Vinoteca

El bar madrileño que ha conseguido hacerse con el Óscar del vino

El vino como protagonista en Berria, un local frente a la Puerta de Alcalá, en Madrid.. Web de la bar Berria
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La noticia es sencilla de contar. El establecimiento madrileño situado frente a la Puerta de Alcalá ha recibido el máximo reconocimiento de los Restaurant Awards, considerados desde hace décadas los Óscar del vino. Con ello se incorpora a un club diminuto, apenas noventa y nueve direcciones en todo el mundo, y se convierte en el tercer establecimiento español que alcanza esta distinción tras Atrio y Rekondo.

Pero las mejores historias nunca son las que cuentan los premios. Son las que explican cómo se llega hasta ellos. Detrás de las más de tres mil referencias de vino que descansan en las estanterías de Berria, de las más de cien etiquetas servidas por copas, detrás de las añadas legendarias y de los nombres que hacen soñar a cualquier aficionado, hay algo mucho más difícil de reunir que una colección de grandes botellas: hay tiempo.

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El vino es probablemente el único lujo que no puede acelerarse. Exige paciencia, memoria y confianza. Se parece a esas amistades que tardan años en construirse y a esos árboles que necesitan varias generaciones para alcanzar su plenitud. Por eso quienes amamos el vino solemos desconfiar de la prisa.

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Cuando Gabriela Alcorta y su familia imaginaron Berria hace apenas cinco años, no estaban levantando únicamente un negocio. Estaban creando un lugar de encuentro alrededor de una pasión compartida. Un refugio para quienes entienden que una botella contiene mucho más que una bebida. Contiene tiempo, paisajes, conversaciones, derrotas, celebraciones y el trabajo silencioso de hombres y mujeres que pasan la vida dialogando con el viñedo y con la tierra.

Decía el poeta portugués Eugénio de Andrade que “el vino enseña a mirar más despacio”. Tal vez sea esa la verdadera esencia de Berria. Madrid siempre ha sido una ciudad que sabe recibir. Desde los viejos cafés literarios hasta las tabernas donde se escribían periódicos enteros entre humo y sobremesas interminables, la capital ha hecho de la conversación una de sus artes mayores. Berria ha sabido incorporarse a esa tradición desde un lenguaje contemporáneo: el del vino entendido como cultura.

Frente a la Puerta de Alcalá, monumento que ha visto desfilar siglos de historia, viajeros, reyes, artistas, canciones y soñadores, Berria ha levantado otra puerta, menos solemne pero igual de simbólica: la puerta de entrada a uno de los universos vinícolas más fascinantes de Europa.

El vino como protagonista en Berria

Allí el vino es protagonista y nunca actúa solo. Lo acompañan una cocina honesta, un servicio atento y, sobre todo, un equipo encabezado por Mario Ayllón que ha entendido que el conocimiento solo adquiere valor cuando se comparte con generosidad. Por ello este reconocimiento tiene un cierto carácter poético.

Porque las grandes cartas de vinos no se construyen comprando botellas. Se construyen estudiando, viajando, escuchando a los viticultores, visitando viñedos bajo la lluvia y bajo el sol, descubriendo pequeños productores desconocidos y manteniendo intacta la curiosidad.

El poeta ourensano, José Ángel Valente escribió que “el vino guarda la memoria de la luz”. En Berria parecen haber ensamblado bien esa idea. Cada botella conserva una luz distinta: la de una colina de Borgoña, una ladera del Mosela, una viña atlántica gallega, una parcela riojana o una cepa centenaria de Jerez. Ese es el verdadero milagro del vino: convertir la geografía en emoción.

Cinco años después de abrir sus puertas, Berria recibe uno de los mayores reconocimientos internacionales posibles. Y, sin embargo, da la impresión de que lo más importante no es el premio. Lo importante es el camino.

Porque los premios terminan ocupando una estantería. Las botellas acaban vaciándose. Las añadas pasan. Lo que permanece son las historias compartidas alrededor de una copa. Y de eso, precisamente, trata el vino.