La receta de las auténticas rabas para que te salgan mejor que las de El Sardinero
Crujientes por fuera, tiernas por dentro y con ese sabor a mar que solo tienen las rabas bien hechas
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La cocina clásica empieza mucho antes de encender el fuego y terminan con las manos ligeramente aceitosas, una sonrisa inevitable y ese momento de silencio en la mesa que solo ocurre cuando algo está realmente bueno. Las rabas de calamar son uno de esos platos auténticos, que gustan a todos y que, aunque nos llevan un rato en la cocina, son dignos de mención.
Esta es la receta que te va a hacer feliz cada vez que quieras preparar pescado en casa. Porque, aunque pueda parecer un plato de bar, de terraza frente al mar o de escapada al norte, lo cierto es que también puedes conseguir ese resultado en tu propia cocina.
Esta es la receta definitiva para que las rabas queden como deben quedar, doradas, ligeras, nada aceitosas y absolutamente deliciosas. De las que te hacen cerrar los ojos en el primer bocado y pensar que estas con los pies en la arena de la playa de El Sardinero.
Un clásico español con alma cántabra
Hablar de rabas es hablar de tradición. De barras de bar llenas de vida, de domingos al sol y de ese olor a fritura que abre el apetito al instante. Aunque se pueden encontrar en muchos rincones de España, hay un lugar donde alcanzan otra dimensión, Santander.
En la capital cántabra, las rabas son casi una institución. No son un simple aperitivo, son parte de la identidad gastronómica. Pedir una ración de rabas es casi obligatorio, especialmente en zonas tan emblemáticas como El Sardinero, donde el mar y la cocina se dan la mano.
La diferencia está en los detalles. En el corte del calamar, en el rebozado ligero, en la temperatura exacta del aceite. Todo cuenta. Porque unas buenas rabas no son pesadas ni grasientas. Son delicadas, crujientes y con un interior que se deshace.
Y ahí es donde esta receta marca la diferencia. Porque no se trata solo de freír calamar, sino de entender el proceso para conseguir ese equilibrio perfecto que las hace únicas.
Calamares: pequeños, sabrosos y llenos de beneficios
Además de estar deliciosas, las rabas tienen otro punto a favor, el calamar es un alimento muy interesante desde el punto de vista nutricional.
Es una excelente fuente de proteínas de alta calidad, lo que lo convierte en un ingrediente ideal para mantener una alimentación equilibrada. Además, es bajo en grasas y aporta minerales como el fósforo, el hierro y el zinc, esenciales para el buen funcionamiento del organismo.
También contiene vitaminas del grupo B, que ayudan al metabolismo energético y al sistema nervioso. Y todo esto con un sabor suave y agradable que combina prácticamente con todo.
Eso sí, como ocurre con cualquier fritura, la clave está en la técnica. Cuando se hace, con un aceite limpio, a la temperatura adecuada y sin exceso de rebozado, el resultado es mucho más ligero de lo que parece. Por eso, unas buenas rabas caseras no tienen nada que envidiar a las de cualquier bar. De hecho, pueden ser incluso mejores.
Una receta que merece la pena
Esta receta no es de las que se hacen en dos minutos. Tiene varios pasos y requiere un poco de planificación. Pero también merece absolutamente la pena.Porque cada uno de esos pasos tiene una función. Desde el corte del calamar hasta el secado, el rebozado o la fritura. Todo está pensado para conseguir ese resultado perfecto.
El truco está en la paciencia. En dejar que el calamar repose en su mezcla para que quede más tierno. En secarlo bien para que el rebozado se adhiera correctamente. En freír en tandas, sin prisas, respetando la temperatura del aceite.
Y cuando lo haces así, el rebozado queda ligero, casi imperceptible, lo justo para aportar ese crujiente que contrasta con el interior. El calamar, por su parte, queda suave, nada gomoso. Y el conjunto es tan equilibrado que resulta imposible comer solo una ración.
Rabas
Ingredientes
- 3 calamares medianos limpios y frescos (sin piel)
- 4 cucharadas colmadas de harina común o de repostería
- 2 cucharadas colmadas de semolina (o más harina común o de repostería)
- 500ml de aceite de oliva (o el que uses para freír)
- Flor de sal o sal común
- Zumo de limón (para echar al emplatar)
- El zumo de 1 limón
- 2 cucharadas de bicarbonato
- 1 vaso de agua con gas
Elaboración
Limpia los calamares
Abre los calamares a lo largo por un lateral y limpia bien el interior bajo un chorro de agua.
Corta y prepara
Corta el cuerpo en tiras a lo ancho y haz un corte longitudinal en el centro.
Separa las patas en grupos de 2 o 3 y retira el pico (deséchalo).
El truco del remojo
Coloca los calamares en un táper con zumo de limón, bicarbonato y agua con gas. Mezcla, tapa y deja en la nevera entre 2 y 12 horas.
Precalienta el aceite con mimo
Pon el aceite a calentar a fuego suave (nivel 3 de 9). Así se calentará de forma progresiva y se conservará mejor.
Aclara bien
Saca los calamares del remojo y enjuágalos en abundante agua fría para eliminar cualquier resto.
Sécalos perfectamente
Colócalos sobre papel absorbente y cúbrelos con más papel. Presiona ligeramente y cambia el papel hasta que estén bien secos.
Prepara el rebozado
Mezcla en un bol harina y sémola (puedes añadir la sal ahora o después de freír, como prefieras).
Enharina sin exceso
Añade los calamares poco a poco al bol, asegurándote de que queden bien cubiertos.
Después, pásalos a un colador y sacude el exceso de harina.
Fríe en su punto perfecto
Cuando el aceite esté a 170-180ºC, añade los calamares. Fríe hasta que estén dorados y crujientes.
Sácalos a una rejilla y deja que escurran un minuto antes de seguir con la siguiente tanda.
Sirve y disfruta
Sírvelos al momento con un toque de flor de sal y, si te gusta, unas gotas de limón.