Alimentación

¿Puedo comerme el resto del melón si una parte se ha puesto mala?

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Melón. Pexels
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El melón es, junto con la sandía, una de las frutas estrella del verano. Es muy refrescante y gusta a casi todo el mundo. Además, disponemos de decenas de variedades para elegir: Galia, Piel de sapo, Cantaloupe… A pesar de su popularidad, todavía hay muchos detalles desconocidos para el gran público y que suscitan importantes dudas.

Una de ellas nos asalta cuando vemos un melón que tiene una parte con mal aspecto o mal olor. En ese caso nos preguntamos si podríamos retirar esa zona afectada y comernos el resto o si por el contrario deberíamos desechar toda la pieza. No siempre resulta fácil decidir. Por un lado, un melón suele tener un tamaño considerable y no apetece desperdiciarlo. Por otro, si está realmente alterado, consumirlo puede suponer un riesgo para la salud. Así que conviene tener en cuenta algunas pistas importantes que nos pueden ayudar a elegir. 

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¿Qué significa que una parte del melón se haya puesto mala?

El melón puede deteriorarse por diferentes motivos. Por ejemplo, puede ocurrir que esté demasiado maduro, que tenga un golpe, que se hayan desarrollado microorganismos como mohos o levaduras… Además, estos factores no son excluyentes. Es decir, puede ocurrir, por ejemplo, que un melón esté demasiado maduro, que esté agrietado por haber recibido un golpe y que esa zona se haya contaminado con mohos.

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  • Si el melón tiene un golpe: Si abrimos un melón y vemos que tiene una parte dañada, con un color más oscuro que el resto y una textura menos firme, es probable que haya recibido un golpe en esa zona. En ese caso, si la corteza no está dañada (sin agujeros ni grietas) y el melón no tiene mal olor, es probable que el único problema sea un daño físico localizado en la zona del golpe. Si es así, podríamos cortar esa parte y comer el resto. 
  • Si está demasiado maduro: Si abrimos el melón y notamos que desprende un olor como a colonia, es muy posible que esté sobremadurado. El aspecto también puede darnos una pista: normalmente adquiere tonos más oscuros o anaranjados, en variedades como Piel de sapo, y la textura pierde firmeza. Si la pieza estaba íntegra, entera y sin daños superficiales, podríamos comerlo, siempre que no presente signos de que está en mal estado, aunque posiblemente nos resultaría un poco desagradable por esos aromas que nos recuerdan al perfume y por la textura menos firme. En ese caso podríamos destinarlo a elaborar algún batido o alguna preparación parecida, donde el uso de otros ingredientes podría camuflar esos aromas poco agradables. Pero de todos modos, hay situaciones insalvables en las que lo mejor es tirarlo a la basura. 

A veces puede poner en riesgo la salud

En otras ocasiones podemos apreciar que el melón presenta características anómalas. Por ejemplo, que haya crecido moho en alguna zona, presente una textura babosa, tenga espuma, desprenda un olor ácido o desagradable… En cualquiera de esos casos debemos tener precaución. 

  • Presencia de moho: Si hay presencia de moho, debemos saber que este microorganismo no solo crece en la superficie. Sus filamentos microscópicos penetran en el interior del alimento, aunque no puedan verse. Además, algunas especies de moho pueden producir micotoxinas, que son compuestos muy tóxicos y que podrían contaminar partes del alimento donde no hay mohos visibles. Así pues, cortar la parte donde ha crecido el moho no garantiza que el resto del melón sea seguro para el consumo. En ese caso lo más prudente es desechar la pieza entera. Hay que aclarar que no todos los casos son iguales. El alcance del crecimiento del moho puede variar según la variedad y el estado de maduración del melón. Pero en la práctica la recomendación más prudente sigue siendo desechar la pieza entera.
  • Tiene olor o aspecto desagradable: Si la pulpa del melón tiene un aspecto extraño (por ejemplo, si está babosa, tiene espuma, etc.) o desprende un olor desagradable, lo más probable es que se hayan desarrollado microorganismos indeseables. Muchos de ellos llevan a cabo procesos de fermentación sobre los azúcares de la fruta, produciendo ácidos y gases que aportan esas características desagradables. 

Como podemos imaginar, en esos casos lo recomendable es desechar el melón.

Archivo - Melón, melones, melón piel de sapo

No todas las alteraciones se notan

Normalmente nos guiamos por los sentidos para saber si el melón está en buen estado o no: miramos el aspecto, olemos el aroma, probamos el sabor… Pero debemos saber que los patógenos que causan el mayor número de intoxicaciones alimentarias (por ejemplo, Salmonella, Listeria, etc.) no alteran las características de los alimentos. Es decir, un melón contaminado con Escherichia coli podría presentar buen aspecto, buen olor, buen sabor…

Mientras la fruta está intacta (entera y sin daños en la superficie), no hay ningún problema porque el interior está libre de contaminaciones. Pero cuando abrimos el melón eso cambia porque la pulpa queda expuesta al ambiente y se podría contaminar. Por eso es importante protegerla bien (por ejemplo con papel film), conservar el melón en el frigorífico y consumirlo lo antes posible (en un plazo de 3-4 días desde que lo abrimos).