Devoremos 2026: los cinco nuevos restaurantes de Madrid a los que echar un ojo

Desde las aperturas de chefs con estrella Michelin en la capital hasta proyectos novedosos en ubicaciones estratégicas de la ciudad como Salamanca, Chamberí, Salesas o El Viso
El cocido madrileño diferente por el que se forman colas cada año: "Los fines de semana sacamos 400"
Se ha quedado un comienzo de año de lo más sabroso. Eso es lo primero que hemos pensado al visitar algunas de las aperturas que más ruido están haciendo en este inicio del nuevo curso. Porque cada vez son más los emprendedores que, lejos de seguir repitiendo patrones manidos, están queriendo ofrecer algo diferente. Y no solo eso, sino que se empieza a percibir un interés en que las propuestas sean accesibles para el común de los mortales.
No hay más que echar un vistazo al pequeño listado que te dejamos más abajo, en el que no faltan versiones actualizadas de casas de comidas, bistrós con un ticket medio que no supera los 50 euros... Y lo mejor de todo es que esto no implica que tengas que renunciar a un servicio profesional o platos donde el producto y la técnica están a un nivel más que aceptable.
Los nuevos restaurantes de Madrid que te traemos en esta ocasión no tienen por qué haber abierto en este recién estrenado 2026, de hecho la mayoría de ellos lo hicieron cuando 2025 estaba dando sus últimos coletazos.
Pero lo importante es que ya están rodados y listos para recibir a todos aquellos que quieran confirmar que sigue habiendo hueco para todo tipo de conceptos en esta ciudad en la que cada vez se apuesta más fuerte por negocios hosteleros que tienen como objetivo reivindicar nuestra tradición. El hecho de que ninguno de los proyectos que te presentamos a continuación ofrezca un menú degustación ya te dice mucho de cuál es la tendencia a seguir en la escena gastronómica capitalina.

Árdia
25 años después, el chef Nazario Cano vuelve al local del callejón de Puigcerdà donde en su día estuvo el restaurante Amparo, del que fue jefe de cocina. El alicantino que consiguió una estrella Michelin al frente de Odiseo (Murcia), toda una proeza en su día, propone ahora en Árdia rescatar el recetario tradicional español a través de guisos, platos de cuchara, arroces y el mejor producto de temporada, que encuentra en la brasa a la mejor aliada.
Si decides empezar a comerte el 2026 en este renovado espacio del barrio de Salamanca, debes saber que la planta baja intenta emular las clásicas vermuterías madrileñas, perfectas para picar algo antes de comer -gildas, quesos, salazones, anchoas y embutidos, pero también ostras y caviar- o disfrutar del castizo vermut de barrica (además de una versión propia del Yayito madrileño).

Si subimos a la planta superior nos encontramos un restaurante en toda regla donde Cano, acompañado de Víctor Vila (vuelven a reencontrarse tras nueve años de trayectorias separadas), elabora una cocina sabrosa, clásica y apoyada en el mejor producto de temporada. Una propuesta honesta en la que no podían faltar esos arroces, secos y melosos, que dejan en evidencia las raíces levantinas de la mencionada dupla. Todo ello acompañado del buen hacer del maître y sommelier João Silva, que ha configurado una bodega con más de 100 referencias, en la que destacan los vinos nacionales, pero donde también encontramos acertadas concesiones a países como Francia, Portugal, Argentina o Chile. Pero espera porque aún hay más.

En la tercera planta, que corresponde al ático, te espera ÂM-BAR, un coqueto cocktail floor junto a la terraza exterior que rinde homenaje a la variedad líquida que recorre la geografía española. Aquí manda el mixólogo Alonso Serrano, que ha sido el encargado de diseñar un recorrido líquido por el país mediante siete tragos tradicionalmente asociados a distintas regiones y comunidades autónomas: Madrid, Galicia, Asturias, Castilla, Alicante, Andalucía y Canarias. Junto a ellos, brilla una cuidada selección de cócteles clásicos y una carta de destilados con más de 70 etiquetas. Y una cosa más relativa a la ambientación de Árdia: de miércoles a sábado, a partir de las 21:00h, un DJ animará las noches con sesiones en directo.
C/ Puigcerdá, 4
La Bechamel
La llegada del chef Juan Monteagudo a Madrid ha sido muy bienr ecibida por aquellos que conocen esa cocina manchega actualizada que le ha llevado a ser distinguido con una estrella Michelin en el restaurante Ababol (Albacete). Son muchos los motivos que te llevarán a querer visitar La Bechamel en el distrito de Chamartín, pero hay uno que destaca por encima de todos: aquí se sirve la 'Mejor croqueta de España 2023', que ya es una de las estrellas de la carta.
Pero no es lo único apetecible, ni mucho menos, dentro de una oferta en la que conviven clásicos de toda la vida, como el pisto con patatas y huevos puntillosos, los gazpachos manchegos de caza, el queso frito o la perdiz roja en escabeche con guiso de pochas, con otras elaboraciones más desenfadadas. En este grupo entrarían desde el buñuelo de ajo pringue y piparra al mollete de ropa vieja, las finísimas gachas de almorta con setas braseadas o los chipirones rellenos de matanza y garbanzos.

