Alimentación

¿Cuándo es mejor beber agua mineral o agua del grifo?

Beber agua
Beber agua. Redacción Gastro
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En situaciones extremas podríamos sobrevivir durante varias semanas sin comer, siempre que tuviéramos en nuestro cuerpo suficientes reservas de nutrientes. Pero apenas resistiríamos tres días sin beber agua. Como sabemos, esta es esencial para la vida. Pero no siempre tenemos claro qué tipo de agua elegir y cuál nos conviene más.

En España la mayoría de la población bebe agua del grifo a diario sin problema. Pero también hay quien opta por el agua mineral, ya sea porque se encuentra en una situación particular o porque considera que el agua del grifo no reúne las condiciones deseables para el consumo.

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Por ello, resulta evidente que en nuestro país, el agua del grifo es segura y fiable. Para conseguirlo se aplican diferentes procesos: se depura mediante operaciones físicas, como la decantación o la filtración, y mediante métodos químicos, como el uso de cloro. 

Además, para comprobar que reúne las condiciones necesarias para el consumo se realizan infinidad de análisis de diferentes tipos: físicoquímicos, por ejemplo, para comprobar el pH o la presencia de contaminantes (nitratos, metales pesados, etc.), así como análisis microbiológicos para comprobar que no hay presencia de microorganismos patógenos. 

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En definitiva, podemos beber agua del grifo sin problema. De hecho, cuando se detecta alguna incidencia que compromete la seguridad del agua, las autoridades restringen su consumo o interrumpen el suministro.

Beber agua del grifo

¿Hay zonas en las que el agua del grifo es “mala”?

Como sabemos, el agua del grifo no es igual en todos los territorios. Su composición y sus características dependen, sobre todo, de las características del terreno que atraviesa. Por ejemplo, en muchas zonas del Mediterráneo, abundan las rocas calizas y dolomíticas, ricas en calcio y magnesio, así que el agua que circula por ellas antes de llegar a los embalses, las plantas potabilizadoras y los grifos, contiene una cantidad importante de esos minerales. Se dice entonces que esas aguas son muy duras. Sin embargo, en otras zonas, como Galicia, predominan rocas como el granito y la pizarra, con poca cantidad de calcio y magnesio, así que el agua que sale por el grifo es blanda. 

Este es uno de los principales factores que determina el sabor y las características del agua. Las aguas duras no suponen un problema para la salud. Sin embargo, muchas personas perciben su sabor como más intenso que el de las aguas blandas y eso les desagrada, así que optan por el agua mineral. 

Ahora bien, no hay necesidad de hacerlo si no queremos. Podemos “camuflar” ese sabor, por ejemplo, enfriando el agua. También podemos habituarnos a él. De hecho, nuestro paladar se acostumbra al agua de la zona donde vivimos. Por eso, cuando viajamos, es frecuente que el agua de otros lugares nos resulte extraña... al menos hasta que nos habituamos a ella.

¿Cuándo es buena idea optar por el agua mineral?

Hay situaciones en las que el agua mineral puede ser la opción más adecuada, por ejemplo, cuando necesitamos un agua con una composición mineral determinada. Hay personas que, por recomendación médica o por sus necesidades fisiológicas, pueden beneficiarse de este tipo de aguas. Por ejemplo, para preparar biberones suele recomendarse utilizar aguas de mineralización débil y con bajo contenido en sodio. También algunas personas con determinadas enfermedades renales pueden necesitar aguas con características específicas.

También sería el caso cuando no tenemos una fuente de agua potable a nuestro alcance: evidentemente, si no disponemos de un grifo o una fuente, tendremos que recurrir al agua embotellada. A veces podemos preverlo y rellenar en casa nuestra propia botella, pero otras veces no es posible. Lo mismo ocurre cuando viajamos a lugares donde el agua del grifo no es potable o no ofrece suficientes garantías sanitarias. 

Beber agua embotellada, peor que la del grifo

Alternativas al agua del grifo

Cuando el sabor del agua del grifo no nos gusta, el agua mineral también puede ser una opción, pero resulta mucho más cara, menos sostenible desde el punto de vista medioambiental y también mucho más incómoda: hay que ir a comprarla, cargar con ella, almacenarla, etc. 

Como ya hemos mencionado, podemos educar el paladar y habituarnos al sabor del agua del grifo. O si no, también podemos optar por otras alternativas, como utilizar sistemas de tratamiento doméstico del agua, como filtros para el grifo, jarras filtrantes o sistemas de ósmosis inversa, que pueden mejorar su sabor o reducir parte de la mineralización, según el sistema empleado. Eso sí, debemos tener en cuenta que todos ellos cuestan dinero y algunos pueden llegar a ser muy caros. 

En definitiva, para la mayoría de las personas y en condiciones normales, el agua del grifo es la opción más recomendable, al ser segura, cómoda, económica y, además, tener un menor impacto ambiental que el agua embotellada. Sin embargo, en determinadas circunstancias el agua mineral puede ser una alternativa más adecuada.