El método para vencer la pereza a la hora de estudiar en niños y adolescentes: "Hay que ayudarles a centrarse en tres cosas"

"No hay malos alumnos ni perezosos", así lo asegura Paula Lacuesta, maestra y neuroeducadora especializada en neuropsicología infantil y adolescente
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El Informe PISA 2025 ha sido un varapalo para la comunidad educativa española, aunque también una oportunidad para mejorar en muchos ámbitos, sobre todo en lo que respecta a la lectura, las matemáticas o las ciencias, donde los alumnos españoles han sacado las peores notas de la historia. ¿Falta motivación? ¿Son los alumnos españoles más perezosos ahora? Las pantallas han deteriorado el rendimiento académico global, eso es así, sobre todo en la lectura, que es "la puerta de entrada al resto de materias", según el analista senior de la OCDE y responsable de la coordinación del estudio PISA, Tue Halgreen, que ve un panorama muy cambiante del aprendizaje mundial. Sin embargo, las pantallas no tienen la culpa de todo. Muchos expertos coinciden en que no es tan fácil como prohibir el acceso a las pantallas en las escuelas y volver a métodos tradicionales.

"La pantalla es solo la punta del iceberg. La atención no se arregla solo en el escritorio; se arregla en cómo vive el niño las veinticuatro horas del día", subraya Paula Lacusta, creadora de 'La Pizarra de Paula' y maestra y neuroeducadora especializada en neuropsicología infantil y adolescente. Ella ha escrito '¡Enfócate, cerebrito!' (Montena, 2026), una guía práctica que, a través de la neuroeducación, ayuda a los alumnos de 4º a 6º de Primaria a entender cómo funciona su cerebro y a descubrir las herramientas que necesitan para concentrarse, motivarse y estudiar mejor.
"Ayudarles a centrarse va de tres cosas. Una, devolverles el aburrimiento, que es donde el cerebro reaprende a generar sus propios recursos en lugar de esperar que se los den de fuera. Dos, entrenar la atención poco a poco, como un músculo: ratos cortos de foco que van creciendo, no exigirle de golpe una hora de concentración a un niño que no aguanta diez minutos. Y tres, y esta es la que nadie cuenta, cuidar lo básico: un niño que duerme mal, que va estresado o que come fatal no se puede concentrar por mucha técnica que le enseñes", explica a la web de 'Informativos Telecinco'.
"Un niño que cree que es torpe no va a rendir por mucho que le expliques la lección"
Como podemos ver el libro se centra en un periodo concreto, en 4º, 5º y 6º de Primaria. ¿Por qué? Ella nos señala que es porque son las llamadas edades bisagra, es decir, un momento decisivo en el aprendizaje. "En esos cursos el niño deja de hacer los deberes con papá o mamá al lado y se le empieza a pedir que se organice solo, que estudie para exámenes, que planifique... Le pedimos autonomía de golpe. Y muchos llegan a esa exigencia sin que nadie les haya enseñado nunca cómo se hace". Además es una edad donde también se forma el estudiante que será en el futuro. "Esa etiqueta, buena o mala, se la lleva puesta a la ESO y muchas veces a toda su vida. Por eso me centro ahí: porque es el momento en el que aún estamos a tiempo de que un niño construya "soy capaz" en lugar de "esto no es lo mío". Llegar antes de que se instale esa creencia lo vale todo".
Su método, por lo tanto, trabaja en la raíz y no tanto en los resultados: cómo se concentra, cómo se organiza, cómo gestiona la frustración y, sobre todo, qué cree sobre sí mismo. "Un niño que cree que es torpe no va a rendir por mucho que le expliques la lección". En este sentido, el trabajo con la familia es conjunto y clave. Uno de los principales objetivos es que aprendan con emoción, con sentido y con reto, no con repetición y miedo. "En el fondo mi trabajo es enseñarle al niño a usar su propio cerebro, que es la herramienta que nadie le explica cómo funciona pero que va a usar toda su vida", añade.
Cómo aprende el cerebro de los niños y adolescentes
Llegados a este punto, conviene saber cómo aprenden los niños y parece que está muy ligado a lo que les motiva. "Lo que se aprende con emoción se fija; lo que se aprende con aburrimiento entra por un oído y sale por el otro. Por eso un niño se sabe de memoria todo sobre lo que le apasiona y no retiene la lección del jueves". La seguridad es también necesaria para que se asienten los contenidos; aprender sin presión y dejándoles que se equivoquen. Muchas veces cuando un niño se equivoca tiene miedo de las posibles consecuencias: malas notas, que otros compañeros se rían, una regañina en casa, comparación... "Su cerebro, muy listo, decide que lo más seguro es no intentarlo. Por eso muchos niños que "no lo intentan" en realidad se están protegiendo. La clave es enseñarles con hechos que el error es parte de aprender y no lo contrario de aprender".
Así que si tu hijo tiene un error o se equivoca, es importante que la respuesta sea esta: en lugar de "otra vez mal", mejor "vale, ¿qué has aprendido de esto?". "Su cerebro deja de vivir el error como una amenaza. A mí me gusta decírselo tal cual a los niños: el error no es la prueba de que no vales, es la prueba de que lo estás intentando".
¿Son los niños más perezosos ahora o es un mito?
Por lo tanto, y volviendo a los resultados del informe PISA, ¿es verdad que los niños son más perezosos y les falta motivación, o es un mito? "Es un mito, y además uno que hace mucho daño. Ningún niño nace vago. Lo que llamamos pereza casi siempre es otra cosa: un niño que no sabe por dónde empezar, o que se ha rendido antes de intentarlo porque da por hecho que se le va a dar mal, o que sencillamente no le encuentra ningún sentido a lo que le pedimos. Lo que sí es verdad es que están menos motivados, pero no porque sean distintos por dentro, sino porque les pedimos que se enganchen a métodos de hace cincuenta años cuando su cerebro pasa el día compitiendo contra la tecnología más adictiva jamás diseñada", expresa Paula a la web de Informativos.
En el caso de la lectura, por ejemplo, donde España ha perdido con respecto a la edición anterior, de 2022, 23 puntos en comprensión lectora, ¿qué se podría hacer al respecto? Para la maestra hay que observar varios puntos. Lo primero que debería hacerse es dejar de vender la lectura como algo obligatorio y más como un placer; también dejarles escoger qué leer y dejarles aburrirse. "Un niño que nunca se aburre nunca cogerá un libro, porque siempre tendrá algo más fácil y más estimulante a mano. El libro compite contra la pantalla, y en igualdad de condiciones, pierde. Los niños hoy leen muchísimo —mensajes, subtítulos, textos cortos—, pero han dejado de hacer lectura profunda: la de seguir una historia larga, imaginarla, quedarse pensando en ella. Y esa es justo la que construye cerebro".
Como sabemos detrás de la lectura profunda está la atención plena, que se entrena como cualquier otro músculo. Para poder estudiar o leer necesitamos que aprendan a poner el foco, y en esto sí que conviene restringir las horas de pantalla al día. "Que caiga en medio mundo a la vez, no solo en España, nos da la pista más importante: esto no es solo un problema estacional ni de una generación de niños más vaga. Es un cambio de época. Y como es un cambio de época lo tenemos que abordar desde casa y desde las aulas".
