Propósitos alimentarios de año nuevo: repasamos los errores comunes y cómo evitarlos

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A comienzos de año es habitual plantearse nuevos propósitos alimentarios… y también es muy habitual que fracasen. A continuación recopilamos algunos de los errores más comunes y te contamos qué puedes hacer para tratar de evitarlos.
Es normal que con el nuevo año queramos plantearnos nuevos propósitos para tratar de mejorar nuestra vida. Generalmente estos tienen que ver con la alimentación, entre otras cosas, porque el mes de diciembre está cargado de comidas abundantes. Así que en enero la prioridad para muchas personas es comenzar una nueva dieta para tratar de “depurar el cuerpo” y adelgazar. Pero esto no suele salir bien porque caemos en algunos errores que nos lo ponen difícil.
Los errores más comunes:
Podríamos decir que los errores más comunes se resumen en unos pocos puntos:
Tratar de “compensar los excesos”
Como acabamos de mencionar, cuando empezamos a seguir una dieta a comienzos de año, uno de los objetivos que perseguimos es el de “limpiar el cuerpo” tras los “excesos” navideños.
Es decir, intentamos seguir unos patrones compensatorios. Pensamos “como hemos comido mucho, ahora tenemos que compensar comiendo poco y machacándonos en el gimnasio”. Pero esto es un error. No debemos entender nuestros hábitos de ese modo porque esto nos puede llevar a mantener una mala relación con la comida que puede desembocar en trastornos de la conducta alimentaria (atracones, anorexia, bulimia, etc.) y en malestar físico y psicológico.

Centrarse en el peso
Otro de los objetivos habituales cuando nos planteamos una dieta a comienzos de año es el de bajar de peso. Esto en sí mismo no tiene por qué ser negativo. Pero suele serlo porque priorizamos esa meta como el objetivo principal. Además, a menudo queremos lograrlo a cualquier precio, aunque para ello haya que seguir dietas imposibles que nos causan sufrimiento y malestar, y que pueden poner en riesgo nuestra salud; por ejemplo, pasar una semana a base de sopa de verduras o saltarnos varias comidas a pesar de estar muriéndonos de hambre.
Seguir dietas imposibles
Existen cientos o quizá miles de dietas “milagro”, que prometen beneficios extraordinarios, como bajar de peso de forma rápida y sin apenas esfuerzo: la dieta de la piña, la de la luna, la del delfín…
Todas tienen algunas características en común. Por ejemplo, son muy restrictivas, es decir, se basan en ingerir muy pocas calorías, lo que explica que se logre una rápida pérdida de peso.
Otra característica en común es que no son sostenibles en el tiempo, ya sea porque resultan monótonas, porque nos hacen pasar hambre… y, en definitiva, porque nos lo hacen pasar mal.
Como consecuencia, acabamos abandonándolas.
Pero la cosa no acaba ahí porque además tienen efecto rebote. Como eran dietas muy restrictivas, el organismo se adapta reduciendo el gasto energético y aumentando el apetito. Por eso, cuando se abandonan, es fácil recuperar el peso perdido e incluso ganar más.
Compartimentar la salud
Solemos entender la salud por temporadas. La descuidamos en verano, navidades y otras fechas festivas, mientras que en el resto de las épocas del año sí nos preocupamos por ella, a menudo tratando de compensar esos “excesos”, tal y como mencionamos antes.
Pero la salud no funciona así, sino que se construye con hábitos que convendría mantener a lo largo del tiempo.

Cómo evitar los errores más comunes:
A partir de todo lo que acabamos de mencionar, podemos imaginar cómo tratar de evitar algunos de esos errores. Por ejemplo, deberíamos evitar los comportamientos compensatorios y los sentimientos de culpa. Si consideramos que durante las fechas navideñas hemos comido y bebido más de la cuenta, no deberíamos tratar de compensarlo en enero con dietas restrictivas y con ejercicios extenuantes.
Se trata simplemente de seguir con unos hábitos deseables: actividad física y una dieta adecuada, basada principalmente en alimentos frescos o poco procesados (verduras, hortalizas, legumbres, huevos, etc.).
Tampoco es buena idea centrarse exclusivamente en el peso. La prioridad debería ser la salud física y mental, y en definitiva, nuestro bienestar.
Si creemos que necesitamos seguir una dieta por el motivo que sea, conviene evitar las dietas “milagro”. En su lugar, lo recomendable es acudir a un profesional sanitario, en este caso a un dietista-nutricionista.

No se trata de hacerlo perfecto, sino posible
En definitiva, muchas veces esos nuevos propósitos fracasan porque se basan en objetivos poco realistas y mal planteados; por ejemplo, a menudo son vagos o extremos: “comer perfecto”, “no volver a comer dulces” o “ir al gimnasio todos los días”.
Pero debemos tener en cuenta nuestras circunstancias para ser más realistas y, sobre todo, para no sentir que incumplir puntualmente uno de esos planes se viva como “un fracaso total”.
Así, en lugar de grandes propósitos, suele ser más eficaz plantear cambios pequeños, concretos y progresivos; por ejemplo, si bebíamos tres cervezas cada semana, intentar beber solo una; si no comíamos nada de fruta, intentar comer alguna pieza cada día, etc.
