Dulces

Pedro 'El Turronero', el granadino que arrasa en redes: "El turrón no es solo para Navidad"

Pedro 'El turronero'
Pedro 'El turronero' vende turrón durante casi todo el año.. telecinco.es
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A lo largo de la historia, muchos son quienes se han detenido a reflexionar ante un gran dilema gastronómico, el que plantea la tradición frente a la modernidad/vanguardia. Pasado, presente y futuro se dan cabida en una disyuntiva que enfrenta a la historia, la costumbre, el arraigo o la herencia con la innovación, la modernidad o el cambio. Pedro Ibáñez, popularmente conocido en redes sociales como Pedro 'El Turronero', lo tuvo claro a la hora de apostar por la traición junto a su hermana Chari al asumir un trabajo que venían desarrollando su padre, su abuelo e incluso su bisabuelo.

"Mi abuelo iba con la típica arca de turrón, que era una especie de baúl con su tapa, e iba con una mula por los pueblos más cercanos de aquí de Ugíjar porque no podían hacer tantos kilómetros como ahora", comenta orgulloso mientras evoca un tiempo atrás. Desde bien pequeño, tanto él como sus tres hermanas se han criado con la fábrica bajo su casa, lo que les permitía tener fácil acceso a la labor familiar: "Era una habitación más de la casa. Siempre que estaban mis padres trabajando en la fábrica, nosotros bajábamos. Recuerdo hacer eso desde que tenía unos cinco años, desde que tenía uso de razón".

Con nueve años comenzó a partir bloques de turrón y, con doce, ya acompañaba a su padre a la mayoría de las fiestas cada fin de semana que había algún evento por los pueblos de La Alpujarra granadina y almeriense. A los dieciséis años, dejó los estudios ("nunca se me han dado del todo bien", reconoce) y decidió dedicarse diariamente al negocia familiar: "Siempre me ha gustado estar en el puesto y atender a los clientes". Dos años después, cuando tenía tan solo dieciocho años, su padre falleció y su hermana y él decidieron hacerse cargo del negocio familiar.

Tradición y vanguardia en el perfil de Pedro 'El Turronero'

Pedro 'El Turronero' no solo ha asumido con honor un negocio familiar que apuesta por la tradición, sino que ha sabido darle una vuelta de tuerca al aportar un toque de innovación mostrando su día a día a través de redes sociales como Instagram y TikTok (entre los dos perfiles acumula más de 100.000 seguidores). En algunos de sus vídeos, Pedro enseña cómo parte bloques de turrón de unos 50 kilos de manera tradicional (con martillo y cuchilla), una hazaña que ha impulsado su perfil virtual, consiguiendo llegar, cada día, a más gente.  

"La cuenta de Instagram me la hice en abril de 2025, pero, por cosas que me ocurrieron, no comencé a subir contenido hasta el mes de junio. Mi estrategia era comenzar a subir contenido en mayo, pero cogí un virus que me mantuvo un día ingresado. Después, en una feria, tuve la peor experiencia de mi vida trabajando, que fue que explotó un cohete en el puesto, en el toldo, y yo estaba justo debajo. Tuve quemaduras por detrás del cuello. Ese iba a ser mi primer día de grabación y ya no pude. Por eso comencé a subir contenido en junio", cuenta el joven.

En cuanto subió los dos primeros vídeos, notó el cambio: "Desde ese momento, en todos los pueblos a los que iba a vender, sin excepción, la gente ya me conocía como Pedro 'El Turronero'. Fue súper rápido, ya no solo en redes sociales, donde me escribían por privado para hacerme pedidos, sino que, en todos los pueblos, a los que llevaba yendo desde que tengo doce o trece años, ya no me conocían como 'el dulcero', sino como Pedro 'El Turronero', mi nombre en redes sociales. Me compraran o no, ya casi todo el mundo me reconocía". Objetivo cumplido: dar a conocer el negocio suyo y de su hermana.

Pero todo ha sucedido tan rápido que aún le cuesta asimilar el nivel de popularidad que ha alcanzado en tan pocos meses (algunos de sus vídeos superan el millón de visualizaciones). Quizás la clave de este éxito esté detrás de la humildad, la pasión, humanidad y naturalidad con la que un joven de veintiséis años muestra su día a día, apartándose de la impostura, artificialidad, teatralidad, superficialidad y exageración tan común en muchos otros perfiles virtuales que consumimos a diario. En este sentido, Pedro tiene claro que no pretende aparentar más de lo que es.

