George Clooney, el hombre elegante a los 65 en Venecia: "Todo me resulta melancólico, pero la vida es bella"

George Clooney, el león elegante en Venecia. Getty Images
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George Clooney, la última estrella de Hollywood en su sentido más clásico, llega a los 65 años con un León de Oro en la mano y una idea bastante poco solemne de lo que significa una vida de éxito. El Festival de Venecia le entregó su máximo reconocimiento después de casi tres décadas de relación con el Lido, desde aquella primera visita en 1998 con 'Un romance muy peligroso'. El actor y director recibió el premio honorífico entre bromas sobre su edad y con el agradecimiento dirigido a las personas que han acabado importándole más que cualquier estatuilla.

Porque si hubo una protagonista sentimental en su paso por Venecia fue Amal Clooney. No solo porque la abogada y activista le acompañó en la alfombra roja, sino porque la ciudad sigue siendo el escenario de uno de los capítulos esenciales de su vida. Allí fue donde se casaron 2014. "El momento más bonito que he vivido aquí fue mi boda”, dijo ante la prensa.

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En la ceremonia del León de Oro, el actor fue todavía más personal. “No tengo palabras para describir cuánto amo a mi mujer. Lo orgulloso que estoy de ella”, afirmó, para después incorporar a la ecuación a sus hijos, los gemelos Ella y Alexander, que tienen nueve años y, bromeó, son las dos únicas personas del mundo que piensan que estuvo bien haciendo de Batman.

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La familia adquirió en 2021 una propiedad y una zona de viñedos en Brignoles, en el departamento del Var, al suroeste francés, y ahí suelen pasar mucho tiempo. La paternidad también explica que Clooney haya reducido su actividad como director porque rodar una película puede mantenerle un año lejos de casa, mientras que rodar como actor suele ocupar unos tres meses y puede volver entre jornadas. “La única razón por la que no estoy dirigiendo, aunque me encanta hacerlo, es que tengo dos hijos de nueve años”, explicó.

El ganador del Oscar por 'Syriana' ha aceptado que hay etapas que cambian y que la vida profesional tiene que acomodarse a ellas: “Hay que aceptar el cambio y decir: esta es una faceta que ya no podré desarrollar”.

De actor bien pagado a hombre anuncio

Tampoco es que le haga falta más dinero. Su fortuna se explica primero por su carrera como actor, productor y director, con películas como 'Ocean’s Eleven', 'Michael Clayton', 'Gravity' o 'Up in the Air'; pero hay una operación empresarial que cambió por completo la dimensión económica de su patrimonio. En 2013 fundó Casamigos junto a Rande Gerber y Mike Meldman y, cuatro años después, Diageo acordó comprar la marca de tequila por hasta 1.000 millones de dólares. Según Forbes, aquello le reportó al cineasta uno 233 millones.

A eso se suman décadas de contratos publicitarios, entre ellos su conocida relación con Nespresso, además de acuerdos con otras marcas como Omega. Es decir, su patrimonio no procede simplemente de cobrar grandes cachés cinematográficos, sino de haber convertido su imagen en un activo comercial.

La economía de Amal es de otra naturaleza. Antes de convertirse en la señora Clooney ya había construido una carrera propia como abogada especializada en derecho internacional y derechos humanos. Es barrister de Doughty Street Chambers y está reconocida por los principales directorios jurídicos británicos como una profesional destacada en su especialidad.

Cuando había que pagar el alquiler

La imagen actual (el lago Como, Venecia, hoteles históricos y trajes impecables) tiene poco que ver con los primeros años de Clooney en Los Ángeles. Y él mismo se encargó de recordarlo en Venecia. Tras llegar a California en 1984, pasó alrededor de una década enlazando pequeños papeles y proyectos que no terminaban de despegar. Llegó a rodar 15 pilotos televisivos que nunca llegaron a convertirse en series.

"La mayor parte del tiempo solo intentaba pagar el alquiler y evitar volver a Kentucky a trabajar en el tabaco", resumía para dejar claro que aunque pudiera parecer que su carrera había seguido un plan, nunca fue así. De hecho, su trayectoria, añadía, ha sido en gran medida una sucesión de “accidentes felices".

El éxito llegó realmente con 'Urgencias' en 1994, cuando Doug Ross convirtió al actor de Kentucky en una estrella internacional. Después vendrían 'Abierto hasta el amanecer', la mencionada 'Un romance muy peligroso', 'O Brother', la franquicia de Ocean y una segunda vida profesional como productor y director.

Envejecer sin esconderse

A los 65, Clooney tampoco parece dispuesto a representar el papel de hombre que no envejece. Su aspecto ha cambiado y él lo reconoce con una mezcla de ironía y aceptación. En Venecia convirtió incluso su dentadura en material humorístico. “Tengo 65 años, todo me resulta melancólico”, dijo. “Te lavas los dientes y piensas que antes eran mucho más bonitos”. La frase resume bastante bien su manera de afrontar el paso del tiempo, con conciencia pero sin convertirlo en tragedia. Porque, después de todo, "la vida es bella".

También ha experimentado con su propia imagen. Para su debut en Broadway con la adaptación de 'Buenas noches, y buena suerte', llegó a teñirse el pelo para interpretar a Edward R. Murrow, pero él mismo reconoció después que aquel cabello oscuro sobre las canas no le gustaba demasiado.

Más que perseguir eternamente la apariencia del galán de los años 90, Clooney ha asumido que las canas forman parte de la persona que es ahora. Hacerse mayor, al fin y al cabo, también implica aprender a aceptar que determinados papeles ya no serán para uno y que las prioridades cambian.

El hombre que hizo del traje una segunda piel

Lo que no cambia es la elegancia natural. El charm innato. Su fórmula no necesita demasiados experimentos, y en Venecia volvió a quedar claro. Esmoquin negro, traje impecablemente cortado, camisa blanca, zapatos clásicos y una actitud que hace que la ropa parezca una extensión natural de quien la lleva.

Su importancia como icono masculino está precisamente en que nunca ha necesitado vestirse como un icono. Ha cultivado durante décadas una elegancia sobria, muy relacionada con la tradición de Hollywood, en la que importan más el corte, la proporción y la calidad que las tendencias. El resultado es una estética particularmente resistente al paso del tiempo. Si a los 65 sigue funcionando es porque nunca dependió demasiado de parecer joven.

Un optimista preocupado

El Clooney que ha regresado a Venecia no es solo el galán que recibe un premio por una carrera extraordinaria. Es también un hombre preocupado por el momento político que vive EEUU, por la concentración de los medios en manos de grandes fortunas y por una inteligencia artificial que hará cada vez más difícil distinguir lo verdadero de lo falso. "Me gustaría evitar que hubiera anuncios conmigo veinte años después de mi muerte", bromeaba de nuevo con su ironía particular.

Pero, pese a todo, Clooney sigue siendo optimista. Sigue creyendo que las cosas pueden ir a mejorar. En ese sentido recordó el año 1968, un periodo que en EEUU estuvo marcado por la violencia, los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy y una profunda crisis política. Y se superó. En su opinión, hay que seguir confiando en las instituciones, la participación y las elecciones. "Creo que en el fondo tenemos suerte. Creo que superaremos todo esto”, zanjó, sin mencionar en ningún momento a Donald Trump pero dejando perfectamente claro a quien se refería.