Alimentación

Madre e hija, al frente de una empresa de ibéricos: "Siguen preguntando por el hombre"

Carmen Curto y Carmen Hernández, madre e hija al frente de Ibéricos Montellano. Cedida
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Son casi 40 los años que lleva Ibéricos Montellano en pie, una empresa que sigue en manos familiares, con Carmen Hernández y sus hijos Carmen y Manuel Curto a la cabeza de la gestión de la empresa. La tradición por los productos ibéricos viene de lejos, ya que la matriarca es hija y nieta de fabricantes de embutidos, una experiencia que más tarde utilizó para montar Ibéricos Montellano junto con su difunto marido, Manuel Curto, en 1988.

Mujeres en un mundo de hombres

Cuatro décadas en las que han conseguido sostener una de las mayores empresas de ibéricos de nuestro país, quedando todo en familia y con mujeres liderando el proyecto. Madre e hija son conscientes de que no es la ‘norma’ que sean mujeres las que gestionan un proyecto de embutidos, especialmente Carmen Hernández, quien confiesa haberse enfrentado al machismo en el sector desde finales de los 80.

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“En general es un negocio bastante machista”, comienza diciendo Carmen Hernández a sabiendas de que su madre tiene un mayor conocimiento sobre esto. “Mis padres no me llevaban a la fábrica por el simple hecho de ser mujer”, explica la matriarca, que al principio hizo lo que se esperaba de ella: estudiar una carrera. Sin embargo, tras años ejerciendo de profesora, comenzó a plantearse el dedicarse al mundo de los embutidos, como al final hizo al montar Ibéricos Montellano junto a su marido.

A pesar de que han pasado cuatro décadas, Hernández comenta que este aspecto ha cambiado, pero más bien poco. Ya cuando empezó con el negocio, pese a llevarlo junto a su marido, recuerda que la miraban de otra manera. “Ser mujer te condiciona y no te ven como fabricante, te ven como la mujer, pero no como fabricante. Cuando ves a ganaderos preguntan por el hombre”, relata.

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Un trabajo sacrificado

En todo caso, en familia han conseguido consagrar su empresa de embutidos a lo largo de los años con “esfuerzo y sacrificio. Empezamos con muy poco género, haciendo longanizas y chorizos”, mientras que poco a poco ampliaban la producción.

El sacrificio es clave para que la producción salga bien. “Requiere de mucho esfuerzo porque una fábrica de jamones y embutidos es difícil de llevar, en el sentido de que tienes que estar todo el día pendiente, sea sábado, domingo o noche, para controlar cómo tienes las ventanas. Si hace calor hay que cerrarlas, pero si hay humedad también, mientras que si hace aire fresco y seco hay que abrirlas”, indica Carmen Curto sobre los procesos de curación por los que pasan sus jamones.

En este sentido, sostienen que este invierno ha sido complicado. “Ha llovido en exceso y eso para abrir las ventanas es malo porque la humedad no es buena para el embutido. Hay que airear bien todos los secaderos para que el jamón respire, es importante que tome aire fresco. Es una inversión difícil porque no ves que el dinero vuelva hasta tres o cuatro años después, cuando vendes los jamones”, comentan madre e hija.

Madre e hijos, trabajo mano a mano

Trabajar en familia, comentan entre risas, no siempre es tarea fácil porque “te llevas los problemas a casa. A veces discutes, otras veces te entiendes. Y lo que sí vemos claro es que hay un objetivo final, que la fábrica vaya lo mejor posible y que nos entendamos lo mejor posible”, exponen las empresarias.

En esta ecuación también está su hijo y hermano, Manuel Curto, por lo que a veces pecan de la confianza que se tienen para comentar determinadas cosas referentes a la empresa, algo que consideran que “por una parte es bueno y por otra es malo”.

“No es bueno porque a alguien de fuera tú le puedes decir algo que ha hecho mal o algo que hay que rectificar, no que haya hecho mal, sino que hay que hacerlo de otra manera. Se lo dices de otra manera. Mientras que a un hijo o a una hija no te atreves porque a lo mejor se piensan que su opinión es la mejor, no aceptan la de la madre”, confiesa Carmen Hernández sobre el trabajo en familia, con la experiencia de décadas al frente de Ibéricos Montellano.

¿Una quinta generación?

Carmen y Manuel Curto son ya la cuarta generación tras sus padres y sus abuelos y bisabuelos maternos que se dedican al mundo de los embutidos. ¿Les gustaría que una quinta siguiese los pasos para mantener la empresa familiar?

“Tengo dos hijos y mi hermano también, pero aún son pequeños y siempre les diré que, hagan lo que les guste de verdad para hacer bien las cosas, no por querer entrar en una empresa familiar”, reconoce Curto. Además, en caso de que quieran dedicarse a los embutidos, para ella es clave formarse.

“Mi hermano y yo nos hemos tenido que formar y trabajar fuera de la empresa antes de entrar aquí”, expone, a lo que su madre añade que “encontrar gente formada en este sector es difícil, porque también es uno muy duro en el que a veces hay que trabajar en condiciones complicadas”.