A la nueva casa de comidas de Monteagudo también se viene a disfrutar de todo tipo de sorpresas temporales que aspiran a convertirse algún día en fijos de la carta, como la coliflor adobada y sésamo con raita. A grandes rasgos, hablamos de platos que dejan entrever las raíces y la trayectoria del cocinero de raíces manchegas que tampoco se cierra a esos madrileños que prefieren disfrutar de opciones al centro para compartir en un ambiente distendido.
De hecho, ha diseñado varios menús para grupos en el recién estrenado La Bechamel. Su selección de vinos también nos hace viajar hasta el territorio de origen del chef, lo que no quita que su oferta líquida incluya referencias de otras regiones españolas, además de esos espumosos y generosos que funcionan de maravilla con los platos del talentoso cocinero que necesitó menos de un año para conseguir llamar la atención de los inspectores de la Guía Roja.

Antes ya había sido nominado como cocinero revelación en el congreso Madrid Fusión, donde se alzó con el premio a la mejor croqueta de jamón. Así que no se nos ocurren motivos para no salir corriendo en dirección a este local es luminoso y acogedor ubicado frente al Auditorio Nacional.
No se nos ocurre un mejor sitio para entregarse a las bondades de la cocina de la abuela, que en el caso de Monteagudo fue además quien le transmitió su amor por la gastronomía y los productos de La Mancha. Y nunca está de más recordar que el creador de La Bechamel compaginó su formación en la Escuela de Hostelería de Artxanda (Bilbao) con prácticas en grandes restaurantes del País Vasco como Azurmendi (3 estrellas Michelin), Mina (1 estrella Michelin) o Zarate Jatetxea (1 estrella Michelin).
C/ Príncipe de Vergara, 197
Keli
Es muy probable que este nombre te lleve a cualquier zona de Madrid menos al distrito de Salamanca, pero es precisamente allí donde se encuentra este nuevo restaurante de cocina española que tiene como objetivo devolver el barrio a su gente. Concretamente, Keli se encuentra en la icónica e histórica esquina de Castellana con Ayala, donde hasta hace no mucho se encontraba el efímero Robuchon Madrid (y antes Embassy).
Lo que te proponemos ahora es el mejor refugio para aquellos que piensan que la capital se ha convertido en una ciudad cada vez más dominada por conceptos globales e influencias internacionales, porque Keli quiere recuperar el valor de lo propio: la cocina española honesta, la sobremesa que se alarga, el servicio cercano y ese sentido de pertenencia que ojalá se expanda a otros barrios vecinos.

Detrás de este nuevo proyecto se encuentra el empresario Kike Sierra, que ha concebido Keli como un hogar donde compartir, donde el público nacional se sienta abrazado y, al mismo tiempo, donde los que llegan de fuera puedan conocer el Madrid de verdad, el que reivindica la sobremesa, la conversación y la cocina de siempre. Con respecto a esto último, destacar que sus platos no buscan deslumbrar con artificios, sino acoger al comensal con una cocina de fondo, de oficio y de casa.
De ello se encarga Juan Pablo Jiménez, el cocinero de la casa, que aprendió de grandes maestros como Luis Irizar y que se curtió en templos de la talla de Zalacaín. Dentro de esos platos que saben a casa, reinterpretados con respeto y técnica, sobresalen la ensaladilla, unas croquetas melosas, los chipirones en su tinta, las albóndigas con gambitas, la gallina en pepitoria o esas patatas a la importancia que llevan años en peligro de extinción.

Conviene no pasar por alto que Keli está distribuido en cinco estancias, como si de una casa madrileña al uso se tratara. Lo primero que te encuentras es 'La Biblioteca', con sus techos altos y colores vivos, que da la bienvenida al comensal. Seguidamente te topas con 'El Salón', cálido y elegante, que es el culpable de que las sobremesas fluyan y se alarguen. A continuación está 'La Cocina', abierta y luminosa, que funciona también como espacio para eventos privados.
Y todavía nos queda 'La Bodega', donde cada botella guarda una historia, y 'La Sala de Juegos', que recuerda al típico cuarto donde reunirse con los amigos para disfrutar del mejor plan: música, carta de comida propia, cócteles, conversación y libertad. Otro de sus grandes atractivos está en la dirección de sala, que ha caído en manos de Jorge Dávila, ese anfitrión que busca en todo momento que sientas Keli como esa casa que cuida a la gente. A toda la gente.
Paseo de la Castellana, 12
Quincé
La distribución del espacio que ocupa Quincé (sí, con tilde en la é) ya es toda una declaración de intenciones de su creador, el norteamericano Pablo Ballvé. Ubicado en la emblemática calle Barquillo,, este bistró con precios comedidos busca eliminar las habituales barreras entre cocina y sala, ofreciendo un ambiente acogedor con el que consiguen que los clientes se sientan como en casa. El chef y propietario, aunque nació en Estados Unidos, fue criado en Madrid, así que conoce bien la plaza que acaba de empezar a torear.
Su inquietud le ha llevado a hacer un poco de todo: desde empezar a estudiar empresariales en Canadá hasta formarse en el Basque Culinary Center o trabajar en cocinas de Holanda, México o Nueva York. Pero es ahora cuando se ha estrenado como emprendedor de un proyecto colaborativo y no jerárquico. ¿Y qué quiere decir esto? Que aquí no hay socios, en Quincé todo el equipo es parte activa del proyecto, un espacio vivo y evolutivo que aspira a seguir creciendo en el futuro.

