¿Puedo comerme el resto del tomate si una parte se ha puesto mala?

Cuando los tomates se han estropeado, nos surge la eterna duda
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En verano el tomate está de temporada, y es cuando encontramos los mejores ejemplares: más aromáticos y sabrosos. El posible inconveniente en estas fechas es que su almacenamiento se complica un poco. Para mantenerlos en buen estado durante más tiempo, deberíamos almacenarlos en un lugar fresco. El frigorífico puede prolongar su conservación, pero las bajas temperaturas pueden afectar negativamente al aroma y la textura del tomate, mientras que si los dejamos fuera, unas temperaturas elevadas pueden acortar su vida útil y hacer que se pongan malos enseguida.
En esos casos, cuando los tomates se han estropeado, nos surge la eterna duda: no sabemos si es buena idea retirar el trozo que está malo y comernos el resto o si debemos tirar la pieza entera a la basura. Para resolverla, primero debemos tener presente qué ha ocurrido.
¿Qué significa que el tomate se ha puesto malo?
Los tomates pueden estropearse por diferentes motivos. En primer lugar, debemos tener en cuenta que, al igual que sucede con otros vegetales, sus células continúan vivas después de la recolección, así que siguen realizando procesos metabólicos. Es decir, los tomates siguen madurando, con todo lo que eso implica: consumen oxígeno, producen dióxido de carbono, pierden agua y experimentan distintas transformaciones en su composición; por ejemplo, cambian el contenido y la composición de los azúcares y los ácidos, se ablandan los tejidos y se producen cambios en el aroma y el color. Así, puede llegar un momento en que esté sobremadurado, es decir, demasiado blando como para comerlo en una ensalada, por ejemplo.
En ese caso, si no presenta signos de deterioro, podríamos comerlo aunque esté demasiado maduro. Podemos aprovecharlo, por ejemplo, para hacer una sopa fría, como salmorejo o gazpacho, o bien, para cocinar (salsa de tomate, pisto o cualquier otro guiso).
Pero hay otras situaciones que pueden generarnos más dudas, como cuando solo una parte del tomate está deteriorada. En ese caso podría deberse a diferentes motivos; por ejemplo, podría explicarse por un golpe durante el transporte o la manipulación, o bien, por el crecimiento de diferentes microorganismos, como mohos. Si nos encontramos en esa situación, conviene identificar bien lo que ha ocurrido para poder tomar una decisión.

Si solo tiene un golpe
Si el tomate tiene una zona ligeramente hundida o más blanda puede ser consecuencia de un golpe. Lo que sucede en esos casos es que el daño mecánico provoca una ruptura en los tejidos y las células del tomate, lo que produce cambios de color y textura en una zona localizada. Esto no significa necesariamente que esté contaminado o sea peligroso. Si la alteración está muy localizada, la pieza permanece íntegra (la piel no se ha roto) y no hay señales de moho, viscosidad u olores extraños, podríamos retirar esa parte y comernos el resto.
¿Y si hay moho?
Si encontramos moho en un tomate, lo más recomendable es desecharlo entero, incluso aunque solo esté localizado en una zona muy concreta.
Los mohos que vemos sobre la superficie de un tomate son solo una pequeña parte de esos microorganismos. El problema es que producen estructuras microscópicas llamadas hifas que pueden penetrar en el interior de los alimentos. Estas no siempre podemos apreciarlas a simple vista, así que no podemos saber hasta dónde ha llegado la contaminación. Además, algunos mohos son capaces de producir micotoxinas, que son compuestos capaces de provocar efectos perjudiciales sobre la salud; por ejemplo, algunas son cancerígenas. Por eso, retirar solo una parte del tomate no asegura que el resto sea segura. Así que lo recomendable en estos casos es tirarlo a la basura.
La recomendación no es igual para todos los alimentos. Por ejemplo, si el alimento fuera firme y poco húmedo, como un queso duro curado, y el moho hubiera crecido en una parte muy localizada, podríamos retirar una parte generosa para asegurar su eliminación y comernos el resto. Pero en alimentos blandos y con mucha agua, como el tomate, la recomendación es diferente porque los mohos pueden extenderse con más facilidad. Por eso, en estos casos conviene desechar el alimento entero.
¿Y si está podrido, pero no vemos moho?
El deterioro no siempre viene acompañado de moho visible. Si una zona del tomate está muy blanda, acuosa, viscosa o desprende un olor desagradable, estamos ante signos de deterioro y pueden indicar un crecimiento de microorganismos. En estos casos, sobre todo si el deterioro está extendido, lo más prudente es desechar el tomate entero.
¿Qué hacemos entonces?
- Como hemos visto, si el tomate está sobremadurado pero no presenta signos de deterioro (íntegro, sin daños, con buen aroma), podemos consumirlo aunque haya perdido firmeza.
- Si presenta un daño mecánico muy localizado y la pieza está en buen estado (no hay señales de moho, podredumbre, viscosidad u olores extraños y la pieza está íntegra), podríamos retirar generosamente la zona afectada y aprovechar el resto.
- Mientras que si presenta moho, aunque se encuentre en un punto muy localizado, lo recomendable es tirar el tomate a la basura. Y la misma recomendación es aplicable cuando el tomate presenta mal estado, aunque el moho no sea visible.
