Sal del Himalaya: ¿es mejor que la normal o todo marketing?

Se dice que la sal rosa del Himalaya es mejor que la convencional por tener una mejor composición de minerales y estar menos procesada. ¿Es real?
Los errores que cometes al consumir sal del Himalaya
Hace unos años era desconocida casi por completo en nuestro entorno, pero cada vez se habla más de ella. Tanto es así, que ha pasado de ser un producto exótico a estar presente de forma habitual en supermercados y otras tiendas de alimentación.
Podemos encontrarla también en las redes sociales y otros espacios de internet, donde suele mostrarse como un producto más interesante que la sal común. Se dice, entre otras cosas, que está menos procesada, que es más “natural” y, en definitiva, que es más saludable. De lo que no se habla tanto es de su precio, mucho más alto que el de la sal convencional. Así que, antes de gastarnos el dinero en ese producto, conviene saber si realmente merece la pena.
La composición de la sal del Himalaya
Lo primero que conviene aclarar es que la composición básica de la sal del Himalaya es la misma que la de la sal común. Ambas están constituidas en un 95% o más por cloruro sódico. Es cierto que la del Himalaya contiene minerales como hierro, magnesio o potasio. De hecho, el óxido de hierro es el responsable de su color rosado y de parte de su atractivo. Pero es importante tener presente que esos minerales se encuentran en cantidades tan bajas que su impacto sobre la salud es irrelevante.
Para ingerir cantidades significativas de esos compuestos y obtener potenciales beneficios sobre la salud, tendríamos que consumir cantidades enormes de esa sal, mucho mayores de lo recomendado. Así que sería contraproducente.

El procesamiento de la sal del Himalaya
Hay que señalar que ambos tipos de sal proceden en último término del mismo lugar: la sal común se obtiene a partir del cloruro sódico disuelto en el agua de mar, mientras que la sal del Himalaya se obtiene a partir de minas formadas por la sal que estaba disuelta hace millones de años en mares que ya no existen. Es decir, ambas proceden del mar. Es cierto que esta última tiene un menor grado de procesamiento que la sal común, pero eso no hace que sea más saludable.
En realidad, el procesamiento de la sal convencional es muy sencillo. Normalmente se obtiene a partir del agua de mar por evaporación. Posteriormente se lava con agua para retirar minerales y lograr así que tenga un color más blanco y un sabor más neutro. En cualquier caso, como mencionamos anteriormente, las diferencias con respecto a la composición de ambos tipos de sal son mínimas.
Es importante elegir sal yodada
El yodo es un mineral muy importante para la salud, concretamente para que la glándula tiroides pueda funcionar correctamente. Cuando hay déficit de este compuesto en la dieta pueden producirse problemas de salud importantes, sobre todo en ciertas etapas, como la infancia o el embarazo.
No es raro que puedan producirse esas carencias. Por eso, hace años se decidió enriquecer la sal de mesa con yodo. Y por eso se recomienda elegir sal yodada. Así que, en este aspecto, sin duda sale ganando la sal convencional frente a la sal del Himalaya, ya que esta última no está yodada.
Grandes diferencias en el precio
El precio es otro de los elementos que conviene tener en cuenta a la hora de elegir. Podemos comprar un kilo de sal yodada por aproximadamente 0,45€, mientras que un kilo de sal rosa del Himalaya ronda los 20 €. Es decir, con el dinero que nos cuesta un kilo de esta última podríamos comprar 45 kilos de la primera.

En resumen…
En definitiva, la composición de la sal del Himalaya es muy similar a la de la sal convencional, dado que los minerales que contiene se encuentran en cantidades muy bajas e irrelevantes para la salud. La diferencia que sí es importante se encuentra en el yodo: a diferencia de lo que sucede con la sal del Himalaya, este mineral está presente en la sal convencional enriquecida. Por eso esta última es la mejor opción. Además, resulta mucho más barata.
Así, pues, hay mucho marketing en esta sal. De hecho, generalmente ni siquiera procede de las montañas del Himalaya, sino de minas de sal que se encuentran en Pakistán. Pero su origen exótico, su aspecto atractivo y las bondades que se dicen de ella, venden mucho. Es cierto que puede resultar una elección adecuada para momentos puntuales; por ejemplo, si queremos adornar una receta o si nos resulta más atractivo su sabor. Pero para un consumo habitual conviene optar por sal yodada. En cualquier caso, es importante además prestar atención a las cantidades: se recomienda no ingerir más de 5 gramos de sal al día.
