SAN ISIDRO

Dale a las rosquillas: cuatro pastelerías donde chuparte los dedos en San Isidro

Tradición y mucho arte en la nueva edición limitada de rosquillas de San Isidro de Mallorca. Pastelería Mallorca
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Tradiciones de San Isidro hay muchas. Desde subir la cuesta que lleva a la Ermita del Santo para beber agua milagrosa proveniente del manantial hasta vestirse de chulapo, disfrutar de las barracas de la feria, bailar un chotis (aunque uno no sea muy ducho en la materia) o darlo todo en las actuaciones musicales -de todo pelaje- que se desarrollan cada año en Las Vistillas. Pero hay una que a nosotros nos gusta por encima de todas, una actividad de lo más placentera, en la que suele haber unanimidad y que tiene que ver, cómo no, con la comida.

Pero, no te confundas, porque no vamos a intentar convencerte para que este año, de una vez por todas, te atrevas a probar los entresijos y las gallinejas en los puestos de la Pradera. Sabemos que si no lo has hecho a estas alturas, teniendo la posibilidad de comerlos en cualquier momento del año, es porque no te interesan lo más mínimo los temas viscerales a la par que castizos. Así que relájate porque el plan que te proponemos es mucho más apetecible: recorrer, limonada en mano, los

Pastelería Mallorca

Es uno de los templos del dulce que en estas fechas suelen sorprender con una propuesta que, aunque respeta la tradición, sorprende por su originalidad de una u otra forma. Y eso es lo que han conseguido en Pastelería Mallorca con la nueva edición limitada de rosquillas de San Isidro, en la que ha colaborado el tatuador Nacho Caja. La empresa familiar, con los hermanos Jaco y Pablo Moreno al frente en la actualidad, fiel a su espíritu de reinterpretar el legado gastronómico madrileño sin perder su esencia, ha optado por conquistarnos visual y gustativamente.

Porque lo primero que nos vamos a encontrar en su propuesta por San Isidro es una caja en la que aparece una ilustración con dos chulapos disfrutando de la festividad. Con ella, el autor busca hacer un guiño a “La pradera de San Isidro” de Goya, reinterpretando este icono de la cultura madrileña desde una perspectiva actual. Una vez conseguido ese primer objetivo, ya queda lo más fácil. Porque ya son casi 100 años preparando esas recetas familiares que han acompañado desde siempre esta celebración: las rosquillas tontas, elaboradas siguiendo la receta original con huevo, harina, aceite y azúcar, aromatizadas con anís en grano natural y rematadas con una pincelada de huevo antes de hornear; las listas, con su característico baño en jarabe de limón fresco y el fondant dorado con toque de caramelo; y las de Santa Clara, coronadas con un ligero jarabe de Cognac y terminadas con un toque de ralladura de lima sobre la capa de merengue suizo.

Pero espera porque hay más. Se han sumado a esta gran fiesta las rosquillas de Alcalá, otro de los dulces más representativos de la capital, reconocible por su característico hojaldre de mantequilla, el baño de yema pastelera y la fina capa de glaseado crujiente que las recubre. Todas ellas, disponibles tanto en formato individual como en cajas de 12 unidades, salen diariamente de su obrador artesanal, donde cuatro generaciones se han preocupado por preservar el recetario tradicional.

Serrano, 6 (hay varias tiendas más)

La Mallorquina

Otro de los templos rosquilleros por excelencia, en pie desde hace más de 130 años, se ha propuesto este año sorprender a través de sus rosquillas. Lo que no ha cambiado un ápice es su forma artesanal de trabajar, ya que las siguen elaborando una a una cada día en su obrador, siguiendo el paso a paso de la receta de siempre y utilizando las mejores materias primas. Porque, como ellos mismos dicen: en La Mallorquina no hay dos productos iguales, porque cada elaboración es única. Sirvan como ejemplo esas rosquillas, tanto las clásicas (listas, tontas, de Santa Clara o de Alcalá) como esa novedad que seguro va a despertar la curiosidad de muchos madrileños.

