José Sacristán, sobre su infancia: "Vengo de una familia de campesinos. Dejé de estudiar a los 13 años"

José Sacristán, sobre su infancia. Europa Press
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A sus 88 años, José Sacristán es considerado como una verdadera joya del cine español, tanto por su talento en la televisión, el cine y el teatro, como por su talante y conocimiento infinito. Sin embargo, toda su vida no ha sido de camino de rosas, sino que no ha tenido una infancia fácil.

Una infancia marcada por la posguerra y donde ser actor no entraba dentro de sus planes porque la cartilla de racionamiento y la ruina eran dos preocupaciones que no le dejaban pensar en un futuro de éxito y brillo como ha acabado teniendo. Su padre fue encarcelado por el régimen franquista y esa ausencia estuvo marcada durante sus apenas seis años. Su madre, recoge el medio ‘Diez Minutos’, no estaba presente porque iba y venía buscando comida, ropa o ayuda.

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Su abuela, “la madre de su madre” ejerció de madre, y su tío ejerció su padre y ellos fueron las figuras referentes que tuvo en su infancia según confesó en ‘Palo y Astilla’. Y ahora, tras ganar el premio de reconocimiento a su carrera en la Universidad de Barcelona ha confesado que con tan solo 13 años dejó sus estudios y con ellos, la esperanza de un futuro brillante, para sacar a su familia hacia delante.

Así decidió y comenzó a formarse

Sin esperanzas de un futuro y sin tener nada que llevarse a la boca. Así comenzó José Sacristán el mundo laboral a pesar de “no haber tenido acceso a un aula en condiciones. Eran colegios en los que los curos te inflaban a hostias, pero te daban de comer. Ser reconocido por una universidad, cuando voy a cumplir 89 años dedicado al mundo de la cultura y al espectáculo, es muy gratificante”.

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La relación con su padre fue difícil a pesar de que estuvo trabajando de mecánico con él, pero durante esos años el ya tenía caro que quería ser artista, algo que era casi impensable de comunicar a su familia. Aprovechó el servicio militar para formarse y empezar a leer libros que no tenía a su alcance, además de conocer a gente que sí que pudo estudiar.