Quien haya visto algunos de sus vídeos sabe que Pedro 'El Turronero' se despide siempre con la misma expresión: "Nos vemos en la próxima feria". Sin duda, una frase corta y fácil de recordar que le da un plus de identidad a su contenido: "Surgió espontáneamente. Me despedí así en mi vídeo de presentación y cuando edité el vídeo me gustó y me dije 'pues lo voy a seguir diciendo'. Cada semana he ido aprendiendo sobre cosas que me funcionan más o menos en mis vídeos y vi que eso le gustaba a la gente". Otro de su leitmotiv presente en su feed es intentar clavar el medio kilo de turrón (hazaña que consiguió el pasado mes de enero): "No tenía pensado que, de sesenta vídeos, ocho iban a ser iguales. A la gente le gustó y por eso lo seguido haciendo".

La vida de tendero de feria en feria

Junto a la fábrica, Pedro tiene una tienda familiar física, pero sus principales ingresos vienen de las ferias a las que acude con su puesto de dulces (además del turrón, vende roscos de aceite, roscos de aguardiente, bizcochos escarchados, yemas, medias lunas y calabaza y boniatos confitaos). Ventas que han aumentado con el auge de su popularidad en redes sociales. Él pensaba que la gente podría tener prejuicios a la hora de comprar comida en la calle, pero siente que, gracias a sus vídeos, la gente puede ver el cariño y la higiene que hay detrás de todo su trabajo en la fábrica.

Sin duda, se trata de un trabajo duro al que se le echan muchas horas: "Al final, como no he hecho otra cosa, es como mi vida, mi día a día. A las fiestas de un pueblo me puedo ir a las nueve de la mañana y estoy hasta las once de la noche. Son muchas horas, pero como lo tengo tan interiorizado no me cuesta ningún trabajo hacerlo. Quizás, para otra persona, puede ser muy duro por el buen o mal tiempo. A mí me sale solo, no sé hacer otra cosa, no me cuesta trabajo, no estoy cansado cuando estoy en un sitio quince horas vendiendo. Y ya no son las quince horas, es el tiempo de ir para allá, el de volver a casa, cargar el coche, descargarlo, montar el puesto, desmontarlo…".

Turrón para todo el año

La campaña de ferias y fiestas tiene a Pedro y a su familia produciendo dulces y turrones casi todo el año (desde el quince de abril hasta el cinco de febrero). Durante este "parón", no es que no trabajen, sino que lo aprovechan para hacer revisiones de la fábrica, la maquinaria, para sembrar las calabazas que luego confitan ellos mismos… Por lo tanto, el turrón está expuesto a los clientes y se vende y consume prácticamente durante todo el año, no solo en los meses navideños. 

Se ha convertido, sin duda, en el producto estrella de este dulcero. Fabricado con almendra, almíbar (mezcla de agua y azúcar), miel pura alpujarreña y clara de huevo, tiene una apariencia dura, es crujiente, pero se deshace en la boca: "Este año, como excepción, gracias a las redes sociales, el turrón lo hemos vendido muchísimo más en diciembre, pero, estos años atrás, te puedo decir que, en los meses de agosto y septiembre, vendíamos casi la misma cantidad de turrón que en diciembre".

Y es que, en estos meses de verano, el volumen de ferias y fiestas es mucho más elevado que en los meses de invierno, luego las ventas de turrón se compensan, "casi se igualan": "Sucede en todos los pueblos a los que vamos. Hacemos unas cincuenta o cincuenta y dos ferias al año y, en todas las ferias, el producto que más se vende es el turrón".

El futuro de Pedro 'El Turronero'

Con este panorama, el futuro que se le plantea a Pedro es más ambicioso: "Tenemos un proyecto para pasar la fábrica a un local de enfrente. Nuestro obrador tiene unos setenta metros cuadrados y, en los próximos años, nos gustaría pasar a un local de trescientos metros, donde no solo aumentaremos la producción con más maquinaria, sino que también tendremos más espacio para trabajar. Esto nos permitiría no estar dieciséis horas trabajando para producir de cara a una feria. Nos permitiría reducir ese horario y hacer en ocho horas lo que ahora hacemos en dieciséis".