Quiénes son los cinco italianos fallecidos en Maldivas: una profesora y su hija, dos de sus colaboradores y el patrón de barco

Una de las víctimas, Mónica Montefalcone, de 51 años, es una conocida bióloga marina
El padre y marido de dos de las italianas fallecidas mientras buceaban en Maldivas: "Algo sucedió allí abajo"
Las autoridades italianas continúan investigando el trágico accidente en una cueva de las islas Maldivas en el que murieron cinco italianos. Con el paso de los días, empiezan a conocerse más detalles del accidente que sufrieron los cinco buceadores.
El suceso se produjo cuando exploraban cuevas a 50 metros de profundidad en el atolón de Vaavu, según ha confirmado el Ministerio de Exteriores de Italia.
Quiénes son las víctimas
Las víctimas son tres mujeres y dos hombres. Una de las víctimas, Mónica Montefalcone, de 51 años, es una conocida bióloga marina que viajó hasta Maldivas, donde fue la directora científica de la campaña de monitoreo de sus islas. Su hija, otra de las víctimas, Giorgia Sommacal de tan solo 22 años, compartía esa pasión con su madre por la vida marina, y se acababa de licenciar en ingeniería biomédica. La tercera de ellas era Muriel Oddenino, bióloga marina y ecóloga de 31 años, que además era buceadora experimentada
Los hombres fallecidos son Gianluca Benedetti, de 44 años, gerente de operaciones, instructor de buceo y capitán de barco y por último Federico Gualtieri, instructor de barco y que hace muy poco también se había graduado en la Universidad de Génova en biología marina y ecología.
Las hipótesis sobre el suceso
Los investigadores analizan diferentes hipótesis relacionadas con las condiciones de la inmersión y el funcionamiento del equipo utilizado por los submarinistas. Entre las posibilidades que se estudian figuran problemas de orientación dentro de la cueva, fallos en la mezcla de gases de las bombonas y situaciones de estrés extremo bajo el agua. Las tareas de recuperación del material técnico serán clave para reconstruir los últimos minutos del grupo.
Una de las teorías con más peso apunta a una posible desorientación en el interior de la cueva submarina. En este tipo de entornos, la visibilidad puede deteriorarse rápidamente cuando las corrientes remueven arena y sedimentos del fondo. En cuestión de segundos, el agua puede quedar completamente turbia, dificultando la identificación de salidas o referencias visuales.
Otra línea de investigación se centra en un posible episodio de pánico colectivo. En inmersiones profundas, especialmente en espacios cerrados, el estrés puede aumentar el ritmo respiratorio y acelerar el consumo de aire. Si alguno de los submarinistas sufrió dificultades, el resto habría tratado de asistirle, reduciendo también sus propias reservas de oxígeno.
Una hipótesis relevante es también la posible toxicidad por oxígeno, un fenómeno conocido como hiperoxia. En inmersiones profundas, la presión elevada puede convertir el oxígeno en un elemento peligroso para el sistema nervioso. Cuando las mezclas respiratorias no están correctamente ajustadas, pueden producirse convulsiones, pérdida de conciencia o fallos musculares repentinos bajo el agua.
Por último, los investigadores revisan si existió alguna contaminación en las botellas utilizadas durante la inmersión. La presencia de sustancias como monóxido de carbono, aceite del compresor o impurezas en el aire comprimido podría haber provocado intoxicaciones severas. El análisis técnico de los equipos y de las mezclas de gases será determinante para conocer las verdaderas causas de esta tragedia submarina.
