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Raúl Pérez, elegido Mejor Enólogo 2027: así son el resto de vinos ganadores de los premios Guía Vinos Gourmet

Ganadores Premios Guía Vinos Gourmets 2027. Gastro Mediaset
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El vino tiene memoria, por eso envejece tan bien cuando encuentra el tiempo, la tierra y las manos adecuadas. Guarda el invierno en las raíces, la primavera en los brotes, el sol del verano entre los hollejos y acaba encerrando dentro de una botella algo que ya no es solamente uva: es paisaje.

Después llegamos nosotros y lo puntuamos. Necesitamos ordenar incluso aquello que nació para emocionarnos. Guías, estrellas, podios, medallas, concursos. El vino contemporáneo vive rodeado de números, pero conserva todavía un territorio inexpugnable: el instante en que alguien acerca una copa a los labios y decide, sin más tribunal que su propio gusto, que aquello le gusta.

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Los Premios Guía Vinos Gourmets 2027, tienen un encanto especial: los jueces son los lectores de la Guía. Gourmets recoge y contabiliza sus votos y convierte después esa suma de preferencias individuales en un palmarés. En esta edición, además, quedan excluidos quienes hubieran conseguido el mismo reconocimiento durante los cinco años anteriores. La pequeña democracia del vino y sus urnas que este año han proclamado a un vencedor territorial indiscutible: Rueda.

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La denominación vallisoletana aparece por todas partes. Diez Siglos de Verdejo es elegida Bodega del Año; José Pariente Verdejo, Mejor Blanco Joven; Carrasviñas Dorado, Mejor Generoso; y la propia Denominación de Origen Rueda recibe el Premio Especial del Año por su trabajo de promoción y por la consolidación alcanzada dentro y fuera de España. Cuatro campanadas sobre el mismo territorio. Y no todas suenan igual.

Detrás de la palabra Rueda conviven maneras muy distintas de entender el vino. Está la frescura inmediata del verdejo joven, pero también la recuperación de aquellos dorados oxidativos que durante años parecieron condenados a convertirse en una fotografía sepia de las bodegas castellanas. Una hermosa reivindicación de la memoria. Avanzar consiste, a veces, en regresar. El vino tiene esa rara condición: pertenece al futuro solamente cuando conserva alguna conversación pendiente con sus antepasados.

José Pariente representa otra historia de continuidad. Victoria Pariente contribuyó decisivamente a demostrar hasta dónde podía llegar la verdejo cuando se la trataba con ambición. Hoy Martina e Ignacio continúan esa aventura familiar. Los viñedos y las familias, también tienen genealogía.

El resto del palmarés va dibujando un hermoso atlas: El premio al Mejor Blanco con Crianza se comparte entre Milmanda, de Familia Torres, en Conca de Barberà, y Murua Blanco Fermentado en Barrica, de Bodegas Masaveu en Rioja. Dos maneras diferentes de demostrar algo que durante años España parecía olvidado: que nuestros blancos también saben esperar.

Muga se lleva el reconocimiento al Mejor Rosado. Valsotillo, de Ismael Arroyo, el de Mejor Tinto Joven. Y Montecillo Gran Reserva, el de Mejor Tinto con Crianza.

Bodegas que estaban allí antes de que aprendiéramos palabras como tendencia, relato o posicionamiento. Casas donde todavía parece posible imaginar una llave abriendo una puerta de madera, una escalera descendiendo hacia la oscuridad y unas barricas esperando sin mirar el reloj.

El vino posee una ventaja sobre nosotros: no tiene ninguna prisa. Entre los espumosos aparece Recaredo Terrers, perteneciente a Corpinnat. Viñedo propio, agricultura biodinámica, largas crianzas, brut nature. Una forma de entender las burbujas desde la tierra y no desde el ruido. Recaredo lleva generaciones demostrando que también se puede brindar en voz baja.

Raúl Pérez, Mejor Enólogo del Año

Desde Valtuille de Abajo, ese pequeño territorio berciano que gracias a hombres como él terminó convirtiéndose en una de las capitales sentimentales del vino español.