Nos referimos a las rosquillas con cobertura de chocolate Dubái. Sus propietarios lo han visto claro tras comprobar durante muchos meses que es un sabor cada vez más demandado por el cliente, aunque es importante matizar que siguen la receta de la rosquilla clásica. De hecho, lo que hacen, básicamente, es cubrirla con una capa de chocolate elaborada a base kunafa. Y, una vez seca, añaden una segunda capa de chocolate negro mezclado con pasta de pistacho. Para finalizar, se espolvorean con granillo de pistacho. Y el resultado, aunque te puedes hacer una idea, es mejor de lo que te imaginas. ¡Ya tienes plan para todo este mes de mayo!

Puerta del Sol, 8 (hay varias tiendas más)

Viena Capellanes

Otro bastión que refuerza un año más su compromiso con la tradición madrileña de San Isidro. De hecho, se estima una producción de 150.000 unidades de rosquillas este año en Viena Capellanes. La rosquilla es un producto que forma parte del legado de esta icónica marca desde hace generaciones, pero en esta ocasión, además de volver a ofrecer las variedades tradicionales -tontas, listas, francesas y de Santa Clara-, tienen una sorpresa que hará muy felices a aquellos que les gusta descubrir nuevos sabores: su rosquilla elaborada con caramelos de violetas. Pero, antes, hablemos de las que llevan toda la vida con ellos.

Ya se sabe que las rosquillas de San Isidro más representativas son las tontas y las listas, que comparten esa base que consiste en mezclar huevos, azúcar, aceite de oliva y harina floja, pero se diferencian en su acabado final. Mientras que las tontas se terminan con un toque de anís, las listas incorporan un baño de almíbar y un glaseado de fondant de limón que les aporta una textura más jugosa. Además de estas dos elaboraciones, en Viena Capellanes consideran igual de emblemáticas las rosquillas de Santa Clara -con su cobertura de merengue seco- y las francesas -con trocitos de almendra y azúcar glas-.

La quinta en discordia es la rosquilla de violeta, una creación especial que rinde homenaje a uno de los sabores dulces más emblemáticos de Madrid: el caramelo de violeta. La base de esta rosquilla es muy similar a las rosquillas de Santa Clara, pero el merengue se adereza con una delicada infusión de violeta y se acompañan de trocitos de violetas de caramelo, dando lugar a una opción fresca, exclusiva y muy castiza que tiene todas las de arrasar en estas fechas. Porque todos conocemos a esa persona que ama las violetas por encima de todas las cosas.

C/ Bordadores, 9 (hay varias tiendas más)

La Duquesita

Cuenta la leyenda que el origen de las rosquillas de San Isidro se debe a una vendedora ambulante conocida como la Tía Javiera, que era famosa por preparar estos dulces a los asistentes a la fiesta de la Pradera. Al parecer, con el paso del tiempo, esas recetas se hicieron tan populares entre los madrileños que las rosquillas acabaron convirtiéndose en uno de los símbolos gastronómicos de Madrid a largo del mes de mayo. Y aunque no sabemos cuánto de veraz hay en esta historia, lo cierto es que no nos sorprendería que en algún momento la creadora de esta costumbre terminase haciendo una visita a La Duquesita, ya que aquí sí que siguen empeñados en recuperar los sabores más castizos sin ningún tipo de reinvenciones ni creaciones exclusivas.

Lo que te vas a encontrar estos días en esta casa histórica, después de hacer la pertinente cola, es una selección de rosquillas artesanas que rinde homenaje a la esencia de la ciudad. Tontas, listas y de Santa Clara. Ni más ni menos, los tres clásicos elaborados a diario siguiendo la receta original. En su caso, las tontas se presentan en su versión más ortodoxa, elaborada a partir de huevo, aceite, harina y un toque de anís. A partir de esta misma base, nos encontramos con las listas, que tienen un acabado glaseado de azúcar, huevo y limón, que aporta un contraste jugoso. Y, por último, las rosquillas de Santa Clara, que se cubren con un merengue blanco y seco, creando una capa crujiente en el exterior y un interior más tierno. Ahora ya te toca a ti decidir cuántas unidades de cada te vas a querer llevar a casa.

C/ Fernando VI, 2