¿Comer a deshoras engorda o es un mito más?

Desayunar a media mañana, comer muy tarde, cenar casi de madrugada… Siempre se ha dicho que comer a deshoras engorda. ¿Qué hay de cierto?
¿De verdad 'desintoxicamos' el cuerpo con la dieta?
En alimentación hay un montón de ideas que se repiten continuamente y que tenemos muy asumidas. Una de ellas dice que comer a deshoras engorda. Hablamos, por ejemplo, de desayunar a media mañana, comer a las cuatro de la tarde o cenar a las doce de la noche.
Muchas personas organizan así sus horarios por motivos laborales, sociales o simplemente por preferencias personales. Pero ¿eso tiene consecuencias sobre el peso corporal y la salud? ¿Es realmente mejor comer a las dos que a las cuatro, o es sobre todo una cuestión cultural?
Nuestro cuerpo no es una máquina
Lo primero que debemos tener en cuenta es que nuestro cuerpo no funciona siempre al mismo ritmo. Su actividad está regulada por un “reloj interno”. O mejor dicho, sigue ritmos circadianos, es decir, ciclos biológicos de aproximadamente veinticuatro horas que regulan diferentes procesos, como la secreción de hormonas, la temperatura corporal, el sueño, el metabolismo o el apetito.
Estos ritmos se sincronizan principalmente con el ciclo luz-oscuridad. Por ejemplo, a primera hora de la mañana aumenta la secreción de cortisol, que es la hormona de la vigilia, mientras que la melatonina, que es la hormona del sueño, alcanza niveles mínimos.
También ocurre algo similar con la insulina, la hormona que regula el nivel de glucosa en sangre. La sensibilidad a la insulina suele ser mayor durante el día que por la noche. A grandes rasgos, esto significa que el organismo gestiona mejor los hidratos de carbono durante las primeras horas del día que en las últimas. Además, algunos estudios sugieren que el gasto energético inducido por los alimentos podría ser ligeramente mayor por la mañana que por la noche.
Entonces, ¿comer tarde engorda?
Todo esto podría hacernos pensar que cenar tarde o tomar hidratos de carbono para cenar nos provocará automáticamente un aumento de peso. Pero la realidad no es tan simple.
El factor determinante en la ganancia o pérdida de peso sigue siendo el balance energético sostenido en el tiempo. Es decir, ingerir más energía de la que nuestro cuerpo gasta conduce a un aumento de peso, independientemente de la hora a la que comamos. Aunque esto tampoco es tan simple y hay que tener en cuenta muchos matices.
En cualquier caso, sabemos que los procesos fisiológicos siguen ritmos cíclicos, como los que mencionamos antes. Y muchos factores ambientales pueden influir sobre ellos; por ejemplo, el estrés, los trabajos por turnos, la luz artificial o los desajustes en horarios de sueño y de comidas.
¿Cómo influyen los horarios?
El horario puede influir sobre nuestro peso y sobre nuestro estado de salud. Algunos estudios muestran que mantenerse despierto y comer a horas en las que, fisiológicamente, deberíamos estar durmiendo, puede provocar cambios en nuestros ritmos metabólicos: alterar la cantidad de energía que gastamos durante el día o provocar cambios en el metabolismo de la glucosa y de las hormonas que regulan el apetito.
Además, los horarios irregulares suelen asociarse con otros factores que influyen en el peso: peor calidad del sueño, mayor estrés o elecciones alimentarias menos saludables.
¿Qué hacemos entonces?
La crononutrición, disciplina que estudia la relación entre horarios de comida y salud, es un campo relativamente reciente. Eso significa que todavía queda mucho por investigar para poder conocer mejor todos estos aspectos.
Según lo que sabemos a día de hoy, parece que comer a deshoras se asocia con alteraciones en nuestro comportamiento alimentario (por ejemplo, en nuestro apetito y en la elección de alimentos que hacemos) y puede influir sobre la forma en que nuestro cuerpo metaboliza esos alimentos y gestiona la energía que aportan. Así que no parece buena idea realizar cenas copiosas ni comer a horas tardías. También conviene evitar los horarios de comidas irregulares y cambiantes.
En cualquier caso, no hay que perder de vista que lo más importante de todo es el conjunto de alimentos que forman parte de nuestra dieta.
Así pues, conviene elegir alimentos saludables, comer en función de nuestro apetito y mantener horarios de comida regulares, preferiblemente centrando las ingestas más importantes en los periodos centrales del día. Por último, también es fundamental que enfoquemos nuestra dieta y nuestros hábitos de vida centrándonos en la salud y no en el peso corporal.
