Caracoles: ¿son recomendables para dietas bajas en grasa?

Se dice que tienen un aporte considerable de proteínas y son bajos en grasa, ¿es verdad?. Nuestro experto en alimentos y nutrición, Miguel Ángel Lurueña, lo analiza
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Los caracoles forman parte de nuestra gastronomía desde tiempos inmemoriales. Es un plato tradicional que estaba cayendo en el olvido. Sin embargo, en los últimos meses está recibiendo atención debido a su composición nutricional. Y es que se dice que tienen un aporte considerable de proteínas y son bajos en grasa. Pero, ¿realmente son interesantes en este sentido?
Se trata de uno de esos platos de nuestra gastronomía que no dejan indiferentes. O te encantan o no los puedes ni ver. Una categoría compartida con, por ejemplo, piezas de casquería (criadillas, asadurilla, sesos, riñones…), el queso cabrales o las ostras
La pequeña caída en desgracia de los caracoles puede achacarse a distintos factores, como la falta de tiempo para cocinar, la pérdida de conocimientos y habilidades en la cocina, la amplia disponibilidad de alimentos actual, la influencia de alimentos y platos de otras culturas… Sin embargo, en los últimos tiempos los caracoles están suscitando cierto interés por su composición nutricional.
El misterio de su composición nutricional
Seguramente nunca nos hayamos planteado cuál es la composición nutricional de los caracoles. En cierto modo es lógico, dado que normalmente no forman parte habitual de la dieta y no suelen comerse con frecuencia. Además, en los tiempos en que eran más consumidos, casi nadie se preguntaba por la composición nutricional de los alimentos.
Pero incluso si nos paramos a pensar en el aporte de nutrientes de los caracoles, lo más probable es que tengamos poca idea. En los libros de nutrición y en los colegios se ponen otros ejemplos para hablar de la composición nutricional de los alimentos: carne, pescado, huevos y legumbres para las proteínas; verduras y hortalizas para los hidratos de carbono; aceites y mantequilla para las grasas… Pero no se menciona en ningún momento nada parecido a los caracoles. Pero, que los caracoles no se suelan poner como ejemplo para hablar de nutrientes, no quiere decir que no se haya estudiado su composición.

Si observamos, por ejemplo, una de las tablas nutricionales que hay disponibles para consulta, veremos lo siguiente:
- Su aporte calórico es escaso: cien gramos aportan entre 70 y 90 kcal. Para hacernos una idea, es una cantidad similar a lo que aporta una manzana
- Tienen una baja cantidad de grasas, en torno al 1,5%. Además, parte de ellas son insaturadas.
- El contenido de proteínas es significativo: entre 10-19%. Además, estas tienen un buen perfil de aminoácidos.
- Vitaminas y minerales: tienen un buen aporte de minerales como hierro, magnesio, fósforo o potasio y de vitamina B3.
La receta importa
La composición nutricional que acabamos de mencionar corresponde a los caracoles hervidos, sin ingredientes añadidos. Pero rara vez se consumen así. Por lo general, los caracoles de tierra se preparan guisados, acompañados de muchos otros ingredientes, entre los que pueden encontrarse algunos de origen vegetal (tomate, pimiento, puerro, cebolla, etc.) y también otros de origen animal (chorizo, jamón, tocino, etc.). Lógicamente, estos ingredientes también contribuyen a la composición nutricional final del plato. Como podemos imaginar, no es lo mismo hacer un guiso de caracoles con tomate y cebolla, que hacer otro que incluya además tocino, chorizo y jamón. Estos últimos aportarán una cantidad considerable de grasas y calorías.
Así pues, si lo que buscamos es un bajo aporte calórico y un escaso contenido graso, conviene tenerlo en cuenta a la hora de elegir la receta.
Más allá de todo lo que acabamos de ver, es importante tener en cuenta otros aspectos más generales. Por ejemplo, deberíamos plantearnos por qué buscamos que un alimento sea bajo en grasa. Probablemente sea porque nos preocupa nuestro peso. Tanto si es así como si no, el punto importante en el que deberíamos centrar nuestra atención es el conjunto de la dieta y nuestros hábitos en general.
Un alimento por sí solo, como los caracoles, difícilmente va a suponer un cambio drástico o significativo en nuestra vida. Lo verdaderamente relevante es lo que hacemos en el día a día: si bebemos alcohol o no, si fumamos o no lo hacemos, las horas que dormimos o la composición de nuestra dieta, que debería estar compuesta principalmente por alimentos frescos o poco procesados, sobre todo, de origen vegetal. Es en estos aspectos donde debemos poner el foco.
