Alimentación

Remolacha, el nuevo objeto de deseo: ¿de verdad es tan saludable?

Remolacha. Pexels
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Podríamos decir que la remolacha siempre ha sido un poco como el patito feo de los vegetales. Casi nadie le prestaba atención. Pero ahora se ha dado la vuelta a la tortilla. Hay infinidad de publicaciones que nos hablan de los presuntos beneficios de este vegetal, hasta el punto que ha llegado a ser el nuevo superalimento de moda. No solo eso. También está mucho más presente que antes en restaurantes y productos precocinados: hummus, carpaccios, batidos… Y ahí no queda la cosa. En los últimos tiempos ha aumentado mucho el interés por este vegetal en la nutrición y el ámbito deportivo.

En definitiva, ahora parece que todo son ventajas. Pero tradicionalmente muchas personas han evitado su consumo porque asociaban este vegetal con el azúcar. Así que, ¿en qué quedamos? ¿Es interesante o no?

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La remolacha y el azúcar

Es importante aclarar que la remolacha que encontramos en las fruterías tiene muy poco que ver con la remolacha que se utiliza para obtener azúcar. La remolacha azucarera es mucho más grande, de color blanco y mucho más fibrosa. Mientras que la remolacha de mesa es relativamente pequeña (aproximadamente como un tomate o una manzana), más blanda y de color morado intenso. También presentan importantes diferencias en la composición: la remolacha azucarera se ha desarrollado específicamente para la obtención de azúcar, así que tiene un contenido de azúcares mucho más alto, en torno al 15-20%, frente al 6-10% de la remolacha de mesa. 

Es decir, la cantidad de azúcares de una remolacha de mesa es similar a la que encontramos en frutas como la pera o la manzana. Si nos parece más dulce que estas, no solo se debe al tipo de azúcar (en la remolacha predomina la sacarosa y en la fruta, la fructosa), sino también a otros factores como la acidez o la textura. Pero esa diferencia no es muy relevante en lo que respecta a la salud.

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Lo importante es prestar atención a los azúcares libres, es decir, a los que se encuentran en zumos o batidos (aunque sean caseros) y a los que se añaden a los alimentos (refrescos, bollería, etc.). Así pues, no deberían preocuparnos los azúcares que ingerimos cuando masticamos una manzana o una remolacha.

¿Tiene nutrientes interesantes?

A diferencia de lo que ocurre con la remolacha azucarera, la de mesa se ha desarrollado para el consumo directo, así que tiene mejores características organolépticas (aspecto, aroma, sabor, textura) y una composición nutricional mucho más interesante. Destaca, por ejemplo, su contenido en vitamina B9, fibra y compuestos antioxidantes. Entre estos últimos se encuentran las betalaínas, que son responsables de su llamativo color morado. 

Además, contiene nitratos de forma natural, que en los últimos años han recibido mucha atención por su posible efecto beneficioso en la práctica deportiva. 

¿La remolacha mejora el rendimiento deportivo?

Cuando ingerimos un alimento que contiene una cantidad significativa de nitratos, como sucede con la remolacha, nuestro organismo puede transformarlos en óxido nítrico. Este compuesto ayuda a dilatar los vasos sanguíneos, así que mejora el transporte y el uso de oxígeno. Por eso se ha asociado con la mejora del rendimiento en deportes de resistencia, como el ciclismo o las carreras de larga distancia. 

Ahora bien, conviene hacer algunas aclaraciones. Para poder obtener una mejora significativa es necesario ingerir una cantidad considerable, que es difícil de alcanzar con una ingesta normal. Por eso, lo que se utiliza en nutrición deportiva son preparados que están elaborados con remolacha concentrada: batidos, preparados en polvo, etc. Además, hay que tener presente que este efecto no es milagroso, no sustituye al entrenamiento ni a una dieta adecuada y su impacto puede variar mucho entre diferentes personas. 

Es decir, puede ayudar en ciertos casos, sobre todo en deporte de alto nivel y bajo supervisión, pero no hace milagros.

¿Es buena para el corazón?

Por todo esto que acabamos de mencionar, la remolacha se ha asociado también con presuntos beneficios para la salud cardiovascular, dado que podría ayudar a reducir la tensión arterial. 

Ahora bien, su efecto es moderado y no debe hacernos pensar que la remolacha es una especie de tratamiento para la hipertensión. En ese sentido es fundamental prestar atención al conjunto de la dieta y los hábitos de vida, en lugar de buscar soluciones inmediatas en un alimento concreto. 

¿Detoxifica el cuerpo?

La remolacha también es un ingrediente habitual en los llamados batidos “detox”, que prometen “detoxificar” o “desintoxicar” el organismo. Sin embargo, hay que aclarar que los alimentos no “desintoxican”. Para eliminar compuestos indeseables y de desecho, nuestro organismo cuenta con órganos que se encargan de esa tarea: el hígado, los riñones, la piel, etc. 

Hay que tener en cuenta además, que la remolacha contiene una cantidad considerable de oxalatos, compuestos que, ingeridos en grandes cantidades, pueden contribuir a la formación de cálculos renales en personas con predisposición. 

Entonces, ¿la remolacha merece la pena o no?

La remolacha se ha puesto de moda gracias, sobre todo, al marketing nutricional: se prometen ciertos beneficios sobre la salud, como la “detoxificación”, la mejora del rendimiento deportivo o de la salud cardiovascular. El problema es que esas promesas simplifican demasiado la realidad. 

Es cierto que la remolacha es un alimento interesante por su composición nutricional. Pero no hace milagros ni hace que sea imprescindible en nuestra dieta. Si nos gusta, podemos disfrutarla sin problema haciendo un consumo razonable. Y si no, podemos optar por otros vegetales sin problema.