Tinto

El vino de los papas: el Rioja que se toma en el Vaticano y tiene prohibida su venta

Vino tinto
En el corazón de la localidad de Fuenmayor se alza la bodega Heras Cordón.. Bodega Heras Cordón en Instagram
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El vino y la espiritualidad han caminado de la mano desde tiempos inmemoriales. Ya lo reflejaba la sabiduría bíblica en el libro del Eclesiástes: “El vino es como la vida para el hombre, si lo bebe con moderación. ¿Qué es la vida a quien le falta el vino? Porque fue creado para la alegría de los hombres”. Y si hay un rincón en la Tierra donde el vino se entiende como una bendición celestial, ese es La Rioja. Siglos después de que los primeros clérigos cantaran a las bondades de estas vides, un vino de esta región ha logrado una distinción única en el mundo: ser el proveedor oficial de la Santa Sede.

Bodegas Heras Cordon
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En el corazón de la localidad de Fuenmayor se alza la bodega Heras Cordón, la única firma vinícola española que ostenta el codiciado certificado que la acredita como proveedora oficial del Vaticano. Se trata de un privilegio exclusivo que comenzó hace ya un cuarto de siglo, bajo el pontificado de Juan Pablo II, y que posteriormente han renovado de forma ininterrumpida Benedicto XVI, Francisco I y el actual papa León XIV.

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Una alianza nacida entre viñedos y diplomacia

La historia de este idilio papal comenzó en el año 2001, propiciada por una carambola del destino y de las relaciones públicas. La inolvidable periodista Paloma Gómez Borrero —mítica corresponsal de RTVE en Roma— medió para dar a conocer la bodega tras un encuentro en el que también intervino Benigno Polo, presidente de la Academia del Vino de Castilla y León, quien coincidió con Felipe Heras (padre de los actuales gestores) en una visita a Vega Sicilia en el año 2000. Polo, cuyo nombre figura en el etiquetado por su papel clave en la distinción, sigue siendo el encargado de refrendar la selección del vino para la Santa Sede.

Cada año, la bodega riojana destina unas 2.000 botellas exclusivas con rumbo al Vaticano. Un cargamento sagrado cuya venta al público general está estrictamente prohibida. Aunque se guarda con celo el tipo exacto de vino que se embotella en la actualidad para los aposentos papales (el último del que se tiene constancia pública fue un crianza de la cosecha de 2014), su presentación es inconfundible.

En su etiqueta luce con orgullo el escudo de armas del Vaticano, el nombre del pontífice actual y una inscripción en latín que resume su espíritu: “Misericordias Domini in aeternum cantabo” («Cantaré eternamente las misericordias del Señor»), una cita extraída directamente del Salmo 89 (88) de la Biblia.

De los versos de Berceo a las mesas de Roma

Esta estrecha relación entre los clérigos, la fe y el vino de Rioja no es una novedad del siglo XXI. Ya en el siglo XIII, el célebre poeta y clérigo riojano Gonzalo de Berceo, natural de Berceo y fuertemente vinculado al Monasterio de San Millán de la Cogolla, dejó constancia de la importancia de un buen vaso de vino, ligándolo incluso a su labor literaria. En sus Milagros de Nuestra Señora, Berceo expresaba con maestría y cercanía:

“Quiero fer una prosa en román paladino, / en el cual suele el pueblo fablar con su vecino; / ca no son tan letrado por fer otro latino. / Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino”.

Para Berceo, el vino no era solo sustento, sino la recompensa justa para el trovador de lo divino. Hoy, los viñedos de Fuenmayor recogen ese testigo histórico. Mientras la bodega Heras Cordón exporta sus excelentes caldos comerciales a mercados tan diversos como Estados Unidos, México, Colombia, Filipinas, Corea del Sur o Malasia, se reserva sus botellas más místicas para el rincón más influyente de la cristiandad.

El vino, que según algún texto sagrado fue dado para "alegrar el corazón del hombre", encuentra en esta producción riojana su máxima expresión de exclusividad. No se compra con dinero. No se encuentra en las tiendas y que viaja directamente desde las tierras de Berceo hasta la mesa del mismísimo Vicario de Cristo.