Raúl tiene algo de personaje de novela rural y algo de músico de jazz. Conoce perfectamente la partitura, pero siempre se muestra dispuesto a improvisar y dar a sus vinos una condición difícilmente reproducible. Su filosofía es bien sencilla: intervenir poco, escuchar mucho. Dejar que la viña hable. No corregir constantemente a la naturaleza, como si la naturaleza fuese una alumna díscola. Aunque detrás de esa aparente sencillez existen décadas de conocimiento. Hay que saber muchísimo para atreverse a tocar tan poco.

Raúl ha recorrido medio mundo sin abandonar nunca del todo Valtuille. Ha elaborado en lugares diferentes, ha asesorado, aprendido, experimentado y construido una reputación internacional extraordinaria, pero sigo imaginándolo allí, caminando entre cepas viejas, tocando una hoja, probando una uva, mirando al cielo.

Como si pudiera escuchar al vino antes de hacerlo. Decía Gaston Bachelard que “el vino es un alimento inmediato que infunde su buen humor en seguida”. Algo de esa alegría elemental conserva todavía este oficio cuando consigue escapar de la solemnidad que a veces hemos construido alrededor de él.

Raúl es de los elaboradores que devuelven el vino a la tierra. No parece empeñado en imponerle una firma, sino en conseguir que cada parcela encuentre la suya. Por eso este premio resulta emotivo, porque no procede exclusivamente de críticos, sumilleres o catadores profesionales, sino de los lectores que han terminado encontrándose con sus vinos.

Hay otro premio que me gusta especialmente: el concedido a Mantequerías Bravo, elegida Mejor Tienda Especializada. En pleno barrio de Salamanca madrileño, aquel negocio nacido en 1931 continúa hoy bajo la dirección de Elena Bravo conservando algo cada vez más valioso: el comercio entendido como prescripción y conversación.

Hubo un tiempo en que uno entraba en una tienda sin saber qué botella iba a comprar. Entonces preguntaba, y alguien conocía tus gustos, recordaba lo que te habías llevado la última vez y te señalaba una botella:

—Mire, pruebe esta.

Una frase que casi se convertía en un contrato de confianza. Mantequerías Bravo conserva añadas antiguas, grandes formatos, vinos franceses y botellas difíciles de encontrar. Pero probablemente su verdadero patrimonio sea precisamente ese: saber recomendar.

En abril, el 40* Salón Gourmets

Será en Madrid, entre el 26 y el 29 de abril de 2027, durante la celebración de esa edición del Salón Gourmets, cuando reciban oficialmente sus premios. Cuarenta ediciones. Se dice pronto.

El Salón se ha convertido con los años en una gigantesca ciudad gastronómica que aparece durante cuatro días y después desaparece. Una ciudad con calles de jamón, plazas de queso, avenidas de aceite, barrios de conservas y, naturalmente, largas geografías de vino.

Allí se cruzarán cocineros, bodegueros, productores, sumilleres, periodistas, distribuidores y esa maravillosa tribu de personas que todavía cree que comer y beber bien constituyen una forma bastante razonable de comprender el mundo.

Habrá fotografías, diplomas, apretones de manos. Después, inevitablemente, se abrirán botellas y los premios regresarán al lugar del que nunca debieron salir: la copa. Todo conduce a ese instante: Una botella encima de una mesa, alguien retira el corcho, el vino comienza a caer y mientras se llena la copa vuelve a suceder el pequeño milagro: toda una geografía cabe durante unos segundos dentro de un cristal.

Rueda, Rioja, Bierzo, Ribera, Conca de Barberà, Sant Sadurní, Castilla y León, Cataluña… La memoria de quienes plantaron las cepas y la audacia de quienes decidieron continuar cuidándolas.

Los buenos premios no deberían decirnos cuáles son los mejores vinos, deberían hacer algo bastante más sencillo y mucho más hermoso: despertarnos las ganas de probarlos. Lo demás, ya se sabe, comienza al descorchar.