La cocina de Belén Esteban: rosa fucsia y llena de detalles personales
Una estancia práctica y familiar que refleja perfectamente ese estilo espontáneo y personal que siempre ha caracterizado a Belén Esteban
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Hay casas que hablan de quienes viven en ellas y estancias capaces de revelar una personalidad casi sin necesidad de presentaciones. La cocina de Belén Esteban pertenece, es sin duda la seña de identidad de la excolaboradora de Telecinco. Colorida, práctica, desenfadada y repleta de pequeños recuerdos, está muy lejos de esas cocinas minimalistas en las que todo permanece escondido y cualquier objeto cotidiano parece romper la armonía.
Desde hace años, Belén Esteban vive en Paracuellos del Jarama, una localidad situada a pocos kilómetros de Madrid donde ha encontrado su particular refugio lejos del ritmo frenético de la capital. Allí comparte su chalet con su marido, Miguel Marcos, y disfruta de una vivienda que, inevitablemente, se ha convertido también en uno de los escenarios más reconocibles de su vida pública. Durante años, la puerta de su casa ha sido punto de encuentro para periodistas y fotógrafos. Sin embargo, de puertas hacia dentro, Belén ha creado un hogar pensado para disfrutar de la intimidad, la familia y los amigos.
Belén Esteban ha demostrado en numerosas ocasiones su afición por los fogones y ha compartido recetas caseras con sus seguidores. Pero más allá de sus recetas, su cocina llama la atención por una decoración difícil de confundir con cualquier otra. Rosa fucsia, blanco, gris y negro conviven en un espacio de dimensiones relativamente contenidas, pero perfectamente aprovechado. A ellos se suman utensilios de colores, platos de cerámica, especias a la vista, recuerdos de viajes y una nevera cubierta de imanes.
Rosa fucsia, blanco, gris y negro
Si existe un elemento capaz de definir la cocina de Belén Esteban a primera vista es el color. Mientras las tendencias decorativas de los últimos años han llenado las cocinas de tonos neutros, madera clara, beige y blanco, ella ha apostado por una opción considerablemente más atrevida, el rosa fucsia.
Los armarios superiores se convierten inmediatamente en protagonistas gracias a esta tonalidad vibrante. El rosa no aparece, además, como un pequeño acento decorativo, sino que compone toda la parte superior de los muebles.Las paredes son blancas, una decisión especialmente acertada teniendo en cuenta la intensidad del mobiliario. Entre ambos extremos aparece el gris. Las paredes incorporan una cenefa central gris con textura y otro detalle similar próximo al techo. Estos elementos crean profundidad y aportan cierto movimiento a una superficie que, de otra manera, sería completamente lisa.
Bajo la encimera encontramos muebles en tonos oscuros que aportan un punto más sobrio y elegante. La encimera de aspecto marmoleado en blanco y marrón actúa como elemento de transición. Sus vetas introducen matices más cálidos y naturales entre unos muebles dominados por colores intensos. Los muebles presentan además líneas sencillas y modernas, sin molduras ornamentales ni estampados. El protagonismo pertenece al color y no a las formas.
Una distribución en L donde la organización es fundamental
Más allá del color, otro aspecto importante de la cocina de Belén Esteban es su distribución. La cocina está organizada en forma de L, una de las distribuciones más funcionales para espacios de dimensiones reducidas o medias. En uno de los laterales se encuentra el fregadero y, sobre él, diferentes muebles destinados al almacenaje. Cerca de esta zona aparecen también organizadores para colocar platos, vasos y utensilios una vez fregado
Los accesorios cotidianos permanecen visibles y accesibles porque forman parte de la rutina. En la parte inferior se suceden diferentes módulos oscuros que proporcionan una importante capacidad de almacenaje. Su disposición esquinera permite aprovechar una zona que en muchas cocinas termina convirtiéndose en un espacio perdido. La organización resulta especialmente importante cuando los metros son limitados. Armarios superiores e inferiores, cajones, accesorios de pared y pequeñas soluciones auxiliares permiten liberar la encimera y disponer de una superficie cómoda para preparar alimentos.
Los utensilios para cocinar, espátulas, cucharones y otros accesorios, presentan un llamativo tono verde claro. Es un detalle divertido que vuelve a romper con la sobriedad del gris y el negro y encaja perfectamente con la personalidad cromática de la estancia. La vajilla tampoco pasa inadvertida. Algunos de los platos son de cerámica azul, añadiendo una nueva tonalidad a una cocina en la que parece existir una norma no escrita: los objetos cotidianos también pueden decorar.
Otro elemento que llama especialmente la atención es la placa de inducción. Su diseño presenta unas formas más orgánicas que las habituales líneas completamente rectas, introduciendo un toque contemporáneo dentro de la zona de cocción.
Los detalles más personales de la cocina de Belén Esteban
Belén ha elegido un estor blanco estampado con letras grises, una alternativa que aporta personalidad sin restar demasiada luminosidad. El diseño introduce un elemento gráfico en una estancia donde predominan fundamentalmente los colores lisos.
Probablemente el rincón que mejor habla de quienes viven en esta casa sea la nevera. Lejos de mantenerse completamente despejada siguiendo las tendencias minimalistas, está decorada con numerosos imanes procedentes de viajes y diferentes recuerdos. Y precisamente ahí encontramos uno de los elementos más personales de toda la estancia.
Cada imán funciona como una pequeña fotografía sin marco. Un destino visitado, una escapada, un momento especial o simplemente un recuerdo que ha terminado encontrando su lugar en uno de los electrodomésticos más cotidianos de cualquier hogar. La nevera se convierte así en una especie de mapa sentimental. La cocina funciona como una extensión de la personalidad de su propietaria, alegre, práctica, reconocible y sin miedo a llamar la atención.