Feria delicatessen

Parrilla, café de azafrán y 250 millones de euros: lo más sabroso del Salón Gourmets

El café de Azafrán de ESIR fue nombrado #ProductoIncógnito2026 en este Salón Gourmets.. Web de ESIR
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El Salón Gourmets, recién finalizado, ha sido, sobre todo, una lista de nombres dichos en voz alta, un certamen con una enorme capacidad para consagrar talentos, productos, manos y territorios. El éxito, ya anunciado en cifras casi oceánicas, ha terminado de escribirse de la manera más antigua de todas: el reconocimiento. El IFEMA madrileño en el epicentro mundial del producto de calidad.

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Un paisaje jalonado de medallas, diplomas y reconocimientos. Porque premiar no es solo señalar lo mejor: es contar de dónde viene. La última jornada comenzó con ese lenguaje contemporáneo que también alimenta: las redes. Sabor a Málaga, convertido en latido colectivo, se llevó el #Mistandfavorito2026, mientras que el café de Azafrán de ESIR, misterio y carácter, fue nombrado #ProductoIncógnito2026. Pero pronto el foco se desplazó hacia lo esencial: el producto que resiste el tiempo y lo reinventa.

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En los 14º Premios Salón Gourmets, la innovación tuvo forma de infancia y memoria: un polvorón cremoso de cacao con grajeas de Lacasitos de La Estepeña, un guiño dulce que une generaciones bajo una misma textura. El mejor producto internacional viajó desde Perú en un tubo de papas nativas de Tiyapui, recordándonos que el mundo cabe en un bocado cuando se respeta su raíz. Y el mejor packaging —ese arte de envolver el deseo— fue para el Turrón Aire de Almendra Amarga de Albert Adrià junto a Torrons Vicens: una pieza que no solo se abre, se contempla.

El premio ecológico, quizá el más silencioso de todos, recayó en el vinagre de Pedro Ximénez de Bodegas Robles, un producto que parece decirnos que el futuro será sostenible o no será. Como escribió Miguel Delibes, “la tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”. Y en ese vinagre hay algo de deuda bien pagada.

Pero si hubo un momento en el que el país se reconoció a sí mismo fue en el 16º GourmetQuesos. El mejor queso de España 2026, Savel, de Airas Moniz, llegó desde Chantada con ese rumor verde de Lugo, donde la leche aún sabe a pradera. Y el Rey Silo Blanco, desde Asturias, se alzó con el Champion Gold, como si la niebla del norte hubiera decidido quedarse a vivir en la boca.

En paralelo, el aceite —ese oro que no necesita metáfora— encontró su altar en los Premios Guía IberOléum, recordando que cada gota es un paisaje exprimido.

Y luego, el espectáculo. Porque la gastronomía también es gesto, fuego, aire en movimiento. Mauro Dávila fue proclamado mejor pizzero de España tras cuatro días de masa, precisión y vértigo. Las manos, cuando saben, también piensan. Y en ese pensamiento hay una forma de arte.

Más silencio, más tensión, más rito: el Campeonato de España de Sumilleres. Diego Tornel Gómez, desde Gran Canaria, se impuso como quien escucha mejor que nadie lo que el vino tiene que decir. Catas, destilados, servicio… y, sobre todo, intuición. Porque el vino no se domina, se interpreta. Como dejó caer Francisco de Quevedo en uno de sus arrebatos lúcidos: “el vino es la parte intelectual de la comida”.

La parrilla, en cambio, habló en otro idioma: el del fuego directo. Javier Jerez, desde Mallorca, ganó el primer Parrilla Challenge IRUKI, en un concurso que fue más ceremonia que competición. La carne en forma de revelación.

Y entre premio y premio, el país seguía latiendo. Granada en cucharadas, Asturias en culines, Málaga en acentos.

Mujeres en Gastronomía cerró la jornada recordando que el futuro del sector no será completo si no es compartido y estableció una cita cercana: 10 y 11 de mayo en Alicante, donde el liderazgo femenino tomará la palabra.

Un balance de cifras mareantes: 2.000 expositores y más de 55.000 productos

El éxito no es solo una sensación, son datos. El cartel de "éxito total" se sostiene sobre columnas de vértigo: 110.154 visitantes profesionales. 1.993 expositores defendiendo más de 55.000 productos. Un volumen de negocio generado que supera los 250 millones de euros.

Así terminó esta edición: con cifras que impresionan y nombres que se quedan. Con la sensación de que, durante cuatro días, la excelencia ha tenido una dirección postal y un pulso humano.

Y mientras los pabellones se vaciaban, quedaba una certeza: el año que viene no será una repetición, será otra historia. La gastronomía nunca se repite. Solo continúa.