El abuelo de Pablo fue fundador de Campofrío, así que no te sorprenderá saber que en su restaurante lo cárnico está muy presente. Pero también lo artesano y ese profundo respeto por el aprovechamiento integral de los ingredientes que les hace sentirse tan orgullosos. Si nos centramos en su carta, centrada en producto de temporada, vemos que máximas como la creatividad y la sostenibilidad son tomadas muy en serio en Quincé. Pero no por ello deja de ser una propuesta reconocible y cercana en la que tradición y modernidad se llevan de maravilla. Otro dato a tener muy en cuenta es la importancia de la relación que mantiene Ballvé con los productores locales. Gracias a ellos pueden ofrecer elaboraciones como los puerros con stracciatella, semilla de calabaza y anchoa, o la ternera tonatta, que consiste en una pieza de redondo de ternera con especias mediterráneas, cruasán, alcaparras y salsa al tonno.

Además, esta novedad en Salesas cuenta con una cuidada y extensa selección de vinos, de la que se ha encargado Sergi Cruz, y que ha sido pensada para acompañar y elevar la experiencia gastronómica. El diseño del espacio, al que han sacado el máximo rendimiento, es obra de Pepe Gómez-Acebo, fundador -junto a Ballvé- de Espacio DECA.
En él, al igual que ocurre con los platos, se combina lo rústico y lo moderno: vigas de madera y ladrillo tratado enmarcan una cocina abierta y tecnológica. Otra particularidad es que el restaurante cuenta con una barra voladora que se adapta según la necesidad del momento, aportando funcionalidad y versatilidad al local, que es ideal para eventos o experiencias gastronómicas variadas. En resumen, Quincé es un restaurante en el que la alta cocina se vive con cercanía, autenticidad y disfrute.
C/ Barquillo, 42
Armando
Muchos lo estaban deseando y, por fin, sus sueños se han hecho realidad. Los fans del escalope más famoso de Madrid ya pueden devorar esta creación del chef y empresario Nino Redruello, que viene de arrasar en formato delivery, en una mesa con vistas a la Glorieta de Bilbao. Conviene recordar que el Armando comenzó a servirse en el restaurante La Ancha en los años 70, pasando después a estar disponible en otras casas de Familia La Ancha, como el vecino Fismuler, y conquistando todos los hogares de la capital en 2020 con su versión a domicilio. Ahora se atreven con todo un templo del escalope en pleno barrio de Chamberí con capacidad para unos 40 comensales que -redoble de tambores- acuden sin reserva. Pero eso no es lo mejor de todo.

En Armando vas a poder customizar tu escalope de 40cm con complementos y guarniciones de lo más originales: desde unos macarrones gratinados con chorizo a un steak tartar con huevo frito y piparras que el equipo de sala trabaja a la vista del comensal sobre un Armando recién hecho. También hay una versión más pequeña (baby), otra elaborada con pollo, una opción con pescado (emperador).
Incluso una propuesta vegetal donde es la berenjena la que se empana y fríe con mucho mimo. Otros complementos que podrás incorporar son los huevos a baja temperatura con trufa, el queso raclette fundido o las espinacas a la crema. Y todos merecen la pena. Sobre todo si decides acompañarlos con cualquiera de sus guarniciones al centro: patatas Armando, pimiento frito, pisto manchego, huevo frito con puntilla o ensalada fresca de lechuga y cebolla.

Y, aunque te cueste creerlo, también eres bienvenido a Armando si no te gustan los filetes empanados. Porque es imposible que tampoco te hagan tilín las croquetas de jamón, la ensaladilla rusa con sriracha, la famosa tortilla velazqueña, la divertida Sanjacoba burger o el bocata de albóndigas. Del interiorismo se ha encargado Trench Estudio, que ha querido rendir homenaje a la historia de Armando con curvas boterianas, tonos setenteros y una estética tan amable como juguetona.
No esperábamos menos, sabiendo el origen de este plato que nació de una forma totalmente inesperada. Como lo oyes: corrían los años 70 cuando un comensal argentino se sentó a la mesa de La Ancha con tanta hambre que decidió retar al cocinero, que le sorprendió con el escalope más fino, crujiente y grande que fue capaz de preparar en una paellera. Y el resto de la historia ya lo conoces, así que te puedes imaginar cuánto le gustó al bueno de Armando aquel invento que aún no se ha reivindicado lo suficiente.
